Hasta la llegada de Alberto Núñez Feijóo, pilota el partido con Esteban González Pons y representa la voz del PP desde su tribuna parlamentaria. Cuca Gamarra es la única persona del más estrecho círculo de Pablo Casado que ha logrado sobrevivir a la quema, una habilidad que ya demostró en 2018, cuando el presidente saliente la nombró vicesecretaria primero y portavoz, después, a pesar de haber apoyado a Soraya Sáenz de Santamaría en las últimas primarias. Corredora de maratones en su tiempo libre, en política practica la carrera de fondo y domina la de obstáculos; fiel a todos, nunca se casa con nadie.
Cuca Gamarra salía viva hace un mes de la guerra más cruenta del PP y, con los casadistas en retirada, el bando ganador anunciaba el 24 de febrero que la portavoz parlamentaria asumiría el cargo de coordinadora general del partido hasta la celebración, el primer fin de semana de abril, del congreso extraordinario que habría de formalizar la elección de Alberto Núñez Feijóo como presidente del PP.
Su papel es transitorio, pero con mucho recorrido. Que ella y Esteban González Pons representen al partido de forma interina les coloca en una posición preeminente en la próxima etapa de la formación.
La riojana tiene fama de moderada, pero adapta su discurso a la estrategia de Génova
Fuentes populares sitúan al eurodiputado en un cargo de responsabilidad en Génova y a ella, en su puesto de portavoz del grupo parlamentario popular que, en las actuales circunstancias, tiene especial relevancia: el presidente de Galicia podrá hacerle oposición a Pedro Sánchez desde el Senado, pero será Gamarra quien representará la voz popular en las sesiones de control del Congreso, tal y como ya viene haciendo desde la defenestración de Casado en sus preguntas al presidente sobre la invasión rusa de Ucrania o su intervención sobre la crisis de precios y movilizaciones del sector del transporte.
Carrera de fondo
A Concepción Gamarra Ruiz-Clavijo la ‘rebautizó’ un tío suyo para distinguirla en la familia de Concha y de Conchita, su abuela y su madre, y el de Cuca acabó siendo un nombre que, afectuoso y cercano, funcionó en el día a día de esta abogada de profesión.
Como ella, una dirigente que no ha hecho muchos enemigos en política aunque alguno haya habido. José Ignacio Ceniceros lo fue en 2017; con él se enfrentó para presidir el PP de La Rioja y suceder a Pedro Sanz. Gamarra era la candidata favorita del que había sido jefe del Ejecutivo autonómico durante 20 años, con quien hizo tándem siendo alcaldesa de Logroño, y contaba con el respaldo de la entonces todopoderosa vicepresidenta del Gobierno de España. Pero 109 votos de diferencia cambiaron su rumbo y la llevaron del municipalismo –también fue vicepresidenta de la Federación de Municipios y Provincias– no a la política autonómica, sino a la nacional.

Antes, como todos en la formación conservadora, tuvo que tomar partido por uno de los bandos surgidos tras la moción de censura de 2018 y el congreso convocado de forma extraordinaria para elegir a la persona que debía suceder a Mariano Rajoy. Gamarra devolvía a Soraya Sáenz de Santamaría el respaldo que le había prestado un año antes e hizo campaña por su candidatura. Pero, tras el recuento de votos, no tardó en manifestar su lealtad al ganador y acabó convirtiéndose en la única dirigente de peso que sobrevivió a la purga de sorayistas que emprendieron Pablo Casado y Teodoro García Egea.
Entró en el nuevo comité de dirección como vicesecretaria de Política Social del PP, y ocho meses más tarde, dejaba la alcaldía de La Rioja para concurrir como número uno en la lista del PP en la provincia a las elecciones del 28-A.
Inmediatamente después llegaron las municipales y autonómicas de mayo, campaña que Casado encomendó a Gamarra para que tratara de frenar la sangría de votos de las generales con Javier Maroto al mando, y en agosto de 2020 registraba su mejor marca política hasta la fecha; la guerra interna entre Teodoro García Egea, número dos del partido, y Cayetana Álvarez de Toledo, número dos en el Congreso, se resolvió a favor del primero, lo que a efectos prácticos significó la designación de la diputada logroñesa como portavoz del grupo parlamentario en sustitución de su colega defenestrada.
Antes de la crisis del PP, era una opción para el partido en La Rioja
El pulso se presentó desde Génova como un giro hacia la moderación, con el ascenso de Gamarra, la designación de José Luis Martínez-Almeida como portavoz nacional del partido y la elección de Ana Pastor como nueva vicesecretaria de Política Social. La excusa fue la cuarta victoria en Galicia por mayoría absoluta hacía un mes de Alberto Núñez Feijóo, paradigma del centro popular.
La proyección de Cuca Gamarra desde su tribuna parlamentaria ha llegado a convertirla en una opción para el PP riojano, que en su próximo congreso debía despedir a Ceniceros y elegir a una persona capaz de arrebatarle la presidencia de la región en las autonómicas de 2023 a la socialista, Concha Andreu. Sin embargo, no dio un paso al frente antes de los sucesos que hicieron saltar por los aires la dirección del PP y, ahora que empieza una nueva etapa con Feijóo, no se va a sumar a la terna de Alberto Bretón y Alfonso Domínguez.
El sitio de Gamarra está en Madrid aunque se escape a Logroño los fines de semana para salir a correr con un grupo de amigos, una afición que le contagió su hermano hace diez años y que ha cogido con ganas; ya ha participado en maratones de Florencia, Budapest, París o la más famosa, la de de la ciudad de Nueva York, contaba recientemente a Thais Villas en El Intermedio de La Sexta.
En la capital se ha bregado en sus preguntas a la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño –Gamarra se licenció en Derecho en la especialidad jurídico-económica– y, en ausencia de Feijóo, ya ha empezado a ampliar el foco.
Pero esto es una carrera de fondo y, sin más obstáculos a la vista que el PSOE de Pedro Sánchez, la meta podría estar en el Consejo de Ministros; ya estuvo en las quinielas de ministrables en 2016 y, tras el XX Congreso Nacional de los próximos 2 y 3 de abril, se coloca en la línea de salida.







