Opinión Berzosa Tiempos de hoy

 

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 Nº 1300. 28 de junio de 2019

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Carlos Berzosa

La Economía desde mi Observatorio / Carlos Berzosa

En España mueren más personas que las que nacen

Gente Fernando Moreno
F. MORENO


Dentro del conjunto de los parados es muy alto el que afecta a los jóvenes, que son precisamente
los que se encuentran en edad de fertilidad mayor. El empleo que se ha creado es en gran parte precario y mal retribuido con lo que resulta muy difícil tener hijos

El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado en este mes de junio los datos de la población española a 1 de enero de 2019. Uno de los hechos que más resalta es que la tasa de natalidad es muy baja, una tendencia al descenso que se viene dando en años anteriores, pero que sin embargo en 2018 sufre un desplome, hasta el punto de que el número de los fallecidos supera al de los nacimientos. En concreto, se ha dado un saldo vegetativo negativo de 56. 262 personas (367.374 nacimientos frente a 423.636 defunciones).

Estos datos han levantado señales de alarma que han puesto el grito en el cielo ante en el hecho de que dentro de varios años la población española descenderá notablemente y además será imposible la sostenibilidad de las pensiones. Esta visión pesimista queda cuestionada por los hechos, pues la población ha aumentado en 2018 debido al crecimiento de la población extranjera, que contrarresta el descenso de la población española. Se alega que el descenso de natalidad de debe a la falta de políticas que la estimulen.

No obstante, sin negar la importancia de la falta de políticas de estímulo que potencien la natalidad, el problema de fondo se encuentra en la estructura económica española. En estos últimos años, el desempleo sigua siendo muy elevado, a pesar de la reducción del paro como consecuencia del crecimiento habido. Dentro del conjunto de los parados es muy alto el que afecta a los jóvenes, que son precisamente los que se encuentran en edad de fertilidad mayor. El empleo que se ha creado es en gran parte precario y mal retribuido con lo que resulta muy difícil tener hijos. La inseguridad en el empleo y los bajos salarios choca a su vez con los altos precios de la vivienda, sea de compra o de alquiler.

A su vez, una vez tenidos los hijos, son costosas las escuelas infantiles y no hay suficientes ayudas para sufragar estos gastos. El paraguas familiar ayuda a la crianza de los hijos, pero no todas las personas cuentan con este apoyo. La estructura productiva está configurada de tal manera que los padres y madres se tienen que adecuar a las necesidades de las empresas y de las instituciones públicas y no al revés, esto es, potenciar las políticas de conciliación laboral y familiar, facilitar el trabajo en casa cuando esto sea posible y tener horarios laborables que sean más flexibles. En concreto, tener hijos en España se ha convertido en una carrera de obstáculos.


Ahora bien, a los que les preocupa que esta baja de la natalidad va a tener consecuencias negativas para la sostenibilidad de las pensiones, pero también del Estado del Bienestar en su conjunto, hay que puntualizar que el verdadero enemigo de todo ello no viene porque vaya a haber en el futuro una escasez de mano de obra, sino por los rasgos que caracterizan a la economía española en la actualidad, con una creciente desigualdad y baja productividad, que vienen dadas por la brecha entre beneficios y salarios, un abanico muy amplio salarial y la falta de recursos destinados a la I+D y transferencia de tecnología. En estos momentos como consecuencia del elevado desempleo no hay escasez de mano de obra, sino excedente, y eso no parece que vaya a cambiar de aquí a veinte años si no se llevan adelante las reformas pertinentes que hagan a la economía más sostenible, más equitativa y más productiva. De no hacerse esto, el paro, en todo caso, podría resolverse en parte como consecuencia de esa bajada del crecimiento vegetativo. Una mala solución.

Una escasez de mano de obra que tampoco se producirá pues, como estamos viendo, la población extranjera aumenta mientras que la española decrece. Hay por desgracia una gran reserva de mano de obra en la economía mundialprocedente de los países menos desarrollados y de las causas que provocan los millones de refugiados. Así las cosas, lo que está claro es que los países como España, ante el envejecimiento de la población, van a necesitar más que ahora a los emigrantes y refugiados. Ellos serán los que pagarán las pensiones. l
*Catedrático Emérito de la Universidad Complutense

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Colaboradores

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José García
Abad

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Miguel Ángel
Aguilar
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Inmaculada
Sánchez
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Cristina
Narbona

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Belén
Hoyo

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Idoia
Villanueva

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Sergio
del Campo

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Carles
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Cristina
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Elena
Blasco
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Miguel Ángel
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Bruno
Estrada

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José Antonio
Pérez Tapias

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José Luis
Centella

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Joan
Navarro
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José M. Benítez
de Lugo
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Carlos
Berzosa

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Graciano
Palomo

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López

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Mauro
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Pere
Navarro

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Julius
G. Castle

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Carmen
Calvo
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Joan
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Ignacio
Aguado

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Julio Rodríguez
Fernández
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Pablo
Bustinduy

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Jesús
Lizcano

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Sergi
Miquel

 

Firma

Catedrático Emérito de la Universidad Complutense  y presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado(CEAR). Ha sido Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense(1984-1998) y Rector de esta Universidad(2003-2011). A lo largo de su carrera docente ha impartido enseñanzas de Estructura Económica Mundial y Desarrollo Económico. Tiene numerosas publicaciones entre las que destacan los libros Los desafíos de la economía mundial en el siglo XXI (Nivola,2002) y los escritos conjuntamente con José Luis Sampedro Conciencia del subdesarrollo veinticinco años después (Taurus, 1996) y La Inflación (Al alcance de los ministros) (Debate, 2012).

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