Opinion Aguilar Tiempos de hoy

 

 
   

 Nº 1274. 21  de diciembre de 2018

- - --

 

 

 

Tribuna / Miguel Ángel Aguilar

‘¿Beau geste?’


La diferencia con una de esas cumbres que se celebran entre responsables máximos de dos países estribaba, según enfatizaba Calvo, en que el Gobierno de España lo es también de Cataluña

El pasado miércoles, día 19, durante la sesión de control al Gobierno, la vicepresidenta, Carmen Calvo, salió a los medios, por decirlo en términos taurinos, para dar la buena doctrina –“apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas” periodísticas- y completar la respuesta del Presidente, Pedro Sánchez, obligada a contenerse en los dos minutos máximos fijados por el reglamento. Divagaba la vicepresidenta insistiendo en marcar la diferencia entre el encuentro que seguramente tendría Sánchez con el president Torra a solas y los que ella y otros ministros pudieran tener con el vicepresident, Pere Aragonés, y otros consellers. Reiteraba que el formato pensado para la anunciada concordia de Pedralbes nada tenía que ver con minicumbre alguna, al modo de esas que se celebran entre responsables máximos de dos países. La diferencia estribaba, según enfatizaba Calvo, en que el Gobierno de España lo es también de Cataluña. Ningún agravio comparativo habría tampoco respecto del trato a otras comunidades autónomas.

Al día siguiente, jueves, todas estas clarificaciones procedentes de Moncloa quedaban convenientemente reducidas a oscuridades por los portavoces de la Generalitat empeñados a ultranza en etiquetar el encuentro a su conveniencia para que cuando saliera al cuadrilátero el President lo hiciera ya como proclamado vencedor. Se cumplía así el principio enunciado por el retornado Josep Tarradellas para quien “cuando no se tiene el poder hay que ser inflexible en el protocolo”. Pero más allá del ceremonial del palacio de Pedralbes, fijado para el jueves día 20, interesaba de qué podría componerse el temario que pudieran abordar en particular los Presidentes. Como en las audiencias del Papa o los encuentros de la Casa Blanca, las cámaras grabaran la llegada y harán lo que se denomina un mudo mientras se saludan y toman asiento. Luego sólo debatirán qué decir a los periodistas aglomerados de puertas afuera. Se tratará, en definitiva, de la explotación de un gesto que cada uno de los equipos exaltará a favor de su líder con la consecuencia más o menos deseada pero inevitable de menoscabar al otro y de hacerle más vulnerable frente a sus adversarios correspondientes.
 
Observemos primero, que estaba descartado que los Mossos pusieran su fuerza para impedir que se celebrara el Consejo; segundo que estaba en duda que los Mossos fueran a recibir órdenes, si se diera el caso, de abrir camino apartando a quienes intentaran bloquear la reunión a tenor de las consignas de apretar lanzadas por el vicario Torra en sus arengas a los CDR; tercero que de ahí deriva el desplazamiento a Barcelona de novecientos policías y guardias civiles de estricta obediencia; y cuarto que levantar una muralla humana de inermes frente a esos agentes de las fuerzas de orden público proporcionaría un álbum de fotos impagable. A los no independentistas que se sienten abandonados puede terminar quedándoles sólo la opción de resignarse o de organizar su autodefensa.

Firma:

Periodista y secretario general de la Sección Española de la Asociación de Periodistas Europeos. Licenciado en Ciencias Físicas y graduado en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, fue director de Diario 16, la agencia EFE, el periódico El Sol y presentador de los informativos de fin de semana y del Informativo diario Entre Hoy y Mañana en  la madrugada de Telecinco. En la actualidad es columnista en varios medios y colabora en distintos programas de radio y televisión. Ha escrito varios libros, entre ellos, Las últimas Cortes del franquismo; El golpe, anatomía y claves del asalto al Congreso, y España contra pronóstico (Ed. Aguilar).