Llegó y triunfó. El peso de Vox en el nuevo Gobierno de coalición de Castilla y León supera con creces su resultado electoral. Lo demostró con el preacuerdo del novato Juan García-Gallardo, en una nueva negociación para repartirse el poder con el PP y en el discurso de investidura de Alfonso Fernández Mañueco que, “sin complejos”, asumió como propias las principales líneas ideológicas de la ultraderecha. El presidente popular empleó expresiones como “violencia intrafamiliar”, “adoctrinamiento en las aulas” o “inmigración ordenada” ante la orgullosa mirada de Santiago Abascal, a quien no importó la ausencia de Alberto Núñez Feijóo para advertirle: “millones de españoles observan este Gobierno como posible alternativa para toda España”.
Un día después de que Marie Le Pen pusiera en jaque a Europa pasando a la segunda vuelta de las presidenciales francesas, Alfonso Fernández Mañueco defendía en Valladolid que su pacto con Vox “es beneficioso para la calidad democrática”. Lo hacía en un discurso de investidura pronunciado cuando el partido de ultraderecha ha querido y como ha querido, hablando de una alianza “sin complejos”.
“Mi reconocimiento a Juan García-Gallardo por su voluntad de llegar a un acuerdo viable y firme”. “Somos dos partidos distintos”, añadió, “cada uno con legítimas posiciones” que van a trabajar juntos “como una piña”.
García-Margallo se estrena con un discurso centrado en los ataques a los partidos de la oposición
El reelegido presidente de Castilla y León venía de una larga negociación con sus nuevos socios. Tras un primer acuerdo donde el barón popular admitía las exigencias de Vox sobre el número de carteras y las ideas fuerza que marcarán la nueva legislatura, la fecha de la investidura se demoró más de lo previsto. Porque no habían dejado atado el compromiso de Mañueco contra el decreto de memoria histórica o a favor de lo que denominan violencia intrafamiliar, aseguraban desde la formación de Santiago Abascal. Porque la ultraderecha quería marcarle los tiempos a Alberto Núñez Feijóo demorando la investidura castellanoleonesa más allá de la elección del gallego como nuevo líder de las filas conservadoras, sostenían desde el PP.
El balance es que Juan García-Gallardo, un burgalés de 31 años penalista de profesión que antes de anunciar su candidatura borró de Twitter mensajes explícitos hablando de “heterosexualizar ese deporte repleto de maricones”, en alusión al fútbol, o sosteniendo que “ser feminista es una ridiculez, más aún si no eres una mujer”, se ha convertido en el primer vicepresidente de la ultraderecha en España.
Un vicepresidente sin cartera, desde donde marcará perfil ideológico y estilo bronco acompañado por los titulares de las consejerías de Agricultura, Industria y Empleo y Cultura. Lo ha hecho ya en su primer discurso ante las Cortes regionales, donde felicitó a Mañueco por una intervención llena de guiños a Vox –por “haber estado a la altura”, dijo– y se dirigió a la oposición con un nivel político que marca una nueva etapa en la política castellanoleonesa.

Al portavoz del Grupo Mixto y procurador de Unidas Podemos, Pablo Fernández, le llamó “mamporrero de las élites globalistas”; al líder autonómico de Ciudadanos, Francisco Igea, le deseó con sorna “mayor éxito como youtuber que el que ha tenido como vicepresidente”; y al secretario general del PSOE en Castilla y León, Luis Tudanca, le comparó con Anne Hidalgo, la exitosa alcaldesa de París de origen español que, como candidata del Partido Socialista en las elecciones presidenciales francesas, no había llegado al 2 por ciento de los votos. “Su partido está condenado a la desaparición”, le espetó.
Después, pasó a mencionar las obsesiones del partido ultra sobre la violencia de género o la memoria histórica, augurando que será sustituida por un “decreto de la concordia” como “primer paso para interpretar, cada uno a su manera, la historia en nuestro país”.
Parecidos más que razonables
Pero de enumerar los términos en los que se va a desplegar la nueva legislatura ya se había encargado Mañueco, investido presidente 112 días después de ganar las elecciones donde apenas mejoró el resultado de 2019 y que sólo sirvieron para sacar a Cs del Gobierno para meter a Vox.
Así, y aunque no habló de derogar la ley contra la violencia machista, sí anunció una ley de violencia intrafamiliar que estará lista para finales de julio. El decreto de memoria histórica no lo mencionó expresamente, pero será anulado por el decreto de la concordia, que el PP sacará adelante con la ultraderecha para “evitar la utilización de la historia para dividir a los españoles”.
Violencia machista, estado de las autonomías e integración europea, únicas salvedades de Feijóo en el discurso de Mañuec
El reelegido presidente dijo también que “no va a haber adoctrinamiento en las aulas”, aludiendo a lo que llamó “derecho inalienable de los padres a decidir la educación de sus hijos”, primer indicio de la reedición del pin parental que Vox ya llevó a Murcia.
Y en una de las autonomías más castigadas por la despoblación y la falta de una red sanitaria y educativa que la frene, habló de “inmigración ordenada” y de “revolución fiscal”, anunciando que va a iniciar los trámites para rebajar el tramo autonómico del IRPF.
Feijóo no estaba en las Cortes castellanoleonesas para oírlo. Según dijeron en el PP, el presidente del partido no va a los debates de investidura sino a las tomas de posesión, que será el 19 de abril y que no es seguro que cuente con la presencia del líder conservador.
El gallego no estuvo presente durante un discurso de investidura que bien podría haber sido el de García-Gallardo, pero escuchó tres salvedades que distinguían a los dos partidos, las tres que hizo él mismo durante su intervención en el reciente congreso extraordinario del PP donde fue elegido presidente por aclamación: la defensa de la ley de violencia machista, de la España de las autonomías y del europeísmo de una formación a la que sus socios del PPE vigilan con mucha atención por lo que su presidente, el polaco Donald Tusk, llamó “capitulación” de sus colegas españoles.
Sí asistió a la sesión del pasado lunes Santiago Abascal quien, a su llegada a las Cortes autonómicas, recordó al flamante líder popular que, sin él, no va a poder ir a ninguna parte. Este Gobierno de coalición “abre una nueva etapa en Castilla y León”, sostuvo, “pero sobre todo constituye una gran esperanza para millones de españoles que observan este Gobierno como posible alternativa para toda España”.







