Azuzar el miedo a una banda terrorista desaparecida, plantear pactos imposibles para justificar el bloqueo al Gobierno o sostener que Pedro Sánchez se ha entregado a los extremismos soslayando el hecho de que tendrá que pactar con la ultraderecha si quiere gobernar. El PP ha cambiado de líder, pero su estrategia casi no ha sufrido variaciones. El particular estreno de Alberto Núñez Feijóo en el Debate sobre el estado de la Nación apenas se ha movido del discurso de Pablo Casado. El que pronunció su número dos, Cuca Gamarra, y el que repitió a la mañana siguiente en un acto de partido. Encumbrado en las encuestas, el jefe de las filas conservadoras prefiere no asumir riesgos. Si se descuida, se le pone hasta cara de Rajoy.
El de esta semana ha sido un Debate del estado de la Nación inédito. Hacía siete años que no se celebraba a causa de circunstancias excepcionales de índole político y pandémico y, en su nueva edición, el líder del principal grupo de la oposición ha asistido a su propia intervención y réplica en silencio.
Senador por designación autonómica desde que sus compañeros le encumbraran a la presidencia del PP tras lapidar políticamente a su antecesor en el cargo, Alberto Núñez Feijóo acababa de cumplir sus primeros cien días al frente de la dirección nacional cuando se sentaba en la bancada popular del Congreso para participar en su particular debut.
El líder del PP ha rescatado la estrategia en torno a ETA y la retomará tras el verano
Una semana antes, las encuestas acusaban la mayoría absoluta de Juan Manuel Moreno en Andalucía concediendo al gallego más votos de los que sumaría Pedro Sánchez de celebrar hoy las generales. En estos más de tres meses al frente de las filas conservadoras, la inercia del cambio tras la catarsis en Génova, 13 ha jugado a favor de un dirigente al que los sondeos han perdonado unos errores que, en otro contexto, habrían penalizado su idoneidad para encabezar una alternativa que girará en torno a la política económica por decisión del propio Feijóo.
Fue nada menos que en su primer cara a cara con el jefe del Ejecutivo desde la Cámara alta donde cometió un error de bulto. “¿Por qué nos endeuda usted 210 millones de euros más de deuda pública cada día? Señoría, esta mañana se ha intentado colocar 8.000 millones de euros del tesoro” y “ya estamos pagando la prima de riesgo a 250 puntos, la más alta desde verano del 2014”, espetaba el presidente del PP a principios de junio a Pedro Sánchez. Y lo hacía confundiendo la prima de riesgo con el tipo de interés. Un fallo que ponía en cuestión la competencia de Feijóo en la materia, pero que en diez días quedaba ‘enterrado’ por la gesta andaluza.
El Senado va a ser, de aquí a que se celebren elecciones generales, el único escenario donde el líder conservador podrá confrontar con el presidente. Una circunstancia que evita la ocasión de patinar con los números en el Congreso, lugar política y mediáticamente más relevante, pero que le deja fuera de foco sin poder evitar que Santiago Abascal trate de aprovechar la coyuntura; el presidente de Vox daba el pasado martes la bienvenida al invitado Feijóo en el Debate sobre el estado de la Nación y empleaba la primera persona del plural para referirse a una alternativa de Gobierno.

Al partido de ultraderecha es al único al que le interesa sustentar el resultado de las encuestas, donde el expresidente de la Xunta de Galicia aparece ya como el candidato con más respaldo electoral aunque lejos de desembarazarse de Vox para poder llegar a La Moncloa. Así, el jefe de las filas populares ignora los sondeos para presentarse como alternativa “serena”, “moderada” y “reformista” frente a un líder socialista que, dice, se ha ‘podemizado’. Un discurso que no tiene nada de nuevo y que en ésta y otras líneas argumentales recuerda mucho al ‘de toda la vida’. El que sirvió para concitar el respaldo de toda la derecha, primero, y para tratar de recuperar el voto en manos de Vox, después.
Parecidos razonables
Si no al ‘de toda la vida’, sí al de una vida anterior, la de un Pablo Casado que acusaba a Sánchez de radicalizarse por sus pactos de Gobierno e investidura, que se estrenó en Génova, 13 planteando de forma ostentosa una enumeración de pactos de Estado, que bloqueó la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), que dio la callada por respuesta ante las novedades judiciales y mediáticas sobre el pasado de su partido y que azuzó el miedo a una banda terrorista desaparecida hace más de diez años arrogándose en exclusiva el dolor de las víctimas.
En el marco del 25 aniversario del asesinato del que fuera concejal popular de Ermua, Miguel Ángel Blanco, el PP de Feijóo ha rescatado su argumentario más duro no tanto contra ETA, sino contra un Partido Socialista al que reprocha sus acuerdos parlamentarios con Bildu, y durante toda la semana, ha desplegado un discurso y una puesta en escena buscando el golpe de efecto.
Feijóo acusa a Sánchez de ‘podemizarse’ y de ‘zapaterizarse’ y, dice, hará lo mismo que hizo Rajoy
Con los lazos azules en la solapa durante el Debate sobre el estado de la Nación, con el minuto de silencio que Cuca Gamarra pidió desde la tribuna del Congreso sin comunicarlo previamente a la Mesa, con el discurso de la portavoz popular, y con la reunión de Feijóo en la Cámara baja con la mayoría de asociaciones de víctimas coincidiendo con la última jornada del debate y la aprobación de la Ley de Memoria Democrática con los votos de la izquierda abertzale.
Desde la formación conservadora apuntan ya que la estrategia continuará en septiembre, cuando tienen intención de celebrar una ronda de contactos con todas las formaciones con representación parlamentaria pero dejando claro que, por su parte, dejarán fuera a Bildu.
Otro tanto de lo mismo ocurre con el CGPJ. En la antesala del debate, el titular de Presidencia, Félix Bolaños, y el vicesecretario de institucional del PP, Esteban González Pons, se reunían para hablar sobre la ley orgánica del Poder Judicial sin llegar a un acuerdo, dejando que a la renovación del gobierno de los jueces le falte poco para quedar fuera del alcance de esta legislatura. El pasado octubre, el ministro se reunía para pactar el desbloqueo con el entonces secretario general en Génova, Teodoro García Egea, que también le daba calabazas a punto de cumplirse el pasado diciembre los tres años caducado.
Poder judicial estrangulado
El PP de Casado se pasó su breve pero intensa vida política esquivando el mandato constitucional sobre la renovación del poder judicial. Los mismos que empleó para enarbolar unos pactos con los que trataba de reivindicarse como partido de Estado mientras votaba en contra de las iniciativas de Pedro Sánchez y le criticaba por buscar apoyos en ERC y Bildu.

Hasta once pactos llegó a plantear. Territorial, de infraestructuras, de las pensiones o educativo. Pactos o programa de Gobierno porque, tras la moción de censura a Mariano Rajoy, en el PP se pusieron en modo electoral por lo que pudiera pasar. Casi como Alberto Núñez Feijóo, que ha llegado al cargo a menos de un año de la primera cita con las urnas.
Él también, como Casado, le ha planteado a Sánchez una batería de planes en materia económica, sanitaria o de seguridad y defensa que él o su partido enarbolan, como hizo Cuca Gamarra en el Debate sobre el estado de la Nación, cuando el presidente pregunta a los populares si van a apoyar las medidas anticrisis planteadas por el Ejecutivo de coalición.
Tampoco hay una respuesta directa cuando al jefe de las filas conservadoras le preguntan por las irregularidades del partido al que él mismo representa desde hace décadas. Después de que su antecesor hubiera decretado el silencio en su partido tras la sentencia que confirmaba el pago con dinero negro de la reforma de la sede de Génova, 13, Feijóo, a propósito de las presuntas prácticas corruptas de antiguos colegas, desdeña su importancia. “Como estrategia de imputación y de actos delictivos o de responsabilidad política me parece leve”, declaraba hace unas semanas sobre los audios de Villarejo con la exministra y exsecretaria general del PP, María Dolores de Cospedal. Unos audios que, dijo, no le producen “ningún nerviosismo”.
La herencia que sí reivindica es la económica. En el PP se ha convertido en un mantra la idea de que es su partido el que va a rescatar a España de las crisis que, insiste, provoca el PSOE. Gamarra en su intervención el martes y Feijóo en su discurso de apertura de los cursos de verano de su partido compararon a Sánchez con el último expresidente socialista.
“Todo indica que acabará pareciéndose al expresidente Zapatero en la crisis financiera”, sostuvo el líder conservador que, por sus recetas contra la crisis –básicamente, la bajada de impuestos– y su vocación manifiesta –el Gobierno de Rajoy tuvo que “sacar el país adelante, y los volveremos a hacer”, dijo la portavoz popular desde la tribuna del Congreso– ha puesto rumbo al pasado, todo un ‘regreso al futuro’ de un Feijóo más conservador que moderado y menos renovador que continuista.







