Nº 656 - 4de julio de 2005
 
Hemeroteca Esta semana

De Ángela Rodicio, de Urdaci, de Jiménez Losantos,
de Rouco Varela

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha confirmado la improcedencia del despido de la periodista Ángela Rodicio,  improcedencia ya declarada en junio de 2004 por el Juzgado de lo Social número 28 de Madrid. En febrero de 2004, con el pretexto de presuntas irregularidades en las cuentas de gastos de su corresponsalía, Rodicio fue despedida de TVE. El Tribunal Superior sostiene que no se ha acreditado que la periodista tuviera intención de apropiarse del dinero ya que en cuanto llegó a Jerusalén lo depositó en el Consulado español. Asegura la sentencia que “de todo lo cual se sigue que no se ha constatado la existencia de ningún incumplimiento grave y culpable por parte de la trabajadora, sino que, con conocimiento y consentimiento de la empresa, utilizaba los fondos públicos asignados a la corresponsalía, para los fines de la misma, en la forma que le  era dable”.

Pero Rodicio no fue expulsada injustamente de TVE como consecuencia de tales irregularidades, por lo demás no comprobadas ni probadas durante el proceso judicial. No nos engañemos. A Rodicio la echaron como represalia y con el fin de acallar una voz crítica desde TVE con la guerra de Iraq; es decir, con la política exterior vigente entonces en España gracias al presidente del Gobierno de la época, José María Aznar. Los cipayos de Aznar en RTVE se encargaron sencillamente de ejecutar el veredicto procedente de Moncloa. Me refiero sobre todo a José Antonio Sánchez, director general de RTVE, y a Alfredo Urdaci, director de Informativos. Ya escribí sobre esta tan lamentable situación en aquel tiempo, lo que hice en El Siglo, donde colaboro desde hace muchos años. Intentaron tapar la canallada de la censura con el manto de la corrupción o de la corruptela. Procuraron enfangar a Rodicio, cual si fuera Roldán. No fue éste el único caso de censura manifiesta. Emplazo a jóvenes colegas que tengan el coraje de esclarecer la verdad de  RTVE durante el Aznarato a que investiguen las purgas perpetradas en los ocho años del Gobierno de la caverna. Sería un interesante informe o un libro de lectura obligatoria. Como lo es, según mi impresión subjetiva, el publicado por Ángela Rodicio y titulado Acabar con el personaje.

En Periodistadigital.com reproducían el otro día algunos pasajes de este libro, según la transcripción que uno de mis nietos me hizo llegar, pues mi incompetencia respecto a Internet parece ya del todo incorregible a mis noventa años muy cumplidos. Entre los protagonistas de la narración figura, por ejemplo, Jiménez Losantos. Precisa Rodicio que este fanático predicador de la COPE fue el precursor que iba anunciando desde El Mundo el despido.

Cito textualmente: “La madre de todas las señales, que no supe leer a tiempo, fue un artículo de Jiménez Losantos en el que me equiparaba, por mis efectos “destructores” de la voluntad aznarista, con Pilar Bardem. Hasta ese momento me había puesto por las nubes. Pero entonces pensó y dijo que las dos habíamos convocado al millón y medio de manifestantes contra la guerra en la Puerta del Sol de Madrid. Me llenó de orgullo la comparación, para qué negarlo, pero apuntaba ya la campaña que se desató la siguiente Navidad y que condujo a mi despido, acusada nada menos que de robo del erario público. O sexo o dinero, como en los mejores tiempos del fascismo. En aquel momento, el artículo de Jiménez Losantos, otro ex comunista reciclado, me sirvió para que me riese (…) Lo mejor del asunto es que Federico Jiménez Losantos escribía sin recato que yo era pro Sadam. Como en su día Josef Goebbels, ministro de Información de Adolf Hitler, Losantos repetía siempre el elenco del “buen” ciudadano, el “buen” periodista, el “buen” juez, el “buen” empresario… desgranando las cualidades del “ario” puro. ¡Si por ario puro se entendía Adolf Hitler, tan rubio y tan alto; o él mismo, tan apuesto y con sus rasgos tan finos (…) Una destitución (19 de diciembre 2003) que ya había sido anunciada, hace menos de dos semanas, en su columna de El Mundo, por Goebbels Losantos. “Pido al director general de TVE la destitución de Ángela Rodicio”, había escrito, presumiblemente a instancias de alguien desde Moncloa –¿el secretario de Comunicación?– y del mismo Urdaci. Me han llamado para advertirme. Ahora esta columna ha desaparecido de los archivos del diario (…) Desde Madrid, noticias de varios colegas me advierten que en El Mundo se prepara un artículo demoledor con “información” de TVE. El diario, conocido por su servidumbre a la hora de publicar dossiers que le hacen llegar poderes fácticos empeñados en acabar con algo o con alguien, se dispone a lincharme definitivamente”.

Cambio de tercio. Leo en La Razón que Rouco Varela, el cardenal agitador, “denuncia la falta de objetividad de las TV públicas (…) en la cobertura de la manifestación del Foro Español de la Familia contra el matrimonio homosexual”. ¿Pero no fue Rouco Varela en sus años de presidente de la Conferencia Episcopal Española el número 1 de la COPE?  Sí, lo fue. Y su influencia continúa siendo muy intensa en la cadena radiofónica oficialmente católica. ¿Cómo se atreve por consiguiente este monseñor fundamentalista a criticar a las televisiones públicas, cuando la falta de objetividad es monumental en su casa? ¿Este Goebbels  Losantos retratado por Rodicio no es una de las estrellas más valoradas en la COPE? Me parece alucinante que Rouco Varela ose abrir la boca para formular juicios negativos sobre determinados medios de comunicación ajenos, siendo él como es uno de los principales responsables de la radio episcopal basura, regada con agua bendita naturalmente, que responde al nombre de COPE.

El estilo de Rouco recuerda, salvadas las distancias de tiempo y lugar, el de los curas trabucaires del siglo XIX. O, según Vicente Blasco Ibáñez en Cañas y barro, el de “cura de escopeta”. El pare Miquel era en el Palmar, en la Albufera de Valencia, una institución policial. Señala Blasco Ibáñez que “cuando el alcalde tenía que pasar la noche en Valencia dejaba su autoridad en manos de don Miguel; y éste (…) llamaba al cabo de los carabineros de mar: “Usted y yo somos las únicas autoridades del pueblo. Velemos por él”. Y salían toda la noche, con la carabina pendiente del hombro, entrando en las tabernas para enviar las gentes a dormir, deteniéndose en el presbiterio varias veces para beber una copa de caña, hasta que apuntaba el día, y don Miguel, dejando el arma y su traje de contrabandista, se entraba en la iglesia para decir la misa a los pescadores (…) Miraba con tales ojos a los culpables que éstos se estremecían adivinando las próximas amenazas del pare Miguel”.

Rouco Varela también vela, como el pare Miguel, por el pueblo. Tiene aprendices de brujo, como el llamado Gonzalo de Berceo en Alfa y Omega, publicación que es una especie de libelo editado por la Archidiócesis de Madrid con aroma inequívoco de COPE. Veamos: al Gobierno de la nación lo denomina “calamidad nacional” y se refiere a Zapatero describiéndolo como el de la “vacía sonrisa de tonto útil internacional”. Combina la desfachatez argumental con el insulto, mientras sus comentarios destilan siempre simpatía hacia el PP. Normal: juntos se manifestaron obispos y dirigentes del PP. Juntos perdieron, por cierto, las elecciones gallegas. Te alabamos, Señor.

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