Opinion Acento Tiempos de hoy

 

 
   

 Nº 1274. 21  de diciembre de 2018

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El Acento /
Inmaculada Sánchez

El miedo como arma


EUROPA PRESS

Del asesinato de Laura Luelmo a la irrupción de Vox, pasando por el estallido independentista en Cataluña, la política en España está empezando a leerse en la clave del miedo, un arma que siempre ha estado del lado de los poderosos y ha servido para sojuzgar a los débiles

Me retrato y lo reconozco. Estos días, mientras se buscaba a Laura Luelmo, la joven profesora asesinada en Huelva a manos de un desalmado al que la prisión permanente revisable no ha servido de disuasión alguna para sus violentos instintos, me he ‘wasapeado’ con amigas exigiendo el derecho de las mujeres a salir solas… y volver indemnes. Y en esa reivindicación reconocía mi miedo.

El mismo que, cuando era joven, me hacía temblar y, pese a ello, seguir fuera de casa a horas ‘intempestivas’ sin novio que me ‘recogiera’.  Porque por encima de ese miedo, y gracias –menos mal– a la inconsciencia de la edad, me autoexigía esa libertad con la que pretendía erigir mi futuro. Décadas después, y con un movimiento feminista resucitado e insólitamente reubicado en un espacio central de la agenda política del país, me vuelvo a ver presa el miedo.

No hablo sólo de las mujeres. Mis buenos amigos, y compañeros en el inclemente camino de la igualdad, incluido mi hijo veinteañero, me recuerdan que la probabilidad porcentual de ser víctima de violencia en la calle es mucho mayor en hombres que en mujeres (el INE ‘dixit’), que España es uno de los países más seguros de Europa y que terroríficos sucesos, tan fácilmente manipulables como el asesinato de Laura Luelmo, llegan en el preciso momento para que la indignación por la injusticia se transforme en la ira por la inseguridad.

Que actores como Vox o el PP lo exploten en el permanente periodo preelectoral en que vivimos no debe extrañar. Y que el crecido líder de la nueva derecha, Pablo Casado, lo exprima incluso hasta atreverse a lanzar al ruedo el término “guerra civil”, citando a Cataluña sin reparo alguno y agitando el fantasma de una violencia que tan oportunamente llegaría al rescate de sus decrecientes apoyos electorales, tampoco.

Lo que es necesario juzgar con mayor detenimiento y severidad, como siempre, es la respuesta de la dividida izquierda de este país. Incluida la que forma parte de ese bloque independentista catalán para el que, con todo el respeto del que soy capaz, cuanto peor (para todos), mejor (para ellos). O eso suponen.

Nunca el miedo fue compañero de viaje de la libertad. Estrenamos un nuevo año en cuestión de días. Y viene tan cargado de odios y temores que casi no me sale mi habitual vena optimista. Pese a ello, sigo confiando en la lucidez de los líderes con los que nos ha tocado convivir. No tendrán el ‘glamour’ de los que hicieron la Transición, ya sé, pero estoy segura de que quieren que sus hijos hereden un país más justo y habitable. Ojalá que el miedo, a las urnas o al desconcierto, no les impida escrutar el futuro con pericia.

 

 

Firma:

Periodista y directora de El Siglo desde 2011, revista que contribuye a fundar, en 1991, formando parte de su primer equipo como jefa de la sección de Nacional. Anteriormente trabajó en las revistas Cambio 16 y El Nuevo Lunes y en la Cadena Ser. Actualmente también participa asiduamente en diferentes tertulias políticas de TVE y de Telemadrid.

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