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 Nº 1274. 21  de diciembre de 2018

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La economía desde mi observatorio / Carlos Berzosa

El fin de la política de estímulo monetaria en la Eurozona


La política expansiva del BCE salvó al euro y a los bancos pero no sirvió de acicate para generar un crecimiento estable. La política monetaria de por sí es limitada y no se ha aprovechado para hacer las reformas necesarias con el fin de conseguir un euro capaz de resistir las nuevas recesiones que puedan venir

El Banco Central Europeo (BCE) anunció la semana pasada que se ponía fin a la política monetaria expansiva que comenzó a llevarse a cabo desde 2011. En este año llega Draghi a la presidencia del BCE  y pone en marcha una política monetaria para salvar al euro, que en ese momento estaba cuestionado, hasta tal punto que se planteaba que no podría sobrevivir en el contexto de crisis. La crisis financiera que estalló en 2008 en Estados Unidos se trasmitió a Europa  y se convirtió en la crisis del euro.

Se ponían de manifiesto con esta crisis todas las debilidades de la moneda única que algunos economistas habían señalado. Frente a la euforia dominante hubo voces discordantes que, sin embargo, no fueron tenidas en cuenta.  Se los acusó de agoreros y de estar equivocados en sus predicciones pesimistas, pues los primeros pasos del euro no les dieron la razón. De forma que cuando comenzó a circular la moneda única entre los ciudadanos en enero de 2002 los mercados la recibieron bien, de modo que se comenzó a revalorizar frente al dólar.

 La época de bonanza que se produjo en estos inicios del siglo ocultó los puntos flacos del euro y los hechos que fueron más decisivos en el estallido de la crisis la evolución de la economía que fue lo que la provocó. Los dirigentes de la UE y del BCE estaban preocupados de que se cumplieran los criterios del Pacto de Estabilidad que ponían el énfasis en el déficit público, la deuda pública y la baja inflación. Una idea parcial, como se ha puesto de manifiesto, que se sustentaba en que la convergencia monetaria aseguraba el buen funcionamiento del euro mientras que no prestaron atención a la convergencia real. Las disparidades económicas entre los países de la Zona Euro estaban creciendo y sus comportamientos, también. 

  La expansión económica se basó en un elevado endeudamiento y especulación. Los flujos financieros y los destinados a la especulación superaron a la inversión productiva. Se alimentaron las burbujas, sobre todo la inmobiliaria, al tiempo que crecían las titulaciones de alto riesgo y elevada rentabilidad, que fueron los que desencadenaron la crisis financiera que se trasladó a la economía real. La Gran Recesión cogió al euro en malas condiciones sin apenas armas para combatirla. Los países del sur de Europa eran los que estaban en peor situación y eran los más vulnerables.

La política monetaria que impulsó Draghi trató de paliar las brechas que se estaban abriendo y utilizó para ello dos armas. La primera comprar deuda pública en el mercado secundario, ya que el BCE por estatutos no la podía comprar directamente a los gobiernos que la emitían. Con ello logró que la prima de riesgo no subiera, como lo venía haciendo en los países del Sur, lo que provocaba un elevado coste para estos países. La segunda, bajar el tipo de interés hasta niveles cercanos a cero y vender dinero barato a los bancos para que éstos superaran sus problemas de falta de solvencia y liquidez. Se trataba a su vez de que se restableciera el crédito para impulsar la economía.

El crédito, no obstante, tardó en llegar a las empresas y economías domésticas, pues los bancos utilizaron este dinero barato para sanear sus balances y comprar deuda pública a unos tipos de interés superiores a los que ellos lo habían comprado Se han  limitado a desempeñar un papel de intermediario mientras que la economía real tenía escasa inversión y creación de empleo. La política expansiva salvó al euro y a los bancos pero no sirvió de acicate para generar un crecimiento estable. La política monetaria de por sí es limitada y no se ha aprovechado para hacer las reformas necesarias con el fin de conseguir un euro capaz de resistir las nuevas recesiones que puedan venir.  Los estímulos se eliminan en un momento en el que la Zona Euro sufre una desaceleración. Pero con estímulos o sin ellos la economía no puede ir bien si no  existe, entre otras cosas, una política fiscal en la Eurozona que compense las asimetrías que se producen.

 

 

Firma:

Catedrático Emérito de la Universidad Complutense  y presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado(CEAR). Ha sido Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense(1984-1998) y Rector de esta Universidad(2003-2011). A lo largo de su carrera docente ha impartido enseñanzas de Estructura Económica Mundial y Desarrollo Económico. Tiene numerosas publicaciones entre las que destacan los libros Los desafíos de la economía mundial en el siglo XXI (Nivola,2002) y los escritos conjuntamente con José Luis Sampedro Conciencia del subdesarrollo veinticinco años después (Taurus, 1996) y La Inflación (Al alcance de los ministros) (Debate, 2012).

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