Opinion Cronicas Marxianas Tiempos de hoy

 

 
   

 Nº 1282. 22 de febrero de 2019

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Crónicas Marxianas / Julius G. Castle   

Proceso al procés

Por el momento la escena cumbre del reality show corresponde a la declaración fraternal de Oriol Junqueras, hermanando a los pueblos y a las tierras del Estado. Resumo sus palabras: “Amo a España y a los españoles, siempre lo he dicho”.

A lo largo de semanas sin cuento, vamos a disfrutar la judicialización de la política con el proceso al procés. O el procés al proceso, tanto da. En cualquier caso, una redundancia kafkiana. Recordemos que otras dos obras del escritor checo se titulan Ante la ley y La condena. No añado más.

Me dice un amigo con mando en una productora de series audiovisuales, que el personal teleadicto no sigue con especial entusiasmo las entregas del Gran Hermano judicial en su primera entrega trimestral. Eso en el ámbito nacional, pues, muy al contrario, en los medios catalanoparlantes la madre de todos los juicios pulveriza las cuotas de audiencia.

Hasta un 20% de internautas catalanes mira el proceso por el móvil. En sus casas no se habla de otra cosa, desde el desayuno a la cena. Para ser más preciso, en sus casas ni se habla ni se come, colgada como está la familia de la pantallita del inalámbrico, sesión tras sesión.

Por el momento la escena cumbre del reality show corresponde a la declaración fraternal de Oriol Junqueras, hermanando a los pueblos y a las tierras del Estado (véase https://bit.ly/2V9fHWF). Para quienes dé pereza pinchar el enlace, resumo sus palabras: “Amo a España y a los españoles, siempre lo he dicho”.

Días después Santiago Abascal ha seguido la senda de la concordia marcada por el líder independentista: “El sentido común y el amor a España se abren paso”. Si sacamos ambas frases de contexto, no se descarta un pacto entre Esquerra Republicana de Catalunya y Vox después de las elecciones. Todo por la Patria.

Con el fin de reducir las tensiones interterritoriales, la empresa de mi amigo ha puesto en marcha el rodaje de tres series. Contemplarán la causa desde perspectivas ideológicas diferentes para llegar a las clientelas más amplias. Veamos cada una de ellas.

La primera es una adaptación de Doce fuera de casa, simpática comedia americana protagonizada por Steve Martin. Sinopsis: una docena de niños revoltosos hacen una y mil pillerías en un colegio bilingüe, sin la menor intención de causar daño. Pero la intransigencia de los mayores los lleva a un internado, lejísimos del hogar paterno. Hablada en catalán, se doblará a todas las lenguas del universo para internacionalizar la serie.

Nueve hombres y tres mujeres sin piedad se dirige a un sector mayormente españolista.  Inspirada en la pieza original de Reginald Rose, incorpora a tres féminas y reduce el elenco masculino. El argumento desarrolla la conspiración de doce desalmados para destruir la feliz convivencia en una localidad indeterminada. El desafío, un auténtico golpe de Ayuntamiento, obliga al sheriff a recluirlos en los calabozos, a la espera de un juicio por rebelión armada y por provocar discusiones entre los familiares cuando almuerzan todos juntos el domingo.

Por último, Doce del patíbulo se plantea para públicos minoritarios, pero en Franco crecimiento. Para no herir otras sensibilidades, el guion se retrotrae a la Edad Media. Los acusados niegan arteramente su participación en los hechos, a lo largo de un proceso con todas las garantías de la época. Exclaman al unísono que cuanto hicieron fue una representación teatral de aficionados, sin ánimo de causar destrozos. No obstante, son quemados en la plaza pública, para cuya reconstrucción se utilizará un plató de Televisión Española.

—Echo de menos un amplio segmento de espectadores –digo al productor–. ¿No habéis pensado en rodar una cuarta versión para la gente de izquierdas?

—Sería tirar el dinero. Hemos hecho una encuesta entre militantes y votantes. Tal como imaginábamos, están hechos un lío. Ni saben ni contestan.

 

 

Firma:

Escritor y periodista incorrecto. A pesar de lo que indica mi foto, soy muy joven. Nací con la primera crónica marxiana el 9 de septiembre de 2013, como alter ego de otro tipo bastante más serio que yo.  Considero que el humor te ayuda a sobrellevar la vida y, sobre todo, la política y la economía que nos venden quienes deciden por nosotros.

Como JG Castle he publicado un eBook en Amazon con título  expresivo: Elogio de la corrupción (la corrupción es buena, pero está mal repartida). Por un módico precio contiene otro ensayo de regalo: Guía para arruinarse. Creo que no hace falta decir más.

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Julius
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