
Sin Maldad / José García Abad
Tras años de litigio estratégico, Shell, la compañía anglo-holandesa presidida desde el pasado mes de mayo por el británico Andrew Mackenzie, ha sido condenada por la Corte de los Países Bajos a reducir un 45% sus emisiones de CO2 para 2030 por ser causante del cambio climático y vulnerar, así, los derechos humanos. Además, debe influir en la contaminación producida por sus proveedores y clientes.

La corte holandesa ha entendido que la petrolera Shell, presidida desde mayo por Andrew Mackenzie, limpio de polvo y paja pues lleva en la compañía desde el pasado octubre, es causante del cambio climático
Por otra parte, el pasado febrero el Tribunal Supremo de Reino Unido falló en favor de dos comunidades del delta del Níger por los daños medioambientales causados por Shell animando a las comunidades Ogale y Bille a presentar sus reclamaciones de limpieza e indemnización contra Royal Dutch Shell y su filial nigeriana, la Shell Petroleum Development Company.
No vuelve a crecer la hierba
Por donde pisa la Shell no vuelve a crecer la hierba, como el caballo de Atila. El 15 de enero de 1999, un barco de Shell derramó petróleo en el Río de la Plata, el mayor en agua dulce de la historia. En Perú, Brasil, Costa Rica, y hasta en su propio país, los Países Bajos, la Shell ha dejado una estela negra. La compañía planeó hundir la plataforma de extracción Brent Spar en el Mar del Norte que provocó el boicoteo ciudadano a los productos de Shell, que obligaron a ésta a rectificar.
Y, por supuesto, a incrementar su campaña por tierra, mar y aire, en prensa y en las redes sociales proclamando su compromiso verde. La web de Shell España, compañía que lleva en nuestro país cien años, desde 1920, proclama solemnemente: “Queremos satisfacer las necesidades energéticas de la sociedad de una manera viable desde los puntos de vista económico, social y medioambiental, ahora y en el futuro”.
Causante del cambio climático
Pero volviendo a la histórica sentencia de la Corte Holandesa destacamos su pronunciamiento de que la petrolera es causante del cambio climático. El veredicto expresa que existe una “amenaza de violación de los derechos humanos” en cuanto al derecho a la vida y a una vida familiar y señala que Shell tiene que cumplir con lo establecido en el fallo inmediatamente.
La ONG Amigos de la Tierra demandó a Shell en 2019, basando su argumentación en que la petrolera anglo-holandesa “conocía durante años los daños de la extracción de petróleo y no sólo desinformó al público, sino que continuó perforando”.
La petrolera está informada desde los años sesenta de que el cambio climático es un peligro, y por lo tanto cometía un delito: al contaminar a sabiendas, vulneraba la Convención Europea de Derechos Humanos en sus artículos 2 y 8, que protegen el derecho a la vida y a la vida familiar.
La demanda consideraba que el modelo de negocio de Shell suponía “una seria amenaza a los objetivos del Acuerdo de París contra el cambio climático”. Incluso llegaba a cuantificar que Shell “ha sido responsable del 1,8% de todo el CO2 emitido por la humanidad a la atmósfera. Actualmente sus actividades están detrás del 1% de las emisiones globales: Shell causa cambio climático”.
La Corte holandesa ha entendido que la petrolera es causante del cambio climático. El veredicto expresa que existe una «amenaza de violación de los derechos humanos» en cuanto al derecho a la vida y a una vida familiar, y señala que Shell tiene que cumplir con lo establecido en el fallo inmediatamente.
Shell, presidida desde mayo por Andrew Mackenzie, limpio de polvo y paja pues lleva en la compañía desde el pasado octubre, ha proclamado que la compañía se encuentra en un proceso de aceleración de la transformación de la firma en una empresa de cero emisiones.






