Juan Carlos I prepara las maletas para regresar a España. De forma temporal, ya lo dijo tras acordar los términos de su regreso con Felipe VI, pero sin tiempo que perder. Visitar a los amigos, participar en regatas, ir a los toros. Casi dos años se ha pasado sin disfrutar de los placeres de la vida a los que se entregó en cuerpo y alma durante décadas, poniéndose la Corona por montera y dejándole a su hijo los platos rotos. Los suyos aguardan impacientes y esperan celebran con él su vuelta al ruedo llevándole a hombros, una forma de censurar a su hijo el rey que, sin el respaldo social de la izquierda, está empezando a notar la desafección de parte de la derecha.
No puede hacer nada por evitarlo. El regreso de Juan Carlos de Borbón a España va a ser todo un acontecimiento mediático y Felipe VI habrá de esperar a que escampe. Otra vez. Tras el escándalo de los cien millones de dólares saudíes, las revelaciones de Corinna Larsen, la primera investigación de la Fiscalía del Supremo, la segunda y la tercera, el archivo de las causas por razones de forma y una nueva investigación británica promovida por la examante del emérito, llueve sobre mojado.
La expectación es tal que, ya en Semana Santa, cuando una persona cercana al exmonarca facilitó a la agencia Europa Press una fotografía donde aparece en Abu Dabi con las infantas y sus hijos, corrió el rumor de que, en realidad, el abuelo de la princesa Leonor se encontraba en España. Para más señas, en Sanxenxo, en casa de su amigo Pedro Campos.
José Cusí y Pedro Campos son los amigos de regatas del emérito que primero recibirán su visita
“A risa” se los tomó el también presidente del club náutico de la localidad pontevedresa en declaraciones a Vanitatis. Lo que sí se toma en serio es el regreso de Juan Carlos de Borbón; desde su marcha el 3 de agosto de 2020, el también armador del Bribón 500 –la embarcación con la que el emérito compitió hasta que se instalara en la capital emiratí– han manifestado su deseo de volver a ver en España al exmonarca.
Porque esa es una constante en las declaraciones del entorno más próximo de quien fuera jefe del Estado; empatizar con los deseos del emérito e ignorar las consecuencias que puedan tener sobre Felipe VI.
“Todo el mundo me pregunta que cuándo viene… Creo que está cerca”, dijo hace unas semanas preguntado en el Programa de Ana Rosa de Telecinco. Y cerca está la regata Copa del Mundo de la serie 6M, en la que compiten Campos y Borbón y donde aún ostentan el título mundial.
Un título que revalidar
Organizada precisamente por el Club Náutico de Sanxenxo, se celebrará entre el 10 y el 18 de junio, una fecha que encaja con las previsiones; según decía en marzo José Antonio Zarzalejos –el primer periodista que habló de la abdicación de 2014 meses antes de que se produjera–, regresaría después de Semana Santa y antes del verano, que de manera oficial dará comienzo el día 21 del próximo mes. “Ojalá venga, que es lo que estamos deseando. La ilusión no la perdemos de tenerlo en Sanxenxo en junio porque este año le toca defender su título mundial”, manifestaba Pedro Campos esta misma semana.
Y si había pocos indicios, ahí va otro: el emérito estaría “feliz” de ir a Sanxenxo, “una celebración importante con la conmemoración del Xacobeo y con el campeonato de la Copa del Mundo de vela”, decía este jueves la infanta Elena a Vanitatis en un acto de la Fundación Bertín Osborne.

No le acompañaría Josep Cusí, otro de sus inseparables a bordo; el que fuera su armador en el Bribón sufrió hace más de seis meses un ictus y se recupera en casa, donde se espera que Juan Carlos de Borbón haga una de sus primeras paradas para visitar a su amigo desde hace 50 años. Entrevistado en La Vanguardia hace unas semanas, el empresario catalán enumeraba los premios que han ganado juntos: once Trofeos Godó, siete Campeonatos de España y un Europeo y un Mundial.
Porque cultivar amistades y aficiones diversas es, en realidad, el mayor legado del exmonarca. Eso que hasta hace algunos años se llamaba campechanía y ahora no merece tanta benevolencia. O sí porque, después de lo sabido, hay quien le va a poner la alfombra roja en cuando pise territorio español.
En Sanxenxo, donde el sector turístico celebra haberse convertido en la nueva Mallorca después de que el adiós al yate Fortuna y el paseíllo de Iñaki Urdangarin hacia la Audiencia Provincial de Palma convirtieran la isla en terreno inhóspito para los Borbones.
Pero también en las fincas de caza, lugares propicios para las confidencias con la clase de amigos que le prestan a uno 4,4 millones de euros para regularizar los ocho millones que salieron de la fundación de un primo lejano para pagar viajes en aviones privados.
Menos discreta habría de ser la ruta gastronómica que el sector de la restauración espera que el emérito retome donde lo dejó, cuando los escándalos que le rodeaban acabaron quitándole el apetito a su hijo el rey. Aunque si hay un lugar donde Juan Carlos I podría resarcirse de la expatriación que aún hoy es, de facto, forzosa, ese es una plaza de toros.
Sánchez, la derecha y los toros
La tauromaquia divide a izquierda y derecha. La monarquía, también. Hasta que Pedro Sánchez intercedió por Felipe VI en pleno huracán emérito y provocó una nueva subdivisión.
“Desde aquí, mi agradecimiento a los reyes y el deseo de que se tenga con don Juan Carlos al menos un poco de la generosidad que él siempre nos demostró”, dijo Isabel Díaz Ayuso en la ceremonia organizada por la Comunidad de Madrid para conmemorar el aniversario de la Constitución. “No me gusta nada que el Rey Juan Carlos esté fuera de España y me gustaría que esté en España”, añadía ese mismo mes de diciembre en sendas entrevistas el líder de Vox, Santiago Abascal.
La temporada alta taurina acaba en mayo, pero aún quedarán corridas por San Isidro, en Aranjuez y en Toledo por las fiestas del Corpus Christi
La derecha ha convertido la expatriación del emérito en una razón más para hacerle oposición al presidente del Gobierno. Una expatriación que Felipe VI sugirió a su padre y que, según las críticas implícitas de Ayuso o Abascal, le convertiría en colaborador del jefe del Ejecutivo de coalición.
Mientras Sánchez pide explicaciones a Juan Carlos de Borbón por unas prácticas financieras y fiscales que le libraron del reproche penal gracias a la inviolabilidad constitucional y la prescripción de los delitos, Ayuso y Abascal, pero también Alberto Núñez Feijóo –“los asuntos que tenía pendientes con la justicia están aclarados” y tiene “todo el derecho del mundo a entrar y salir de España”, sostenía tras reunirse con Felipe VI después de asumir la presidencia del PP–, no tienen nada que reprocharle y marcan distancias con el líder socialista y, de manera indirecta, con la estrategia de Zarzuela para tratar de minimizar el desgaste provocado por el exmonarca.
En las plazas de toros, terreno abonado por los programas electorales de PP y Vox y por las subvenciones de gobiernos de derechas, están deseando ver de nuevo a Juan Carlos de Borbón. El 27 de mayo de 2019, la Casa Real anunciaba que el emérito había comunicado a Felipe VI que ya no participaría en más altos oficiales. Seis días después, se despedía de la vida pública en el Palco Real del coso de Aranjuez, que agotó las 9.500 localidades entre una afición entregada que no dejó de vitorear al padre del hoy jefe del Estado, quien apenas se ha dejado ver en los toros y no parece que éste vaya a ser el mejor momento para empezar a hacerlo.
La pasión por la tauromaquia la heredó la infanta Elena. Ella y su hija, Victoria Federica de Marichalar, han sido las grandes protagonistas en La Maestranza de Sevilla y Las Ventas de Madrid durante sus grandes ferias del mes de mayo.
Y aunque queda poco para que termine la temporada alta de los taurinos, aún le quedarían oportunidades a Juan Carlos I para resarcirse. En Aranjuez, el 29 de mayo. A la Feria de San Isidro le quedarán unos días a principios de junio. E inmediatamente después habrá corrida en Toledo por las fiestas del Corpus Christi. Será por oportunidades para que lo saquen a hombros.







