Iván Redondo y Miguel Ángel Rodríguez son dos de los grandes protagonistas del 4-M, cuya campaña oficial arranca este 18 de abril. El donostiarra, que ha metido a Pedro Sánchez en faena en una suerte de reválida, ha tejido una red de poder institucional y orgánico inusitado y domina la estrategia electoral. El vallisoletano, que ha convertido a Isabel Díaz Ayuso en la mayor adversaria del jefe del Ejecutivo, ha hecho sombra a Pablo Casado con una Génova desnortada. Los dos jefes de gabinete han asumido el reto de llevar a sus líderes a la victoria y, con ella, alimentar aún más su leyenda.
La fontanería política siempre tuvo un recorrido relativo en prensa, donde sólo los lectores bien informados tenían interés en ir más allá de la primera línea del Gobierno. Vivió su momento más álgido cuando la cultura pop explotó el atractivo del poder en la sombra en series como El ala oeste de la Casa Blanca o House of Cards. Pero, en España, ser jefe de gabinete no ha sido mainstream hasta la llegada de Miguel Ángel Rodríguez e Iván Redondo. Su lugar está en segunda línea, pero la discreción no es su fuerte y la opinión pública conoce sus nombres y sus gestas políticas. Para mayor gloria de sus jefes y recelos en los partidos.
El primero es el más veterano y, para colmo, se le conoce por el acrónimo de MAR, una extravagancia permitida a personas respetadas y temidas como él desde su más temprana andadura al servicio del PP. Era un periodista veinteañero en el Norte de Castilla cuando José María Aznar le fichó como portavoz de la Junta de Castilla y León y de ahí se lo llevó a La Moncloa para que mantuviera sus atribuciones con el cargo de secretario de Estado de Comunicación.
En Madrid defienden que Ayuso tiene criterio, escucha otras voces y es amiga de Casado, pero en el partido reconoce el papel de MAR en el diseño de su exitosa carrera
Suele decirse que fue Rodríguez quien llevó a Aznar a Moncloa, una exageración que ambos desmienten divertidos pero que da la idea de hasta qué punto creció la leyenda en torno a la figura del hombre encargado de manejar las relaciones con los medios y perfilar el mensaje del primer Gobierno conservador tras la democracia.
Tanto creció y durante tanto tiempo le acompañó que la estudiante de periodismo que le pidió ayuda para un trabajo de fin de curso -lo contaba El País hace un año- volvía a llamarle en 2019 para que le echara una mano en la campaña a las elecciones autonómicas de aquel año. Isabel Díaz Ayuso no ganó, pero sumó con Cs y Vox y decidió seguir contando con Miguel Ángel Rodríguez.
Primero la asesoró sin cargo pero, en enero del pasado año, se formalizó la afrenta del PP a sus socios de Gobierno en la Comunidad de Madrid. La presidenta fichaba a MAR como jefe de gabinete después de que éste hubiera dado estopa en Twitter durante meses a Ignacio Aguado y a la mismísima Inés Arrimadas de forma burlona y acusatoria.
La cohabitación no parecía que fuera a ser fácil y, de hecho, no lo ha sido. Después que Díaz Ayuso rompiera su alianza con Cs con la excusa de la fallida moción de censura en la Región de Murcia, desde la formación naranja comenzaron a filtrar a la prensa que la jefa del Ejecutivo autonómico sólo escuchaba a Rodríguez, señalándole como uno de los responsables del adelanto electoral.

A él se le responsabiliza de la convocatoria del 4-M, de la estrategia nacional de Ayuso y de su posible disposición a liderar la reunificación de la derecha. Fuentes de la Comunidad de Madrid defienden que la presidenta tiene criterio propio, que escucha a más voces en su entorno político más cercano y que sigue manteniendo una buena relación con Pablo Casado. Pero en el partido reconocen al asesor áulico como al artífice de la exitosa carrera de la candidata a la reelección.
Porque él fue quien puso el anzuelo para que Pedro Sánchez se aviniera a hablarle a la jefa del Gobierno regional de tú a tú y en Moncloa, conscientes de una táctica política que de facto debilita al líder del PP, Pablo Casado, aceptaron el reto a pesar del riesgo que entraña.
Lo hicieron el pasado septiembre con el famoso posado ante 22 banderas de España y de la Comunidad de Madrid en la Real Casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid, y lo han vuelto a hacer en la campaña del 4-M. Entonces, Redondo y Rodríguez organizaron al milímetro la cita y los discursos del presidente del Gobierno y su entonces anfitriona. Hoy, el todopoderoso jefe de gabinete de Moncloa ha convertido al secretario general del PSOE en candidato de facto a los comicios madrileños.
Poder institucional, orgánico y electoral
Tras las elecciones del 10-N y la formación de un Gobierno de coalición en enero del pasado año, Iván Redondo no ha hecho más que acumular poder. En Moncloa, donde montó una estructura de control tan extensa y con tantas ramificaciones que generó tensiones con Carmen Calvo –“Presidencia no tiene gestión; Vicepresidencia, sí”, defendía un mes después la número dos del Ejecutivo en una entrevista en El País-, y en Ferraz. Él y su equipo más cercano, encabezado por el secretario general de Presidencia, Félix Bolaños, y su director adjunto, Paco Salazar, han ganado áreas de influencia en detrimento de un PSOE que parece haber quedado ensombrecido por el sanchismo, contaba El Siglo el pasado marzo.
Rodríguez puso el anzuelo a Sánchez, y Redondo, consciente de una táctica que debilita a Casado, ha aceptado el reto a pesar del riesgo que entraña
Bolaños y Salazar proceden de las filas socialistas, pero Redondo es un profesional del relato político y lo mismo puede trabajar para la izquierda que para la derecha. De hecho, empezó con el vasco Antonio Basagoiti, continuó con el catalán Xavier García Albiol y siguió con el extremeño José Antonio Monago, al que convirtió en presidente de uno de los tradicionales feudos del PSOE.
En estos antecedentes está el origen de los recelos que aún despierta en la sede del partido y en algunas federaciones territoriales socialistas. También le responsabilizaron de la repetición electoral de 2019, que les llevó a perder escaños y a tener que ceder más carteras y poder de gestión a Unidas Podemos, y no gustó que se encargara de la campaña del 14-F de Salvador Illa, que mencionó a Redondo y a Salazar en los agradecimientos de la noche electoral tras un recuento que le confirmaba como ganador en votos aunque sin suficientes apoyos para gobernar Cataluña.
El candidato Sánchez
Iván Redondo, un jefe de gabinete tan poderoso que hasta los adversarios políticos de Sánchez le mencionan en la tribuna de oradores del Congreso, ha vuelto a ponerse al frente de la campaña electoral. No la de Ángel Gabilondo, sino la de Pedro Sánchez. El candidato socialista a la presidencia de la Comunidad de Madrid ha quedado relegado al papel de telonero para que el jefe del Ejecutivo central de la réplica a Isabel Díaz Ayuso.
La baronesa madrileña del PP arrancaba la precampaña como gran favorita en las encuestas, que le conceden el doble de escaños de los obtenidos en los comicios de 2019. Ha desafiado al Ejecutivo central, al resto de autonomías, a Europa, a la OMS y a la tasa de incidencia por Covid manteniendo abiertos los comercios y la hostelería pero, tras más de un año de pandemia, su electorado potencial no quiere oír hablar del nivel de ocupación de camas de UCI ni de fallecimientos y celebra el anuncio de una bajada de impuestos olvidando las carencias que la crisis sanitaria ha puesto de relieve.

La campaña de Ayuso, a cargo de Alfonso Serrano con las directrices de Miguel Ángel Rodríguez y en ausencia de Génova, ha abandonado la confrontación entre “socialismo o libertad” y “comunismo o libertad” para resumir o, más bien, ampliar el eslogan. “Libertad” de horarios, libertad de apertura, libertad para vacunarse antes de tiempo.
El Covid es el asunto más relevante en las vidas de las personas llamadas a votar el 4-M y tanto MAR como Iván Redondo han entendido que es en este terreno donde habrán de librar la batalla electoral. Gabilondo sólo puede alertar sobre las lagunas o contradicciones en la gestión de Ayuso, pero Sánchez puede ofrecer vacunas y dinero para la recuperación.
El jefe del Ejecutivo, que tras la sobreexposición de los primeros meses de la crisis había vuelto a replegarse para ser acusado de nuevo de rehuir a la prensa y al control parlamentario, entraba en campaña semanas antes de que arranque oficialmente este domingo, 18 de abril. Cuando dijo que la candidata popular había bloqueado 600 millones de ayudas directas a pymes y autónomos, cuando la acusó en un acto de “cruzarse de brazos” frente al Covid, o cuando insinuó sin pruebas en un encuentro informal con periodistas que la Comunidad de Madrid falsea las cifras de infectados.
Sol es el contrapoder de Moncloa y, con la participación del presidente o sin ella, el resultado de Gabilondo le computa al Gobierno
Eso lo dice con el traje de faena, entrando en el cuerpo a cuerpo con Ayuso que responde llamándole mentiroso. Con el traje institucional, no necesita hablar de las elecciones en Madrid para lanzar mensajes en positivo a la ciudadanía de la región. Insistiendo en que se cumplirán los plazos y el 70 por ciento de la población estará vacunada antes de que finalice el verano y presentando las líneas generales del plan de recuperación europeo con un fondo de 140.000 millones de euros. Lo lleva haciendo dos semanas desde la sala de prensa del Palacio de La Moncloa, reemplazando a la ministra portavoz tras las reuniones del Consejo de Ministros para llenar minutos en televisión y portadas de prensa.
Porque Ayuso-Rodríguez convirtió hace un año a la región en el contrapoder de Moncloa y el resultado de Gabilondo, con la participación del líder socialista o sin ella, se va a apuntar en el marcador del presidente a mitad de un partido donde aún quedan cambios por hacer y Sánchez-Redondo prefiere estar en el campo para controlar mejor la jugada.
Lo mismo le ocurre a Pablo Casado, que se ha sumado con disciplina a la estrategia diseñada en Sol y, en el pleno del pasado miércoles, volvía a dar un giro de guión estilo Jekyll y Hyde para mostrarse más bronco y crispado de lo habitual.
Si gana, gana Ayuso. Si pierde, pierde Casado. La máxima se escucha ya en las filas conservadoras que, en plena campaña electoral y previendo la alternativa, sólo pueden remar en la misma dirección para conservar su feudo territorial y electoral más importante.
La dirección que ha marcado Miguel Ángel Rodríguez y a la que Iván Redondo ha acompasado el ritmo de la campaña del PSOE. Porque desde ahora hasta el recuento de la noche electoral, el duelo es suyo.







