
Hassan Arabi
No se equivocó Fukuyama cuando anunció el fin de la historia. Es el fin de la historia de una era donde se han conseguido unos avances extraordinarios para la humanidad. A las épocas también les pesa el tiempo y van dejando paso a otras que les pisan los talones. Hace ya tiempo que los expertos pronostican cambios sustanciales en este inicio de siglo. Lo hemos hablado en más de una ocasión, aunque muchos lo veían como algo fantasioso y poco claro, en el sentido de que las personas no eran capaces de ver todas las amenazas y los cambios que se gestan a nuestro alrededor, y que son capaces de dar un giro inesperado a nuestras vidas y a nuestra historia.
Hace más de una década, un grupo de profesores creamos la Fundación “Centro de Estudios para la Nueva Civilización Riccardo Campa” en la localidad extremeña de Olivenza, limítrofe con Portugal, para aportar nuestras opiniones y nuestras inquietudes acerca de cómo va a ser esta nueva civilización que está a las puertas, que nos llama para formar parte de ella. No fuimos unos iluminados ni unos profetas por interesarnos por el tema; era la evidencia de cómo se desarrollan los acontecimientos en el mundo lo que nos motivó para interesarnos por el nacimiento de una nueva civilización donde nuestro comportamiento será decisivo y clave para encauzarla hacia el bien o el mal.
Los avances tecnológicos y el desarrollo que hemos alcanzado hasta hoy iban acompañados de un sentimiento de supremacía y una cierta prepotencia del ser humano respecto a su entorno, a sus semejantes, al medio ambiente y a las demás especies
Los cambios de era suelen ser difíciles de digerir por parte de todo el mundo. Unos cambios que van asociados a unas amenazas y desafíos que tenemos que afrontar con decisión y mucho empeño. Una posible guerra nuclear, el cambio climático o la amenaza biológica representan el mayor peligro al que nos enfrentamos en la actualidad. Hace ya tiempo que se habla de un cambio climático causado por nuestra capacidad destructora del medio ambiente y por considerarnos capaces de domesticar la naturaleza. Nuestra desidia no tiene límites porque nuestra alucinación nos lleva a consideramos dioses. La amenaza nuclear es otro rompecabezas para la comunidad internacional. El conflicto de intereses entre las grandes potencias económicas podría acabar en una guerra nuclear con consecuencias incalculables para nuestro futuro. El arsenal nuclear del que se dispone en la actualidad es capaz de destruir y acabar varias veces con la vida en el globo. Cuando las decisiones políticas están en manos de psicópatas debemos ir rezando para que no pase nada; estar en manos del diablo es una auténtica y permanente pesadilla. La amenaza biológica es otra preocupación para nuestro futuro. La salud de las personas se juega en laboratorios que manejan todo tipo de virus, o simplemente, se juega por la mutación natural de un virus, capaz de achicarnos hasta sentirnos lo que realmente somos: unos simples seres vivos.
La crisis sanitaria actual que vive la humanidad por la pandemia del Covid-19 es algo que ha cogido desprevenido a todo el mundo. Más allá de las teorías de la conspiración –que si el virus es de un laboratorio chino o estadunidense, etc.–, el caso es que estamos viviendo una auténtica pesadilla. De repente, todos nos hemos dado cuenta que hemos estado engañados y hemos estado viviendo en una especie de burbuja creada por los engaños y la manipulación del neoliberalismo a lo largo de varias décadas. Nos hemos despertado con los ecos de una pandemia que ha dejado en evidencia a las mejores economías del mundo que no eran capaces de producir material sanitario ‘rudimentario’ para su población. Nos hemos recluido en nuestras casas, todos acobardados por un virus que nos ha obligado a mirarnos al espejo para darnos cuenta, por fin, de que somos vulnerables y que nunca seremos dioses por mucho que lo intentemos, y que nuestra labor es bien limitada en el tiempo y el espacio.

El miedo y la incertidumbre generados estos días por la amenaza biológica están marcando el inicio de una nueva era, una nueva civilización donde nada será igual que antes
Llevamos ya unas cuantas decadas viviendo bajo los efectos del miedo. Quizás nos han estado preparando para este momento. El miedo y la incertidumbre generados estos días por la amenaza biológica están marcando el inicio de una nueva era, una nueva civilización donde nada será igual que antes. Los avances tecnológicos y el desarrollo que hemos alcanzado hasta hoy iban acompañados de un sentimiento de supremacía y una cierta prepotencia del ser humano respecto a su entorno, a sus semejantes, al medio ambiente y a las demás especies. El resultado es una nefasta gestión que lleva a la deriva a todo el planeta. 2020 se marca como año del bautizo real y certificado de una nueva civilización donde los humanos deben cuidar de seguir siendo humanos para convivir con el resto de los seres vivos en un planeta que, en principio, está hecho para todos. Las relaciones entre humanos no serán iguales. Deberíamos ser mucho más humanos y más humildes. Muchas costumbres y hábitos pasarán a la historia para formar parte de nuetro pasado. La nueva civilización nonata debe cementarse en unos valores fundados en la ética, porque sin ella nos convertimos en demonios, en devoradores y destructores del universo, y por lo tanto, destructores de nuestra supervivencia. Los avances que hemos acumulado a lo largo de nuestra historia necesitan una cierta dosis de ética y un nuevo comportamiento menos agresivo con el entorno.
Del mismo modo, las relaciones entre países registrarían un cambio sustancial y muchos países revisarían sus políticas para posicionarse en un nuevo mundo que acaba de nacer. Muchos países azotados por la pandemia se han dado cuenta de que sus tradicionales aliados no están a la altura de las circunstancias y, probablemente, buscarían nuevas alianzas que cambiarían el mapa geopolítico actual. Italia, primer país europeo castigado por la pandemia, ha recibido mucha más ayuda de China, de Rusia y de Cuba que de sus aliados dentro de la Unión Europea. Las alianzas estratégicas deben velar por la seguridad de los pueblos, la seguridad en todas sus vertientes, social, sanitaria etc. Muchos países han declarado su intención de nacionalizar algunas empresas estratégicas para garantizar el abastecimiento de los productos de primera necesidad en casos de urgencia como el que estamos viviendo. De ser así, el neoliberalismo habrá recibido un duro golpe y, entonces, debe ir revisando sus cuentas y sus estrategias para aguantar los cambios de la nueva era.
Ante los posibles cambios previstos a nivel internacional, con China y Rusia a la espera de tomar el liderazgo mundial, el neoliberalismo tenderá a reordenar sus alianzas y sus alternativas para no salir perjudicado del todo. Por esta razón, todos podemos sospechar que lo que está pasando –aun siendo verdad lo que sucede– es puro chantaje de los sistemas económicos a la ciudadanía mundial. A más seguridad, menos libertad, más deberes y menos derechos. ¿Está el neoliberalismo aprovechando los efectos de la pandemia para reajustar sus cuentas tanto internas con sus propios ciudadanos, como con el resto de los sistemas económicos adversarios? ¿Es una oportunidad que está manejando, teniendo los medios de comunicacion a su alcance, (el sistema neoliberal, acapara más del 80% de los medios de comunicación del mundo) para acojonarnos y luego legislar a su antojo en todos los aspectos de la vida pública y privada de los ciudadanos?
Una nueva civilización nace, pese al rechazo de algunos. Todo indica que este cambio provocaría muchas complicaciones a las sociedades debido a la perseverancia del neoliberalismo y la puja fuerte de los demás sistemas alternativos, especialmente el chino. Esta nueva civilización nos obliga a todos a alistarnos en el bando de la resistencia si no queremos que nuestras vidas estén a merced de los tentáculos del capital. Una nueva civilización que permite humillar al ser humano, denigrarlo y desnudarlo de su esencia humana conducirá necesariamente a una esclavitud real y efectiva de los seres humanos. Se debe luchar contra el miedo y la incertidumbre, porque la industria del miedo es la que nos debilita, nos humilla y nos acobarda. Si queremos que esta nueva era sea algo más humana, nuestro deber es enfrentarnos al miedo y estar unidos para el gran desafío que se avecina.
Para terminar, me gustaría hacer eco de una frase de una trabajadora de una residencia de mayores en la Comunidad de Madrid, cuando en una entrevista de un canal de televisión hablaba de todas las deficiencias de las residencias de gestión privada, y cuando el periodista le preguntaba si no tiene miedo por las represalias que se pueden tomar contra ella, contestó con esta frase: ”Hay una frase que me encanta y es que “el miedo nunca conquistó derechos”. Con el miedo no vamos a ningún sitio ni en esto ni en todo lo demás”. Sabia conclusión de una mujer valiente. Una nueva civilización requiere mujeres y hombres valientes para vencer el miedo y no caer en la humillación y la esclavitud del capital. Lo dicho.
Profesor titular del Departamento de Estudios Hispánicos, Facultad Pluridisciplinar de la Universidad Mohamed I (Nador, Marruecos) y vicepresidente de la Fundación Centro de Estudios para la Nueva Civilización Riccardo Campa. Autor de varias publicaciones, libros, ensayos, artículos académicos y publicaciones periodísticas. Miembro del Centro de Investigación CEMIRA (Universidad Complutense de Madrid), vicepresidente del Centro de Estudios para la Nueva Civilización de Cáceres, presidente de la ONG ASISI durante más de 12 años (2000-13) y vocal del Foro del Ayuntamiento de Madrid para las Migraciones. También es miembro del Observatorio Contra el Racismo y la Intolerancia de la Comunidad de Madrid.






