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 Nº 1274. 21  de diciembre de 2018

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Sin Maldad /
José García Abad

Como decíamos ayer, se impone una negociación realista

Ante la loquinaria trayectoria impuesta por Puigdemont /Torra creíamos ver división en el bando independentista y nos desojábamos y nos desorejábamos en espera de que Oriol Junqueras dijera un “hasta aquí hemos llegado”. Ciertamente hay suficientes indicios de discrepancias tácticas y estratégicas en el campo independentista, pero lo cierto es que esas discrepancias quedan silentes y el bloque independentista es un bloque unido en lo que se refiere a la acción. En este campo predomina el horror de ser tachados de traidores.


Lo que se ha producido es lo contrario. Lo que en tiempos de Rajoy se percibía como un bloque constitucional integrado por el PP, el PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos es hoy, con Pedro Sánchez al frente del Gobierno, todo menos un bloque. O mejor dicho, sólo se percibe un bloque: el formado por el PP, Ciudadanos y Vox. Las tres derechas.

 “Se impone una negociación realista”. Así titulaba yo mi última columna del pasado año en El Siglo. Las reflexiones que hacía entonces siguen valiendo un año después. Resisto la tentación de repetir hoy aquel artículo porque en este año han pasado cosas muy gordas, pero sí reproduzco el titular, que sigue siendo válido: se impone una negociación realista, con la esperanza de que en esta ocasión se avance más en el intento de desdramatizar una situación alarmante.

Ciertamente, en este año que termina se han sucedido acontecimientos que podrían facilitar el diálogo, o que, al menos, nos permitiría salir del estéril estancamiento que se produjo tras las elecciones catalanas del 21 de diciembre de 2017 realizadas bajo el artículo 155 de la Constitución Española.

Unas elecciones en las que los independentistas volvieron a controlar el Parlament pero sin ganar el plebiscito. Unas elecciones en las que se desplomó el Partido Popular y vimos el ascenso inusitado de Ciudadanos de la mano de Inés Arrimadas, que cosechó una cuarta parte de las papeletas emitidas, más de un millón, colocándose en la primera posición en las ciudades más pobladas. Unas elecciones en las que un Puigdemont en el exilio adelantó a un Junqueras en prisión imponiendo un ‘president’ impresentable y un camino suicida.


Sánchez o el fin del no hacer nada de Rajoy
En este año han pasado muchas cosas, pero destaca una que puede ser decisiva para recuperar alguna forma de diálogo: un voto de censura que desahució a Mariano Rajoy del palacio de la Moncloa donde lleva residiendo Pedro Sánchez durante el último semestre. Con el presidente socialista se ha eliminado la errónea estrategia de su antecesor de esperar sin mover un músculo la caída del suflé.

Las circunstancias permiten ahora conversaciones para resolver el peliagudo problema de que Cataluña esté partida por la mitad, todavía una mitad un poco, muy poco más amplia para los que no quieren la independencia. Sánchez debe persistir en su empeño de evitar que la división política desemboque en una ruptura de la convivencia ciudadana. 

El empeño no es fácil. Incluso se empezó mal, al entender gente del bando independentista que celebrar un Consejo de Ministros en Barcelona el 21 de diciembre, la misma fecha de las elecciones del artículo 155, era una provocación y al sostener los tres partidos de la derecha en bloque que la forma en que se produciría ese Consejo era una traición.

Sin embargo, al tiempo que se encontraban fórmulas para templar gaitas en la celebración del Consejo de Ministros en Barcelona, con una ‘cumbre’ bilateral que apenas era cumbrecita y un encuentro de ministros con ‘consellers’ que no pasaba de encuentrito, Sánchez se encontró con la buena noticia de que Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) aprobaba el pasado jueves el límite de gastos de los Presupuestos Generales del Estado, paso importante para la aprobación de los mismos.

Una división independentista que no se produce mientras campa entre los constitucionalistas
Ante la loquinaria trayectoria impuesta por Puigdemont /Torra creíamos ver división en el bando independentista y nos desojábamos y nos desorejábamos en espera de que Oriol Junqueras dijera un “hasta aquí hemos llegado”. Ciertamente hay suficientes indicios de discrepancias tácticas y estratégicas en el campo independentista, pero lo cierto es que esas discrepancias quedan silentes y el bloque independentista es un bloque unido en lo que se refiere a la acción. En este campo predomina el horror de ser tachados de traidores.

Lo que se ha producido es lo contrario. Lo que en tiempos de Rajoy se percibía como un bloque constitucional integrado por el PP, el PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos es hoy, con Pedro Sánchez al frente del Gobierno, todo menos un bloque. O mejor dicho, sólo se percibe un bloque: el formado por el PP, Ciudadanos y Vox. Las tres derechas.
Ello parece demostrar que las apelaciones a la unión ante cuestiones fundamentales de Estado sólo funcionan cuando gobierna la derecha.

 

 

Firma:

Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

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