Juan Manuel Moreno se acerca a la mayoría absoluta y Vox se desinfla en una campaña demasiado larga para una candidata que no ha cumplido las expectativas pero, si no hay sorpresas de última hora, el candidato del PP al 19-J necesitará a Macarena Olona para repetir como presidente de la Junta. Ella se lo dejó claro en el último debate electoral y él se ha pasado los últimos días de campaña justificando un previsible acuerdo que, esta vez sí, habrá de pasar por un pacto de Gobierno. Hasta Alberto Núñez Feijóo, que se ha pasado dos meses ninguneando a la formación de Santiago Abascal, ha asumido que el destino de Andalucía y el suyo propio pasa por sumar con la ultraderecha y quedarse solo entre sus socios europeos.
Juan Manuel Moreno ya le ha puesto “líneas rojas” a Macarena Olona. Dice que no se moverá “ni un milímetro” de la defensa del Estatuto y el Estado de las autonomías y de las políticas contra la violencia de género, una forma de admitir que deberá contar en la formación de Gobierno tras el 19-J con quien no comparte ninguna de esas premisas.
El candidato del PP a la presidencia de la Junta de Andalucía y actual jefe del Ejecutivo autonómico ha necesitado un segundo debate electoral para dejar de limitarse a evasivas como “yo quiero gobernar en alianza” con la ciudadanía y atender al órdago de su contrincante de Vox; si le hace falta “un solo voto” para ser investido presidente, le dijo la todavía diputada en el Congreso en el plató de Canal Sur el pasado lunes, deberá llegar con ella a un pacto de gobernabilidad.
Ahora, el barón popular encara la inequívoca tendencia demoscópica y la advertencia de su contrincante electoral insistiendo en que no quiere pactar con la formación de ultraderecha y cargando la responsabilidad de su eventual acuerdo con Olona en el PSOE que, dice, si no se abstiene es porque Pedro Sánchez “necesita a Vox” para tener opciones en las próximas elecciones generales.
Alberto Núñez Feijóo, inspirador de Moreno hasta en el cartel electoral –su nombre, Juanma, destacan por encima de unas discretísimas siglas del PP–, también ha apelado a los socialistas. “Si al PSOE le molesta tanto Vox, que lo acredite”, dijo el líder de las filas conservadoras en El Ejido, territorio abonado para la formación que clama contra una inmigración que ha dado prosperidad económica a los locales del municipio almeriense.
Sin alternativa
Moreno, entre el “quiero gobernar en alianza” con los andaluces y el “no quiero” gobernar con Vox
Pero Juan Espadas ya ha dicho que no se va a abstener. También Inma Nieto (Por Andalucía) y Teresa Rodríguez (Adelante Andalucía). El único dispuesto al acuerdo es Juan Marín (Ciudadanos), actual vicepresidente y la única persona que estaría en condiciones de evitar un segundo Gobierno de coalición del PP con Vox de no ser porque los sondeos apenas le dan opciones de lograr representación parlamentaria y sólo una campaña en positivo y un buen puñado de indecisos –el 18 por ciento de los votantes, según el CIS– podrían salvarle de la quema. A él y a Moreno Bonilla, tan cerca y tan lejos de la mayoría absoluta.
Precisamente, el último sondeo del Centro de Estudios Sociológicos mejora las expectativas sobre el candidato popular respecto a los datos de 2 de junio; entonces le daba un 35,6 por ciento de los votos y entre 47 y 49 diputados –necesitaría 55 para gobernar sin necesidad de pactos– y, sin revelar ahora la previsión del número de escaños, eleva la estimación máxima al 38,4 por ciento.
Mientras el andaluz nacido en Barcelona prepara el terreno para una victoria espectacular pero insuficiente, el gallego insiste en la responsabilidad del PSOE sobre un acuerdo que, salvo sorpresas, los populares ya dan por hecho. Exigiendo a los socialistas que no dificulten la gobernabilidad en Andalucía ante el previsible triunfo de Juanma Moreno e insistiendo en su propuesta de dejar gobernar a la lista más votada en ésta y otras citas con las urnas. Un argumentario que, sin previsibles efectos prácticos –ya lo intentó en Castilla y León y le respondieron enumerando los pactos de las derechas perdedoras en 2019–, tiene como principales destinatarios a sus socios europeos.
Mirando a Europa
Feijóo acababa de ser elegido por aclamación nuevo líder del PP –aún le quedaba casi un mes para que le votaran en un congreso– y el presidente del Partido Popular Europeo (PPE), Donald Tusk, le daba la ‘bienvenida’ calificando de “capitulación” el acuerdo de Alfonso Fernández Mañueco para formar Gobierno con Juan García-Gallardo, el primero en la UE con la participación de la ultraderecha y la complicidad de un miembro del PPE.
Para bien o para mal, el Gobierno andaluz será el primero responsabilidad de Feijóo
“Espero que sea solo un incidente o un accidente, y no una tendencia en la política española”, añadió el también expresidente del Consejo Europeo y exprimer ministro de Polonia. Entonces, Núñez Feijóo trató de desentenderse de la coalición castellanoleonesa alegando que los comicios se adelantaron y se celebraron en tiempos de Pablo Casado. Pero, ahora que se ha aclimatado a la planta noble de Génova, 13 y después de haber ensayado su papel de líder nacional en una campaña andaluza llena de anécdotas –olvidó que ya no era presidente de Galicia cuando comparó la puesta de sol en Granada que tanto gustó a Bill Clinton con la de Finisterre, “una de las más bellas del mundo”, nada menos que desde el mirador de San Nicolás frente a la Alhambra–, no le quedan excusas.
Más de un voto
Volviendo al CIS, que de cara a estos comicios parece coincidir con las conclusiones de las casas demoscópicas privadas, la candidatura de Olona registraría un ligero retroceso respecto al sondeo publicado el pasado día 2. Así, si la estimación de voto era entonces del 15,3 por ciento y el organismo público proyectaba entre 17 y 21 escaños, ahora concede entre el 13,6 y el 15,8 por ciento de respaldo electoral a la formación de ultraderecha.
A pesar de que la alicantina ‘Macarena de Salobreña’ ha restado a la marca Vox con una campaña errática y unas intervenciones menores en los debates electorales –en el último habló de las torrijas de Juan Marín y de la masturbación en los libros de texto escolares–, el partido acostumbra a mejorar en las urnas el resultado de los sondeos, donde ya aparece como la tercera fuerza más votada por detrás del PSOE.
Por pocos escaños que le faltaran al candidato del PP para sumar los 55 que le permitieran la investidura, la formación de ultraderecha tendría mucho más que ese voto al que apeló Olona en el debate para cargarse de argumentos en la negociación de su posible entrada en el futuro Ejecutivo de Moreno Bonilla que, si no acepta las condiciones de su probable socia –la introducción del concepto ‘violencia intrafamiliar’ o las políticas restrictivas a la inmigración–, sabe que sólo le queda una alternativa.
Pero para saber si el barón popular sería capaz de ir a una repetición electoral hay que esperar al 19-J, conocer los resultados, hacer números, evaluar las consecuencias y tener muchas conversaciones. Algunas más importantes que otras. Ya queda menos para averiguarlo.







