Opinión Jesús Lizcano Tiempos de hoy

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 Nº 1299. 21 de junio de 2019

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Julio RodríguezTribuna / Jesús Lizcano

Necesidad de algunos cambios
en la ortodoxia económica

Mario DraghiEuropa Press

La subida de los tipos de interés no constituye la mejor solución para combatir la inflación y resolver los problemas de la economía real, sino todo lo contrario, y parece que así lo ha asumido el Banco Central Europeo, merced a su presidente Mario Draghi, que ha cambiado sustancialmente la política y las recetas monetarias que se venían aplicando anteriormente

En momentos como los actuales en los que el Banco Central Europeo viene adoptando medidas monetarias tan distintas a las que vino utilizando durante muchos años para fomentar la estabilidad de los precios y la economía europea, puede ser interesante hacer referencia y cuestionar algunos de los principios que son preponderantes en la ortodoxia económica.

Desde hace ya bastante tiempo se viene criticando a la Economía y a los economistas, considerándose que nos hemos ido quedando obsoletos. Parece que la Economía se encuentra por ello ante una encrucijada, y nos referimos a la Economía como cuerpo teórico o conjunto de principios y postulados, más que al propio funcionamiento del sistema económico (en inglés, como es sabido, se utilizan dos términos distintos: Economics para los postulados y concepciones teóricas de la Economía, y Economy para la realidad práctica y el funcionamiento cotidiano de la propia Economía; nos referimos al primero).

Coincidiendo en buena medida con esa visión crítica, nos vamos a permitir aquí cuestionar algunos de los postulados básicos de la ortodoxia económica imperante a nivel general. Sabido es que según esta ortodoxia la subida de los tipos de interés es una medida lógica y necesaria para atajar y reducir la inflación, y que por el contrario una bajada de los tipos y el consiguiente abaratamiento del dinero origina necesariamente inflación; pues bien, algunos economistas menos ortodoxos nos atrevemos a pensar contrariamente que el aumento de la inflación puede ser en muchos casos un efecto o consecuencia de la subida de los tipos de interés.

Imagen de un comercioEuropa Press

La subida de tipos no hace sino minar los procesos económicosy empresariales; todas las unidades o sectores microeconómicos se ven perjudicados, y por ende el sistema macroeconómico global o agregado

Puede ser éste un buen momento para reabrir un debate al respecto, ya que no ha de constituir un dogma de fe el hecho de que la inflación haya de ir necesariamente acompañada por una consecuente subida de tipos de interés para combatirla, recetaque no nos parece por tanto válida en absoluto, sobre todo en determinadas condiciones, y quizá pueda ser peor el remedioque la enfermedad, o en otras palabras, es posible que subir los tipos de interés para combatir la inflación suponga intentar apagar un fuego con gasolina.

A nivel general, hemos de señalar, por otra parte, que no somos demasiado creyentesen la política monetaria como herramienta fundamental de la política macroeconómica, por su carácter demasiado generalista, poco refinado, y en definitiva entrópicoo desordenado, careciendo de medidas particulares y ajustadas al origen de cada uno de los distintos problemas que puedan afectar a una economía.

Volviendo al terreno concreto de las medidas monetarias contra la inflación cabe recordar, en primer lugar, que la subida de los tipos de interés, esto es, del precio del dinero, supone un aumento del precio del activo que más universalmente utilizan o consumenlos ciudadanos, como es el dinero. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que los intereses o costes financieros de los préstamos hipotecarios representan para muchas personas y familias un coste mayor que el de la alimentación, o el del vestido, o el del ocio, o el del transporte, sobre todo en los primeros años de los préstamos hipotecarios de las viviendas, en los que la mayor parte de los pagos para estos préstamos son precisamente intereses por ese alquiler del dinero.

En segundo lugar, la subida de los tipos de interés no hace sino minar los procesos económicosy empresariales; todas las unidades o sectores microeconómicos se ven perjudicados, y por ende el sistema macroeconómico global o agregado. Aparte del citado efecto en las unidades familiares, la subida del precio del dinero supone unos mayores costes en las cuentas de resultados de las empresas, que en muchos sectores madurosy con escasos márgenes netos, tenderán tarde o temprano a repercutir estos mayores costes en los precios de sus productos (un efecto inflacionista más), o bien les hará ser más restrictivos en la adquisición de otros inputs, lo que podrá suponer una restricción en la ofertainmediata, o bien en su producción futura si pasan a desechar posibles proyectos de inversión por su altocoste financiero; y sabemos que la restricción de la oferta no es precisamente la mejor medida para combatir la inflación, sino todo lo contrario.
           
Y en tercer lugar, elEstado y demás entidades del sector público(autonómico, local, etc.) resultan igualmente perjudicados por la subida de tipos, ya que verán aumentados sus gastos financieros, magnitud ésta muy importante, dado el alto nivel de endeudamiento de las distintas Administraciones Públicas. Este aumento del gasto público incrementará el déficit y originará además un mayor endeudamiento y unos mayores gastos financieros futuros, o bien hará necesaria una subida equilibradora de los impuestos; de cualquier modo ello originará también tarde o temprano una pérdida de poder adquisitivo al ciudadano.

Una subida de tipos, en resumen, perjudica claramente el sistema económico global; es como echar tierra en el engranaje de la maquinaria económica. En otras palabras, resolver el  problema de la inflación mediante la subida de los tipos de interés –medida que utilizó durante muchos años el Banco Central Europeo– nos parece algo similar a resolver el problema de un ruido intranquilizador (inflación) que pueda tener un coche (el sistema económico) mediante la simple solución de pasar a utilizarlo solamente a una velocidad muy baja, con lo cual se dejará de oír el ruido.

Por otra parte, ocurre que la subida de precios del dinero no se considera en la ortodoxia económica ni se computa en los índices convencionalesde inflación, tales como el Índice de Precios al Consumo (IPC), si bien la subida de este coste por alquilar el dinero es algo que afecta de forma importante al bolsillo del ciudadano. Imaginemos lo que ocurriría si se replantease la ortodoxia económica imperante y los principios convencionales para el cálculo del IPC, y la inflación se viese así afectada directamente por la subida de los tipos de interés. Sería bueno hacer algún día un análisis o simulación al respecto.

En resumen, creemos que la subida de los tipos de interés no constituye la mejor solución para combatir la inflación y resolver los problemas de la economía real, sino todo lo contrario, ya que puede agravar la situación y el alto nivel de endeudamiento de los ciudadanos, de las empresas, y de los Gobiernos e instituciones públicas en su conjunto, y parece que así lo ha asumido recientemente el Banco Central Europeo, merced a su presidente Mario Draghi, que ha cambiado sustancialmente la política y las recetas monetarias que se venían aplicando anteriormente.

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Colaboradores

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José García
Abad

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Miguel Ángel
Aguilar
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Inmaculada
Sánchez
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Cristina
Narbona

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Belén
Hoyo

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Carles
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Julius
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Julio Rodríguez
Fernández
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Pablo
Bustinduy

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Jesús
Lizcano

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Sergi
Miquel

 

 

 

 

Firma

Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Autónoma de Madrid. Académico de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras. Es miembro fundador de Transparencia Internacional España. Director de dos revistas: Encuentros Multidisciplinares y Revista Iberoamericana de Contabilidad de Gestión, y codirector de la Revista Internacional de Transparencia e Integridad. Entre 1989 y 1991 fue Catedrático en la Universidad de León. Es autor de catorce libros y de más de ciento cincuenta artículos en publicaciones tanto nacionales como internacionales. Forma parte del Consejo de Redacción o editorial de otras cinco revistas (nacionales y extranjeras). Ha recibido diversos Premios, y ha dirigido y/o participado en numerosos trabajos y proyectos de investigación, siendo miembro de varias Asociaciones académicas nacionales e internacionales.

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