Opinion Estrada Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1281. 15 de febrero de 2019

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Tribuna / Bruno Estrada

Odio

La profanación de las tumbas de Pablo Iglesias y La Pasionaria revela cómo cuarenta años después un odio tan obsceno aún puede brotar con tanta brutalidad, arrasando con todo lo que nos hace humanos


Era un fría noche de febrero. De pronto, sonó el timbre de la casa de Yolanda. Al abrir se encontró de frente con varios pistoleros fascistas; intentó cerrar la puerta pero no pudo. Yolanda González, una joven estudiante de diecinueve años, fue secuestrada, torturada y asesinada por el Grupo 41 de Fuerza Nueva, el crimen más brutal de la Transición.

El único ‘crimen’ que cometió Yolanda fue ser una conocida líder estudiantil de izquierdas de las movilizaciones de 1979-1980, en las postrimerías de los convulsos tiempos de la Transición.

Esto ocurrió hace 39 años, en Aluche. Hace poco más de dos meses el Ayuntamiento de Madrid inauguró una placa con su nombre en el parque de su barrio, para que las víctimas no sean olvidadas. La mejor forma de impedir que se repitan actos tan crueles.

Sin embargo, algo oscuro, muy turbio, ha pasado en los dos últimos meses. Desde su inauguración la placa ha sufrido varias agresiones. Primero pintaron con un espray una cruz gamada tachando su nombre. Poco tiempo después, la placa fue destrozada a mazazos. Salvaje vandalismo contra la memoria de una simple víctima. Odio en estado puro.

Con posterioridad han sido ultrajadas las tumbas de Pablo Iglesias, el fundador del PSOE, y de la dirigente comunista Dolores Ibárruri, ‘La Pasionaria’.

Resulta enormemente triste ver cómo cuarenta años después un odio tan obsceno aún puede brotar con tanta brutalidad, arrasando con todo lo que nos hace humanos.

No es casual que esto suceda en nuestro país en un momento en el que importantes líderes políticos están utilizando, otra vez, la palabra España como algo excluyente.

Cuando se define como antiespañoles a la mitad de la población nos estamos adentrando en un espacio peligroso. Es evidente que no estamos en la misma situación política y social que en 1936. La sociedad española de hoy tiene muchos más anticuerpos democráticos que la de hace ochenta años. Ya dijo C. Marx: “La historia se repite dos veces, primero como tragedia y después como farsa”.

No obstante, es muy preocupante ver como una parte de la derecha, no sólo en nuestro país, sino también en EE UU (Trump) o Brasil (Bolsonaro), ha percibido que tiene réditos electorales el recuperar el discurso del odio al diferente, a los inmigrantes, a los homosexuales, a los musulmanes, a los agnósticos, a los rojos, a los que no se sienten españoles como ellos, a los catalanes. En suma, a los que piensan, viven, aman diferente.

La crisis financiera de 2007-2008 permitió que la izquierda recuperara importantes espacios de hegemonía cultural en el ámbito económico frente al neoliberalismo. Sin embargo, la victoria de Trump en EE UU ha abierto un nuevo escenario a la derecha: ellos también pueden realizar un discurso dirigido a los olvidados por la crisis, utilizando elementos identitarios excluyentes. De esta forma han podido recoger un buen número de votos de los perdedores, de aquellos cuyas condiciones materiales no han mejorado sustancialmente en la época de recuperación económica, o de quienes afrontan el futuro con enormes incertidumbres.

Ya nos lo dijo el filósofo Bernard Mandeville hace dos siglos: “En una nación libre en la que no se permite la esclavitud, la riqueza más segura consiste en una multitud de pobres laboriosos (...) es un requisito que un gran número de personas se mantengan tan ignorantes como igualmente pobres”.  Para las élites políticas y económicas el filósofo holandés ofrece una sencilla y efectiva guía para que puedan mantener sus privilegios: cuantos más pobres haya tendrán un mayor peso los valores de supervivencia, y los individuos con valores altruistas serán más escasos. 

Sin embargo, lo que nos enseña la biología es que la diversidad es la base de la vida. Es inaceptable un discurso político basado en el odio a las víctimas.

 

 

Firma

Economista, adjunto a la Secretaría General de CC OO. Es director adjunto del Programa Modular de Relaciones Laborales de la UNED y miembro del Consejo Ciudadano de Podemos de la Ciudad de Madrid. Fue miembro fundador de Economistas Frente a la Crisis. Ha publicado diversos libros, el más reciente La Revolución Tranquila (Ed. Bomarzo). Autor de la obra de teatro Escuela Rota y productor de varios cortometrajes y películas con los que la productora Dexiderius ganó dos Goyas. 

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