Tribuna Cultural / Mauro Armiño Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1290. 18  de abril   de 2019

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Tribuna Cultural / Mauro Armiño

La historia bien servida

Un integrante de un CDR increpa al presidente de la Generalitat, Quim Torra. / EUROPA PRESS

‘Malhaya’ quien grita “Yo soy el pueblo”, como hizo Quim Torra, sustituto vicario del fugado Puigdemont, cuando una parte de los suyos, los CDR, lo increparon; copiaba a Jean Luc Mélenchon, líder de la France Insoumise –izquierda-izquierda–, que, en octubre pasado, banda tricolor en pecho, se enfrentó aullando “La République, c’est moi” a la comisión judicial que buscaba en su domicilio y en el local del partido documentación relativa a dos imputaciones que sobre él pesan: empleos ficticios de asistentes parlamentarios cuando era diputado europeo, y las cuentas de la campaña presidencial. Ni que fueran Luis XIV.

‘Malhaya’ quien cree –una tal Laura Hermoso–­ que “esto también es cultura”: y “esto” era una paellada-botellón en la que participaban 25.000 universitarios (¿hay tantos en Valencia?); estaba prohibido por el Ayuntamiento de Valencia por incumplimiento de normativas municipales.

‘Malhaya’ el sustituto (Pedro Rollán) del sustituto (Ángel Garrido) de la encausada presidenta de la Comunidad de Cristina Cifuentes; es decir, tercera regional; tres meses antes de hacerse con ese entorchado, representaba al gobierno autónomo en la bendición de un camión de la basura en Navas del Rey. El párroco rezaba: “Derrama tu bendición sobre este vehículo”; bastaría con echar en él la basura del pueblo. Imaginen, aunque esté en funciones, a qué inmundicias y cochambres puede llegar este Rollán.

‘Malhaya’ quien elige a toreros (Abellán, Salvador Vega), viejos espadones retirados (PP, Ciudadanos) con ansias de revivir su juventud guerrera, tertulianos más activistas de la derecha que otra cosa, con carné del PP aunque no lo tengan (Edurne Uriarte, Pablo Montesinos), hijo metepatas de expresidente (Suárez) en cuya boca abundan las necedades, como que recurrió a “sus abogados de Nueva York” para que le confirmaran que en esa ciudad no se mataba a los recién nacidos. Están en su derecho; total, para lo que sirven muchos diputados, como explicó aquel del PP: él se limitaba a levantar el dedo cuando su jefe de fila lo ordenaba en las votaciones del Congreso.

Carlos el batallador

Carlos V en la batalla de Mühlberg, de Tiziano. / MUSEO DEL PRADO

La historiografía reciente está poniendo al descubierto las vidas de personajes de la historia española con buena y nueva documentación que desmonta mitos y leyendas: a las de Fernando VII, Concepción Arenal,  o Espartero (la tengo pendiente de lectura) se han  sumado en este arranque de año dos biografías importantes: la de el emperador Carlos V y la de la escritora Emilia Pardo Bazán. La primera es obra de Geoffrey Parker, hispanista de origen británico (ahora en la universidad de Ohio) a quien debemos la dilucidación de personajes, episodios y periodos de la historia española: Carlos V (traducción de Victoria E. Gordo. Planeta) viene a continuación de su anterior y magistral trabajo Felipe II (2010).

La exhumación de documentos para la biografía del hijo ha servido también para la del padre; por ejemplo, las “Instrucciones de Carlos V a Felipe II”, que Parker ha descubierto que fue escrito de puño y letra del Emperador. Carlos I de España y V de Alemania, como nos enseñaban en el colegio, fue coronado  emperador del Santo Imperio Romano Germánico en 1530, con apenas treinta años –media Europa casi–, que terminó ganando a base de batallas y tratados. Gran guerrero, según Parker, de coraje notorio al frente de sus tropas, quiso hacer posible el sueño de una sola cabeza al frente de la cristiandad para frenar el avance del Imperio otomano. Demasiada extensión había de tener brechas por muchas partes: en términos políticos, se revolvieron Flandes y el Brabante, hubo de enfrentarse a Francia; por la parte religiosa tuvo que asistir al nacimiento de la Reforma protestante de Lutero que dividía su Imperio, sin contar las revueltas internas en Castilla. Frente a los éxitos, Parker desgrana también los fracasos: ante Francia, ante el avance luterano, ante los berberiscos de la expedición a Argel… Sin embargo, pone de relieve y elogia su buena gestión en la América recién “descubierta”:  defendió los derechos de los nativos americanos, y sus edictos crearon de hecho el imperio español en América; su muerte fue celebrada con procesiones en su honor por miles de personas en las capitales de los principales virreinatos.

En el aspecto humano, Parker destaca algunos aspectos negativos, como el trato que dio a su madre Juana conocida como la Loca, a la que robó tapices y joyas, “apuñaló” al casar a su hermana Catalina con el rey de Portugal, y confinó hasta su muerte; además, faltaba a sus promesas –esencia del político que ha leído a Maquiavelo– en sus pactos con otros reyes –sobre todo con Francisco I de Francia, aunque tal para cual–; a los cincuenta y seis años, Carlos decidió retirarse, quizá como lector del ideal que Erasmo marcaba para el príncipe cristiano, y con toda seguridad agotado por la enfermedad y desanimado por sus fracasos; tras la abdicación y el retiro en Yuste, su poder se desvanece, su hijo Felipe II hace caso omiso de sus consejos y sus antiguos ministros apenas lo consultan. Y muere a los dos años de su regreso a España:  el Clinic de Barcelona, que analizó un dedo cortado del cadáver en 2004, descubrió, además de la tradicional gota que se le adjudicaba, rastros de paludismo y de malaria, enfermedad con alta densidad en las inmediaciones del monasterio de Yuste, y a la que no fue ajena “la decisión de Carlos de construir estanques y una fuente junto a su aposento”.  Ejemplar biografía.

Doña Emilia: feminista y católica ferviente

Isabel Burdiel firma esta ejemplar biografía de Emilia Pardo Bazán.

Como lo es también, aunque en otro registro, el literario, la de la escritora Emilia Pardo Bazán (Taurus) de Isabel Burdiel, que supone un avance no sólo para el conocimiento de la novelista, sino también para las relaciones de la autora de Los pazos de Ulloa con la marcha histórica de la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX: Burdiel se declara historiadora política, lo cual es de agradecer porque no se limita al estudio literario, sino a la situación de la obra en medio de la convulsa vida política española de ese periodo. Aristócrata aferrada a los valores conservadores, en su primera época tendría ciertos pruritos liberales que culminan en su ensayo La cuestión palpitante, un intento de adaptar el naturalismo francés; pero luego evolucionó hacia atrás: mientras Galdós, con el que mantuvo años de amores –puede verse la correspondencia entre ambos, deliciosa con unos ribetes de cursilería muy de época (Miquiño mío, Turner, 2015)– , “tras sus ardores republicanos” se envolvía en “una nube de escepticismo político (...), ella se volvió más y más ardorosamente política, y la nube que la envolvió en sus últimos años fue la de «la patria en peligro»”.  El mismo lema del trío calavera de la plaza de Colón madrileña.

El ensayo citado (1883) promueve un naturalismo que se acoge a Émile Zola; pero a éste le extrañaba que la condesa fuese tan fervorosa adicta de su causa por un lado y católica convencida por otro, sobre todo porque la española negaba la base determinista del autor de Thérèse Raquin. Al diluirlo, Pardo Bazán se acerca más que al francés, al realismo español, pero dando un vuelta de tuerca al pintoresquismo descriptivista de Pereda o Alarcón.

Cuentos contra la violencia masculina

Pardo Bazán desgrana en El encaje roto episodios y estampas de brutalidad masculina.

Si ya apenas se leen sus novelas Los pazos de Ulloa, La tribuna o La madre naturaleza –no sólo porque no hay lectores para ese tiempo pasado (salvo Pérez Galdós o Clarín)–, el lector puede acercarse a sus cuentos, que escribió en gran número, unos seiscientos. La reciente antología de Cristina Patiño, que firma un estupendo prólogo, El encaje roto (Contraseña Editorial) permite un acercamiento a su prosa y a un tema de actualidad que queda subrayada por el subtítulo “Antología de cuentos de violencia contra las mujeres”. No tenemos estadísticas de lo que suponía esa lacra en la época, pero dados aquellos tiempos… Y hasta la actualidad… Pardo Bazán luchó por la igualdad de la mujer –buen ejemplo fue ella misma en su vida personal frente a la pacata (por decir algo) sociedad de ese período–. No parece que se haya conseguido mucho. En los treinta y cinco relatos de El encaje roto, desgrana episodios y estampas de brutalidad masculina protagonizadas por padres, novios o maridos, con algún ejemplo de castigo “milagroso”: la joven que se queja de maltratos al tabernero del pueblo es vengada por ese y otro vecino que, disfrazados de san Pedro y san Pablo, dan la merecida tunda al maltratador.

 

 

 

 

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Colaboradores

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José García
Abad

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Miguel Ángel
Aguilar
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Inmaculada
Sánchez
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Cristina
Narbona

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Hoyo

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Idoia
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Carles
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José Antonio
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José Luis
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Joan
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Mauro
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Pere
Navarro

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Julius
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Joan
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Ignacio
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Julio Rodríguez
Fernández
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Pablo
Bustinduy

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Jesús
Lizcano

   

 

 

Firma:

Escritor y traductor, ha publicado una novela, una plaquette poética y varios ensayos literarios. Colaborador de prensa, radio y televisión desde hace cincuenta años como periodista cultural y crítico de teatro, ha traducido, sobre todo, a los clásicos franceses (Molière, Voltaire, Rousseau, Rimbaud, Marcel Proust, etc.), y ha escrito y adaptado textos teatrales para la escena.  

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