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 Nº 1282. 22 de febrero de 2019

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Sánchez ha confiado a Ábalos los retos más importantes del PSOE desde que emprendiera el camino de regreso al partido tras su dimisión, y también del Gobierno Maroto apoyó a Casado el pasado julio porque les unen los mismos principios y valores y porque, como demostró rompiendo con el sorayismo vasco, “no se casa con nadie”

Dentro de tres meses se habrán celebrado cuatro elecciones. En dos meses, las generales que todo lo abarcan, también las autonómicas y municipales pendientes ya de cómo se vaya a resolver el duelo entre Pedro Sánchez y Pablo Casado.

Porque son más los contendientes en liza pero, salvo inédito sorpasso, los líderes del PSOE y de PP son los que más posibilidades tienen de ganar –que no de gobernar– el 28 de abril. Dos líderes que, de aquí a la fecha elegida por el socialista haciendo uso de su prerrogativa como presidente del Gobierno, han de acertar con el mensaje, la estrategia y las personas que definirán sus candidaturas.

En el capítulo humano, Sánchez y Casado lo han tenido claro. El secretario general socialista y el presidente popular han designado a sus secretarios de Organización jefes de campaña. Dos figuras clave en sus respectivas biografías políticas desde que cada uno de ellos emprendiera el camino hacia el liderazgo en sendos procesos de elección internos.

El de Pedro Sánchez arrancó en Xirivella, la localidad valenciana donde reapareció por primera vez en público tras el traumático Comité Federal de 1 de octubre de 2016 y su renuncia al escaño en el Congreso. El artífice del acto en la Plaza de la Concordia fue José Luis Ábalos, entonces secretario general provincial del PSPV-PSOE de Valencia.

El entonces exlíder socialista y él ya se conocían, pero fue a partir de ese momento cuando su relación se estrechó hasta el punto de que el valenciano fue el sostén de Sánchez cuando los ánimos flaqueaban. Después llegó el trabajo fino, el que le ha dado fama de hábil negociador capaz de pacificar a un partido que sangra por las heridas desde que los barones provocaron una situación insostenible para Ferraz aquél aciago 1 de octubre.

Afiliado al PSPV-PSOE desde principios de los ochenta y maestro de formación –es diplomado en Magisterio– y profesión –es profesor de primaria–, entró en política como colaborador de altos cargos de la Generalitat Valenciana hasta que en 1999 consiguió el acta de concejal en el Ayuntamiento de Valencia para más tarde ascender a diputado provincial y, en 2008, nacional.

Antes de aquello y desde su territorio participó de manera activa en la vida interna del partido. Apoyando primero en unas primarias que no llegaron a celebrarse a su ahora compañero en el Consejo de Ministros, Josep Borrell, y apostando después por José Luis Rodríguez Zapatero en un congreso donde el leonés ganó por la mínima. También intentó ser secretario general del PSPV-PSOE, pero tras una dura campaña perdió por diez votos frente a Joan Ignaci Pla, que le nombró vicesecretario general.

A partir de aquella experiencia, Ábalos encontró su sitio en segunda línea. Una segunda línea privilegiada e influyente. Tanto como para que Sánchez le pusiera al frente de la fontanería de Ferraz como secretario de Organización, le nombrara portavoz interino del grupo socialista en el Congreso tras ser reelegido secretario general sin escaño y le sentara en su Consejo de Ministros como titular de Fomento.


Pedro Sánchez hizo su entrada en el acto de presentación de la campaña del PSOE acompañado de Calvo y de Ábalos. / EUROPA PRESS

Compatibilizando los dos cargos, el valenciano es, con Carmen Calvo, uno de los dos ministros con asiento en el sanedrín que todos los lunes han perfilado las líneas maestras del Gobierno junto al jefe de gabinete del presidente, Iván Redondo, la portavoz del PSOE en el Congreso, Adriana Lastra, y el secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver.

Durante los últimos meses, uno de los temas fijos en la agenda ha sido la conveniencia o no del adelanto electoral. Ábalos era partidario de anticipar las generales para celebrarlas antes incluso de las municipales y autonómicas del 26 de mayo. La duda estaba en ir a las urnas si no se podían aprobar unos nuevos Presupuestos o aguantar con decretos. Al final, la foto de Colón de los tres líderes de la derecha inclinó la balanza a favor de la primera opción. Y la maquinaria socialista, engrasada ya por el secretario de Organización, se ponía a funcionar.

La acción política y organizativa del PSOE está lista desde el pasado mes de octubre, cuando Ferraz presentó su comité electoral para preparar al partido de cara a las municipales, autonómicas y europeas y, a partir de ahora, de las generales. Al frente y con cargo de coordinador general está José Luis Ábalos, encargado de que el partido resista la envestida de la derecha, por un lado, y de la debilidad demoscópica de Podemos, por otro. De forma paralela, la vicesecretaria general y portavoz parlamentaria, Adriana Lastra, coordina un comité de estrategia electoral.

 

Un comité electoral para una España diversa
En la coordinación del comité electoral Ábalos está acompañado por el fichaje estrella del presidente nada más llegar a Moncloa, Iván Redondo. A las órdenes de ambos aparecen como vicecoordinadores dos hombres del ministro, que han formado parte del equipo de la secretaría de Organización desde la victoria de Sánchez en las primarias. Uno es Santos Cerdán, en quien Ábalos delegó el día a día del partido tras su nombramiento al frente de Fomento. Este navarro, que ya fue secretario de Organización en su federación, se ha convertido en los ojos y oídos de Sánchez en el partido.

El otro nombre es el de Francisco Salazar, que ahora trabaja como director de Estudios y Análisis en Moncloa, reportando a Redondo, pero que conoce bien la fontanería de Ferraz como secretario de Acción Electoral. Sevillano, Salazar fue uno de los encargados de pilotar la campaña de las primarias en Andalucía de la mano del alcalde de Dos Hermanas, Francisco Toscano.

En este engranaje electoral del PSOE también aparecen otros nombres muy cercanos a Sánchez, como el de la dircom de Ferraz, Maritcha Ruiz, como coordinadora del área de Comunicación; el de la vicesecretaria general y portavoz parlamentaria, Adriana Lastra, al frente del comité de estrategia electoral; el de la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, a cargo de la elaboración del programa electoral, y el del diputado y exalcalde de San Sebastián, Odón Elorza, su adjunto en esta área de responsabilidad.

Con la ventaja del que tiene hilo directo con el epicentro de la toma de decisiones de Gobierno, el PSOE daba el pasado martes el pistoletazo de salida a la precampaña de las generales con un acto de presentación del que se extrajeron algunas claves. La primera, que no estaban todos los ministros y ministras pero sí los más políticos y los que desean seguir en el Gobierno o, al menos, en la bancada socialista del Congreso.

La segunda es que, ya que la foto de Colón acabó por decantar la voluntad de Sánchez a favor del adelanto electoral, el mensaje de campaña va a explotar la imagen de Colón confrontando el concepto de esperanza, representando por un socialismo inclusivo en una España diversa, frente a la del miedo, una emoción provocada por “el tripartito de derechas”.

La tercera, que la campaña del PSOE va a estar muy centrada en la figura de su candidato. La llegada al acto de Pedro Sánchez fue simbólica, haciéndose acompañar por su vicepresidenta, Carmen Calvo, y por su ‘vicepresidente’ en la sombra, José Luis Ábalos. Al tomar asiento, éste se giró para abrazarse con Iván Redondo, el otro gurú del presidente del Gobierno.

La celebración de las generales un mes antes de las autonómicas ha desactivado las críticas de los barones, pero el líder socialista no quiere dejar nada al azar y el núcleo duro que le ha acompañado estos últimos meses, particularmente Ábalos desde que en octubre de 2016 emprendiera el camino de regreso a la secretaría general del PSOE, permanece a su lado.

Y aunque los partidos tienen de plazo hasta principios de abril para presentar sus listas electorales –el día 3 se han de publicar en el BOE–, el PSOE no lo va a demorar más que unas semanas y se habla ya de una profunda renovación en las candidaturas, que no se espera que den problemas al comité federal después de que la fontanería de Ferraz, en manos de Ábalos, haya logrado taponar –que no cicatrizar– las heridas en las federaciones socialistas.

Ábalos es un negociador respetado en el seno del PSOE y Maroto ha sido uno de los ejecutores del doble pacto que ha hecho posible la presidencia del PP de la Junta de Andalucía.

 

Rompiendo moldes
Algo parecido ocurre en el PP. Desde que tomara las riendas del partido, Pablo Casado ha ido adaptando Génova, 13 a su imagen y semejanza, con dirigentes de su misma generación y desinhibición ideológica y con antiguos colegas a las órdenes de José María Aznar en Moncloa o en la fundación Faes.

Javier Maroto pertenece al primer grupo. Él fue la notable excepción del PP vasco que apoyó la candidatura de Soraya Sáenz de Santamaría. El hoy vicesecretario de Organización respaldó a Pablo Casado en el proceso de elección de la persona que debía suceder a Mariano Rajoy mientras compañeros como Borja Sémper o Iñaki Oyarzábal hicieron piña con el sorayo Alfonso Alonso para respaldar a la que había sido vicepresidenta del Gobierno.

Aquella elección, según fuentes populares, tuvo tres causas. Por un lado está la amistad que Maroto y Casado comenzaron a entablar después de que Mariano Rajoy les nombrara vicesecretarios en 2015 para tratar de frenar la sangría de votos sufrida en las municipales y autonómicas de aquel año dando imagen de regeneración. Después está la coincidencia ideológica entre ambos dirigentes. Y hay quien apunta antiguas diferencias entre el exalcalde de Vitoria y su antecesor en el cargo.

Estas fuentes remiten a la época en que Arantza Quiroga era la presidenta del PP en Euskadi. El sector alavés liderado por Alonso no le perdonó que apartara a Oyarzábal de la secretaría general y el conflicto entre la presidenta de la formación autonómica y el entonces ministro de Sanidad extrapoló el ámbito vasco para convertirse en un elemento más de la refriega entre Santamaría y María Dolores de Cospedal, que estuvo del lado de Quiroga hasta que dimitió en 2015; trató de impulsar un grupo de trabajo parlamentario con EH Bildu para superar los años del terror y las críticas de Alfonso Alonso a sus propuestas la abocaron a dejar el cargo.

Dicen hoy fuentes populares que a Maroto no le gustó cómo se gestionó un asunto que tenía más de lucha de poder que de auténtica confrontación política. Y, como “él no se casa con nadie”, tampoco se vio en la obligación ni en la necesidad de seguir también en las primarias del PP a quien está considerado su mentor.

Cuando tenía 27 años, después de trabajar en empresas tecnológicas y habiendo ingresado en las Nuevas Generaciones del PP de Álava, este licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Comercial de Deusto fue nombrado teniente de alcalde y concejal de Hacienda por Alonso. Y cuando su antecesor decidió centrarse en la política nacional, Maroto tuvo vía libre para ser elegido alcalde de Vitoria en las elecciones de 2011.

La primera vez que Maroto recogió su acta de diputado por Álava en el Congreso fue también para sustituir a Alfonso Alonso, que en octubre de 2016 abandonaba su escaño para incorporarse al Parlamento autonómico tras las elecciones vascas de aquel año. Para entonces, el que fuera nombrado vicesecretario de Acción Sectorial por Mariano Rajoy pasaba tanto tiempo en Madrid que había descuidado sus labores en la portavocía del Ayuntamiento de Vitoria, donde fue el candidato más votado en los comicios municipales de 2015 pero que con nueve concejales no pudo evitar que una coalición de abertzales y socialistas le arrebatara el bastón de mando.

 


Casado ha confiado su campaña a Maroto después de que lograra, junto a García Egea y Marta González, atar la presidencia de la Junta de Andalucía. / EUROPA PRESS

Cuando llegó Maroto al Congreso, en el grupo parlamentario popular ya se había empezado a gestar el germen del casadismo. Quienes rodeaban al joven diputado por Ávila tenían en común su juventud y sus ganas de regresar a los principios y valores del partido después de años de crisis en que la realidad se había impuesto a la ideología. Y el vicesecretario alavés respondía a ese perfil.

Vasco, gay y del PP, Javier Maroto tiene identidad propia, pero eso no ha sido nunca obstáculo en su partido. La misma formación política que presentó un recurso de inconstitucionalidad contra el matrimonio homosexual lo retiró de facto asistiendo a su boda en septiembre de 2015, con presencia de Mariano Rajoy y también de Pablo Casado.

Por lo demás, incluido el liberalismo económico y el conservadurismo en aspectos como la interrupción voluntaria del embarazo –“en España el aborto se está utilizando como una herramienta de conciliación”, declaraba recientemente en Antena 3–, coincide con el discurso que llevó a Casado a imponerse en el congreso extraordinario del pasado julio frente a María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría.

“Es muy fácil trabajar con él” y con su jefe de gabinete, Rafa Lasa. “Es muy querido en Génova” y tiene “buena prensa” porque mantiene “buena relación” con los medios. Quienes han trabajado con el vicesecretario de Organización, cargo al que ascendió tras la remodelación que hizo Casado del partido, esperan lo mismo de él ahora que es jefe de campaña.

 

Apelación al “voto útil”
El nombramiento se anunció en el Comité Ejecutivo Nacional del PP celebrado el 4 de febrero. En rueda de prensa y sin saber aún que se adelantarían las generales al 28 de abril, el propio Maroto apeló al “voto útil” frente al resto de partidos de la derecha y anunció que el programa electoral incluirá “una revolución fiscal”, el impulso a la cohesión territorial, la defensa de la sanidad y la educación “en libertad” o una “apuesta firme” contra la violencia de género, asunto este último que el PP se ha visto obligado a subrayar tras el pacto andaluz con Vox.

Ese pacto lleva por cierto la firma de Javier Maroto; junto al secretario general, Teodoro García Egea, y la vicesecretaria de Comunicación, Marta González, llevó el peso de la negociación a dos bandas –también con Ciudadanos– para hacer posible la investidura de Juan Manuel Moreno como presidente de la Junta de Andalucía. Y cabe señalar que, tras la polémica a cuenta de la Consejería de Familia, que exigía Vox y que rechazaba Cs, los populares hallaron una solución intermedia con la integración en la Consejería de Salud de un área dedicada a las Familias, incluidas las monoparentales o las formadas por parejas del mismo sexo.

“De lo que no cabe duda es de que Maroto se identifica con el casadismo”, dicen fuentes populares preguntadas por su elección como jefe de campaña, un cargo con el que los antecesores del presidente del PP han distinguido siempre a personas de su máxima confianza. Después de participar en la gestión de las candidaturas a Ayuntamientos y Comunidades Autónomas, el número tres del partido también tendrá algo que decir en las listas al Congreso y al Senado con una premisa fundamental: renovación y regeneración. Es decir, ni enemigos internos ni veteranos que taponen el ascenso de los jóvenes que hicieron posible el cambio de rumbo en el PP con sus votos en primera y segunda vuelta en el cónclave del pasado julio.
 
Como ocurre también con la campaña del PSOE, la del PP está volcada en la figura del candidato y de ella se harán cargo personas de su más estrecho círculo. Como directores adjuntos, además de Rafa Lasa aparecen Javier Fernández-Lasquetty, jefe de gabinete de Casado, o Rafa Rubio, su amigo personal y experto en comunicación política. De la campaña del presidente se encargará la número dos de su gabinete, Isabel Benjumea, y de coordinar la comunicación la dircom de Génova, María Pelayo. Otros nombres a destacar son el de su antiguo jefe de gabinete, Pablo Hispán, que se hará cargo de la coordinación del programa electoral, o el del diputado y alcalde de Boadilla del Monte (Madrid), Antonio González Terol, como responsable de programas provinciales.

Definidos los equipos y esbozadas las estrategias son ahora los generales del 28-A quienes deben llevar a sus ejércitos a la victoria. Una victoria que no será suficiente para gobernar pero que para Ábalos o para Maroto puede suponer la gloria.