Isabel Díaz Ayuso arrancaba la campaña unipersonal para presidir el PP de Madrid anunciando convención, celebrando aniversario y desvelando estrategia para mejorar los resultados del 4-M a costa del resto de partidos. La jefa del Ejecutivo regional, que tendrá su debate ideológico en otoño para hacer frente a Vox, se confiesa ‘pandillera’ en un pretendido guiño al ‘cinturón rojo’ de la comunidad para demostrar que también ella, la aclamada por las calles y los bares, puede aspirar a la mayoría absoluta. Todo un pulso a Alberto Núñez Feijóo que, ojo avizor, la deja hacer en su territorio sin perderla de vista.
“Esta es la gente que representa a la sociedad madrileña, que con ganas saca adelante su país. Este es el claro ejemplo de lo que representa Leganés. Perdón, Fuenlabrada”. Isabel Díaz Ayuso llegaba al ecuador de una semana cargada de actos públicos a mayor gloria de sí misma confundiendo dos localidades del sur de Madrid. Al fin y al cabo, el objetivo es el mismo: conquistar el ‘cinturón rojo’ de la Comunidad para dejar de depender de los votos de Vox.
Vecina del barrio capitalino de Chamberí, la presidenta autonómica no tenía claro dónde estaba pero sí a dónde llegar: a la mayoría absoluta que, tras el fin del bipartidismo, sólo Alberto Núñez Feijóo ha sabido acreditar.
Alfonso Serrano, mano derecha de Ayuso en la Asamblea, será su número dos en el PP de Madrid
El presidente del PP ha acompañado a la líder territorial favorita de la militancia en su semana grande. En el acto oficial por el 2 de Mayo en la Real Casa de Correos con motivo del Día de la Comunidad de Madrid y en el encuentro informativo del pasado miércoles, coincidiendo con el aniversario de la victoria del 4-M.
El gallego también tenía el lunes motivos para celebrar sus propios éxitos; hacía un mes que fue elegido líder de las filas conservadoras, después de años esperando su oportunidad y tras la traumática expulsión de Pablo Casado. Pero si algo quiere demostrar Feijóo es que él no cometerá los mismos errores que su antecesor en el cargo y ha dado carta blanca a Ayuso para hacer de Madrid un territorio a su medida. A nivel orgánico y también estratégico. Lo que significa entender “las peculiaridades de cada comunidad autónoma”, en palabras de la jefa del Ejecutivo madrileño. “Entiende los contrastes” y, cuando sea presidente del Gobierno, Madrid estará “a su entera disposición”, aseguraba la baronesa el pasado miércoles en el encuentro organizado por Europa Press.
Reparto de papeles
Si Feijóo se centra ya en la economía para tratar de ganar a Pedro Sánchez y, oportunamente, en atacar al Gobierno por la gestión del caso del espionaje a través del sistema Pegasus, Ayuso se dedicará al debate ideológico o lo que denominan ‘guerra cultural’ con la izquierda.

Tras ser aclamada en el congreso del 20 y 21 de mayo, la baronesa autonómica empezará a armar las líneas maestras de la convención donde, el próximo mes de octubre, espera “ensanchar” su base electoral frente a quienes “nos disputan el voto”.
Lo anunció en su primer mitin de una campaña sin rivales celebrado en Majadahonda. Allí fue donde, por primera vez, habló de hacer un partido “pandillero” y “callejero”, un pretendido guiño al ‘cinturón rojo’ de la Comunidad de Madrid donde la izquierda gobierna mayoritariamente los ayuntamientos.
Ayuso roza la mayoría absoluta en las encuestas e insistirá en el relato que mejor le funciona. Sobrevolando el caso de la comisión de su hermano por la compra de mascarillas y los servicios públicos deficientes, sobre los que de momento plantea mejoras de forma genérica, y exigiendo al Gobierno dinero para hacer frente al incremento de las facturas de Metro de Madrid mientras reduce trenes y promete más bajadas de impuestos.
Para los votantes del 4-M, sus sombras y contradicciones son lo de menos. Su discurso en clave nacional contra Pedro Sánchez y sus pactos con “el diablo” o “con ETA”, lo mismo le da, ha hecho posible que su popularidad suba como la espuma de una cerveza bien tirada.
Menos es más
Lo próximo y más inmediato es tomar el control del PP de Madrid para que todo el partido reme a su favor. Un partido con una estructura pequeña y sin consejeros en la cúpula, decisión que permite evitar sustos y liderazgos, aunque podría haber cambios en puestos intermedios del Gobierno regional.
Ayuso asumirá el debate de las ideas en una convención preparatoria de las elecciones de 2023
Al frente de la secretaría general estará Alfonso Serrano, persona de la absoluta confianza de Ayuso y portavoz del grupo popular en la Asamblea de Madrid. Y, aunque no ha concretado el cargo, la presidenta confirma que contará con José Luis Martínez-Almeida, que ha pasado su particular via crucis después de que la propia baronesa regional involucrara al Ayuntamiento de Madrid en su presunto espionaje y que está a punto de ser redimido. A medias.
“Somos un mismo equipo”, repite estos días la única candidata al congreso del PP de Madrid. Aunque avisa: todos hemos sido casadistas, pero no perdona traidores. Aquellos que han dudado de su honorabilidad, dice. Una forma de justificar los cambios que se avecinan en las listas electorales para las municipales, también y sobre todo en la de la ciudad de Madrid.
Almeida, que no las tenía todas consigo para continuar en la Ejecutiva regional, asumirá el precio de perder a algunas personas de su confianza en el Consistorio y también en el partido, donde desaparecerán sus concejales con el argumento de que la estructura será más reducida.
Majadahonda, Leganés o Fuenlabrada, lo mismo da. Haciendo suyo el discurso sobre el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos o sobre los toros para hacer sombra a Vox y cambiando los zapatos por unas deportivas para bajar al sur de la región y decirle a su ciudadanía que lo que quiere es libertad y no los mantras de la izquierda que subvenciona a los pobres en vez de darles oportunidades, Ayuso va a por todas. Mientras, Feijóo la deja hacer sin perderla de vista. A ver quién la para. A ver quién no la teme.







