Cuca Gamarra y Esteban González Pons. Pero también Elías Bendodo, Miguel Tellado o José Antonio Monago. Alberto Núñez Feijóo ha repartido el poder del PP por territorios y familias, pero no ha dejado nada al azar. El nuevo presidente popular aterriza en Génova flanqueado por su más estrecho círculo de confianza gallego, apuntalando el peso de Andalucía pensando en todos los escenarios posibles y haciendo elocuentes excepciones. La de Castilla y León, el patito feo tras su pacto con Vox, y la del ‘ayusismo’, con el que mantiene un acuerdo de convivencia que clarifica su demarcación territorial. El aclamado líder ha bebido de varias fuentes, pero el combinado es marca de la casa.
Alberto Núñez Feijóo y Mariano Rajoy comparten mucho más que su ascendencia gallega. Los dos son predecibles, alérgicos a la pelea interna y, en muchos casos, amigos de sus más estrechos colaboradores.
La nueva Génova se parece a la última Moncloa del PP. Reparte juego entre territorios y reconoce la veteranía sin frenar los liderazgos ascendentes, una forma de prevenir la aparición de voces críticas y de apuntalar el apoyo de las baronías –bien lo sabe el expresidente conservador– cuando vienen mal dadas.
Feijóo ha echado el resto para contener el avance de Vox en Andalucía
Luego están los fieles, el entorno de confianza que le permite transitar en política con un colchón con el que amortiguar los golpes. Incluso hay sitio para los amigos, los que ayudan a hacer más llevadera la vida interna de partido.
Cuca Gamarra, nueva secretaria general, responde a varias de estas premisas. La previsibilidad, después de que se anunciara el 24 de febrero que la portavoz parlamentaria asumiría el cargo de coordinadora general del partido hasta la celebración del congreso extraordinario que oficializaría la elección de Feijóo como nuevo jefe de las filas conservadoras. La promoción de figuras ya consolidadas; primero fue alcaldesa de Logroño, después vicesecretaria de Política Social del partido y, todavía ahora, portavoz del grupo parlamentario popular en el Congreso. Y la garantía de una transición tranquila, de la mano de una dirigente disciplinada y más fiel a las siglas que a los nombres que se ha mantenido al margen de las rencillas entre compañeros y que se ha cuidado mucho de no hacer enemigos en el seno del PP.
Elías Bendodo es el hombre en Madrid de Juanma Moreno, amigo personal y aliado político del líder gallego. Con el cargo de coordinador general, el también consejero de la Presidencia de la Junta de Andalucía asume una responsabilidad clave a nivel interno con un doble objetivo; apuntalar el peso del partido andaluz en el presente y, sobre todo, el futuro del partido, y desplegar el efecto Feijóo sobre las próximas elecciones andaluzas, que habrían de celebrarse en otoño de no haber adelanto electoral al próximo mes de junio.

Según el Centro de Estudios Andaluces (Centra), los populares ganarán los comicios pero no podrán gobernar sin Vox. Por eso, el reto de Génova es que Moreno Bonilla amplíe la distancia que vaticinan los sondeos; según el último sondeo trimestral del CIS andaluz, el PP mejoraría los resultados de 2018 –26 escaños– situándose en los 43-44 diputados, pero retrocedería 1,1 puntos respecto al anterior sondeo. La formación de ultraderecha mejoraría en 10 puntos y, con una previsión de 22 escaños –ahora tiene 12– y Ciudadanos fuera de juego –se quedaría en dos representantes en el Parlamento autonómico–, sería imprescindible para alcanzar los 55 votos necesarios para una investidura.
Con el objetivo inmediato de ampliar la distancia con la ultraderecha y reducir al máximo sus exigencias, la nueva Génova cuenta con otra voz andaluza. Consejero de Economía del Gobierno andaluz, Juan Bravo asume la misma vicesecretaría en la dirección nacional del PP, donde aterriza con un currículo del que los conservadores harán bandera en las elecciones que convoque Juanma Moreno y en las que anuncie Pedro Sánchez; hombre de confianza del presidente autonómico, ajustó el gasto público tras tomar posesión de su cargo en el Ejecutivo autonómico y presume de haber transformado el déficit en superávit. También fue quien negoció con Vox las cuentas públicas aprobadas en sucesivos ejercicios salvo el último. No por discrepancias presupuestarias, sino por cálculo electoral del partido de Abascal.
Veteranía
Pons, Navarro, Monago y también Gamarra son el guiño a la veteranía
Esteban González Pons asume la nueva vicesecretaría de Institucional que, encargada de las relaciones internacionales, puede compatibilizar con sus responsabilidades de vicepresidente del Eurogrupo popular y portavoz de la delegación española.
Como hiciera con Cuca Gamarra, el previsible Feijóo dio una de las pocas pistas sobre su futuro equipo de dirección cuando nombró al valenciano presidente del comité organizador del XX Congreso extraordinario del PP. Tras conocerse su regreso, en la formación conservadora estaban convencidos de que sería por el tiempo y con la responsabilidad que Pons quisiera; amigo personal del líder gallego, los dos llevan años trabajándose la fama de moderados y a los dos se les situó en la órbita marianista, aunque al hoy presidente popular no le gustara demasiado la etiqueta.
De los buenos tiempos del PP de Rajoy regresa también a la primera línea Juan Antonio Monago, hoy presidente del Comité de Derechos y Garantías que, en 2011, logró romper la hegemonía socialista en Extremadura y se convirtió en presidente de la comunidad tras una campaña dirigida por Iván Redondo que le valió el sobrenombre de “barón rojo” popular. En el cónclave sevillano, Feijóo bromeó acerca de lo bueno que es tener cerca a alguien “que pueda pagar algún incendio” –el también senador ha sido bombero antes que político–, mientras los rescoldos del fuego que arrasó a Pablo Casado aún estaban calientes.

Cuota castellano-manchega es la vicesecretaria de Políticas Sociales, Carmen Navarro Lacoba; no confundir con la otra Carmen Navarro, la directora general de Finanzas desde los tiempos de Rajoy que fue procesada y finalmente absuelta por el caso de la destrucción de los ordenadores del extesorero, Luis Bárcenas.
La recién llegada a la sede de Génova, 13, única mujer en cinco vicesecretarías, es portavoz del grupo popular en la Comisión de Transición Ecológica y Reto Demográfico y diputada por Albacete, donde fue directora provincial de Sanidad y Bienestar Social antes de que Paco Núñez, líder del PP en Castilla-La Mancha, la nombrara vicesecretaria de Política Social del PP regional.
Desembarco gallego
Mención especial merece el núcleo de confianza que Feijóo se ha llevado de Santiago a Madrid. Nombrado vicesecretario de Organización Territorial, esto es, responsable de mantener engrasada la correa de transmisión entre la dirección nacional y las direcciones regionales y provinciales, Miguel Tellado ha sido la mano derecha del nuevo líder del PP nacional desde 2016: como secretario general de la formación en Galicia y como responsable de las campañas de sus dos últimas mayorías absolutas, aquellas en las que el candidato y no el partido funcionó como mejor reclamo electoral. A partir de ahora, deberá marcar diferencias con Teodoro García Egea y conceder a los territorios la autonomía necesaria para acabar de pacificar al PP.
Tellado, Calvo, Sánchez Sierra y Valera saltan de Santiago a Madrid
Con él han hecho las maletas Diego Calvo, presidente provincial de los populares en A Coruña y vicepresidente primero del Parlamento gallego recién nombrado presidente del Comité Electoral; Marta Varela, jefa de gabinete de Feijóo en la Xunta y ahora directora de gabinete en Génova; y Mar Sánchez Sierra. Al frente del área de Proyección e Imagen, la coruñesa es la persona que más tiempo ha acompañado al hoy líder conservador; empezaron juntos cuando él era director de Correos a principios de los años 2000, regresaron a Galicia para emprender una nueva etapa en la Xunta y, secretaria general de medios hasta hace unos días, y vuelve a Madrid para seguir encargándose de las relaciones del presidente popular con la prensa.
Alberto Núñez Feijóo ha acondicionado la sede nacional de Génova con colaboradores cercanos, viejos amigos y nuevos aliados. Para espantar la morriña, nada mejor que sentirse como en casa.
Equilibrismo en Madrid

El pacto de Gobierno con Vox en Castilla y León ha pasado factura a Alfonso Fernández Mañueco. La proximidad entre el congreso extraordinario en Sevilla y la sesión de investidura en Valladolid desaconsejaban un gesto de Feijóo con un territorio que estaba a punto de inaugurar una nueva etapa de Gobiernos de coalición con el partido de ultraderecha –una “capitulación” del PP, en palabras del presidente del PPE, Donald Tusk–.
Lo de Madrid tiene una lectura distinta. Porque el nuevo vicesecretario de Coordinación Autonómica y Local, Pedro Rollán, es madrileño. Alcalde de Torrejón de Ardoz de 2007 a 2015, donde se convirtió en el candidato más votado de una gran ciudad española con casi el 70 por ciento del apoyo del electorado y rompió la hegemonía socialista en el Corredor del Henares, también tiene experiencia en la Administración autonómica de la mano de Esperanza Aguirre y, sobre todo, de Cristina Cifuentes. Ha sido vicepresidente, consejero y presidente en funciones entre abril y agosto de 2019, desde la marcha de Ángel Garrido para ir en las listas de Ciudadanos hasta la investidura aquel año de Isabel Díaz Ayuso.
Sin embargo, Rollán no es ayusista. Fue en su lista hace tres años, pero la presidenta no le mantuvo en el Ejecutivo regional y él renunció a su escaño en la Asamblea de Madrid para presentarse al Senado, donde conserva su escaño.
Preguntada por el nombramiento, la baronesa madrileña lo celebró como propio aunque no forme parte de su equipo de confianza, como sí ocurre con los dos pesos pesados de Moreno Bonilla en Génova. Una eventualidad que el entorno de Ayuso atribuye a los tiempos electorales; su colega andaluz convocará elecciones en breve, mientras que a ella le quedan más de tres años de legislatura y no puede compartir a sus consejeros con Feijóo.
Otras fuentes hablan de un gesto intencionado; el líder del PP dejará hacer a la jefa del Ejecutivo madrileño en el próximo congreso regional, pero confía en que no traspase los límites territoriales y le deje a él hacer lo propio al frente de la dirección nacional. No quiere enemistarse con ella y ha hecho un guiño a Madrid con una vicesecretaría, pero corre el riesgo de que a sus fieles votantes no les parezca suficiente.







