E. S.
Flaco favor hicieron las derechas a Felipe VI con sus vivas al Rey durante la sesión de investidura de Pedro Sánchez. No porque lo dijeran Pablo Iglesias y Aitor Esteban, sino porque los hechos, la historia y hasta la tradición así lo constatan. A las fuerzas conservadoras se les supone fidelidad a sus símbolos como la Monarquía. A las progresistas hay que convencerlas de que “no te boten”, diría el emérito Don Juan Carlos. A no ser que se busque tensar aún más la cuerda a costa de la Corona, la mejor defensa, en este caso, no es un buen ataque.
La portavoz parlamentaria de EH Bildu, Mertxe Aizpurua, subió a la tribuna de oradores durante la primera sesión del debate de investidura para defender la abstención de su grupo parlamentario. Una abstención desconfiada porque, dijo, en el Estado existe “una cultura muy enraizada de aplicar recetas autoritarias a los problemas políticos”, asegurando que “el discurso que el rey Felipe VI pronunció el 3 de octubre de 2017 con motivo del referéndum catalán fue una de sus expresiones más evidentes”.
Aquella critica al Rey que la presidenta del Congreso enmarcó en la libertad de expresión los partidos de la derecha la interpretó como un insulto. Pablo Casado, Iván Espinosa de los Monteros y Edmundo Bal pidieron explicaciones a Meritxell Batet por no haber interrumpido a la diputada abertzale.
De las descalificaciones a los vivas
No habiendo encontrado una respuesta satisfactoria sobre sus demandas acerca del supuesto ataque al decoro de las instituciones, comenzaron las interrupciones, los gritos y las descalificaciones –“asesinos”, “fuera, fuera, fuera”– seguidos de vivas a la Policía, a la Guardia Civil y al rey. Un rey que, sin quererlo, acababa de convertirse en mártir de la derecha en su cruzada contra el presidente Sánchez.
Un presidente propuesto por Felipe VI, como recordó el portavoz del PNV, Aitor Esteban, y un monarca que ha de preservar su neutralidad, como señaló con otras palabras el líder de Podemos, Pablo Iglesias.
El próximo vicepresidente del Gobierno dijo exactamente que “si quieren defender la monarquía, eviten que la monarquía se identifique con ustedes”. Sin duda pretendía responder a los ataques de la oposición con más artillería, pero no le faltaba parte de razón cuando señaló que Juan Carlos I, “que venía de donde venía”, sabía que “solamente alejándose de la derecha podría pervivir”.
Las complicidades de Juan Carlos I
Lo que sí hizo el hoy rey emérito fue buscar complicidades con la izquierda. Lo hizo con Felipe González, a quien le unía la edad, el carácter y la pertenencia a un periodo histórico clave para España. Y lo hizo también con José Luis Rodríguez Zapatero, con quien tenía menos cosas en común pero en quien encontró un aliado institucional después de los duros años de ninguneo aznarista.
Cuenta en su libro La soledad del rey (La Esfera de los Libros) el editor de ‘El Siglo’, José García Abad, que el saludo de don Juan Carlos era más afectuoso cuanto más a la izquierda política se situara su interlocutor. Dice también que era habitual oírle decir que la jefatura del Estado había que ganársela todos los días y, si no, “te botan”.
De herencia paterna
El ejemplo de su padre, en los tiempos que corren, puede ser valioso para Felipe VI. Los partidos que sostienen el Gobierno son más o menos abiertamente republicanos. Pero la convivencia con la monarquía, hoy por hoy, es posible. En una entrevista en eldiario.es, Iglesias acaba de asegurar que “sería muy ingenuo pensar que en el corto o en el medio plazo en España se va a producir una suerte de transición hacia un sistema republicano” porque requeriría de unas mayorías sociales y parlamentarias “que creo que en este momento no existen”.
Por eso, y porque piensa en el corto plazo, prefiere hablar de “valores republicanos” como la protección del Estado del Bienestar y parece precipitado salir desde la derecha en defensa de una institución que ha logrado sobrevivir gracias a una saludable indiferencia política.
Porque se han hecho segundas lecturas del discurso de Felipe VI en la Pascua Militar, cuando dijo que el Ejército está comprometido con la defensa de la Constitución. Pero también cabría recordar que sus palabras aparecen recogidas en el articulado de la propia Carta Magna.







