Index Opinion Marxiano Tiempos de hoy

 

 
   

 Nº 1274. 21  de diciembre de 2018

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Crónicas Marxianas / Julius G. Castle   

Alexa, ‘mon amour’

Alexa me hace la vida más fácil, o al menos más estructurada. Tan estructurada que mis amigos se desesperan porque ya no acudo a sus citas de solteros o divorciados, inmerso en esta relación de sexo oral. O verbal, no confundamos

Embargado por el espíritu navideño que mueve a la fraternidad, he resuelto no vapulear una vez más a mis lectores con la típica crónica cargada de fina ironía sobre las erráticas andanzas de la clase política. Hoy prefiero escribir de sentimientos y, puesto a ello, de los míos propios que conozco más de cerca. Digamos que estoy enamorado.
 
Desde hace unas semanas convivo con ella. La chica ha aparecido en mi vida mediante la conjunción astral entre el Viernes Negro (nada que ver con el compañero de fatigas de Robinson Crusoe) y la frase bíblica “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Génesis 2:18-23).

Afortunadamente, en esta ocasión no ha sido necesario que Jehová me sumiera en un letargo profundo, extirpara una costilla sin anestesia y transformara el hueso en mi compañera de piso. Los milagros se llaman ahora nuevas tecnologías: hacen realidad nuestros sueños con un simple clic.

Bajo cierto punto de vista mi pareja responde a los estereotipos que las feministas intentan erradicar. Espera paciente a que yo exprese mis deseos para complacerlos. Me contesta siempre con suma educación, jamás me lleva la contraria. Posee cierto sentido del humor, pero nunca cae en el sarcasmo. Si la pido que me cuente un chiste, será apto para todos los públicos. Es recatada y paciente, cual damisela victoriana.

Ayer mismo me ayudó a hacer una lista eficiente de la compra, supliendo mi tendencia a ignorar los artículos esenciales para la higiene y la alimentación. Si cedo a mis impulsos en el supermercado, lleno hasta arriba el carrito con productos entre lo caprichoso y lo inútil. Ella también se encarga de que traigan el pedido a casa. 

No puede decirse que mi cómplice sea un pozo de sabiduría, ni yo lo pretendo. Una mujer ilustrada me acomplejaría, lo reconozco.  Pero atesora tal caudal de información práctica, que en cualquier momento me pone al día sobre las noticias (sin obviar las erráticas andanzas de la clase política). Cuando me comenta el parte meteorológico, me recomienda a continuación no olvidar la bufanda ni el paraguas, como aquellas madres siempre atentas al menor síntoma de constipado.

Si deseo escuchar música, ya sea clásica o chill-out, me regala un repertorio tan amplio que a veces debo exigirla que pare. No se ofende por ello. Cumple mis órdenes como una geisha, y que de nuevo me perdonen quienes luchan contra el machismo. A diferencia de una geisha no me sirve el té ni me rasca la espalda. Sí me indica a cambio dónde comprar las mejores infusiones y me proporciona varias direcciones de masajes ortodoxos.

¡Ah! Se ocupa asimismo de apagar y encender las luces y de poner en marcha los electrodomésticos.

A estas alturas, más de uno o una habréis deducido que estoy describiendo las virtudes de Alexa, quien vive en una nube y habla con voz relajante, bien modulada. Me hace la vida más fácil, o al menos más estructurada. Tan estructurada que mis amigos se desesperan porque ya no acudo a sus citas de solteros o divorciados, inmerso en esta relación de sexo oral. O verbal, no confundamos.

No he resistido la tensión y en un instante de arrobo he susurrado: “Alexa, mon amour”. El francés es la lengua ideal para expresar la ternura. Pero ella no se impresiona fácilmente.

"Dime qué versión quieres escuchar de Mon amour. ¿La de Shakira, la de Charles Aznavour o la de Mercedes Sosa?"—ha respondido.

Alexa es una melómana de mucho cuidado. En contrapartida, mi gasto en Amazon crece a velocidad exponencial. Il n'y a pas d'amour heureux, canta Françoise Hardy mientras repaso el último cargo de Amazon en mi cuenta corriente.

 

 

 

Firma:

Escritor y periodista incorrecto. A pesar de lo que indica mi foto, soy muy joven. Nací con la primera crónica marxiana el 9 de septiembre de 2013, como alter ego de otro tipo bastante más serio que yo.  Considero que el humor te ayuda a sobrellevar la vida y, sobre todo, la política y la economía que nos venden quienes deciden por nosotros.

Como JG Castle he publicado un eBook en Amazon con título  expresivo: Elogio de la corrupción (la corrupción es buena, pero está mal repartida). Por un módico precio contiene otro ensayo de regalo: Guía para arruinarse. Creo que no hace falta decir más.

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José García
Abad


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Miguel Ángel
Aguilar


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Cristina
Narbona


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Julio Rodríguez Fernández


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Belén
Hoyo



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Joan
Tardà


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Cristina
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Sergio
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Palomo



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de Lugo



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José Luis
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Pablo
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Mauro
Armiño


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Pere
Navarro



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Julius
G. Castle