Destacado Económico / N. L.
Ni el mismo Montoro hubiera soñado con que sus Presupuestos, los de 2018, de aroma provisional, iban a durar una eternidad. Legalmente se podrían prorrogar hasta el infinito pero ni política ni económicamente es presentable prolongarlos un año más.
La tarea fundamental de Sánchez tras la vuelta al tajo es conseguir los apoyos precisos para aprobarlo. Para ello el Gobierno tiene que obtener un acuerdo de mínimos con Inés Arrimadas, que necesitaría complementar con otras adhesiones, pero previamente trata de consolidar la relación con su compañero de gabinete Pablo Iglesias, cuya formación había asegurado que no apoyaría los Presupuestos si Sánchez seguía empeñado en negociarlos con Ciudadanos.
Sin embargo, Iglesias, que viene mostrando una cintura flexible, ha encontrado una fórmula para rodear la radical oposición inicial de su partido a pactar con Ciudadanos de forma que Sánchez podrá contar con su tripartito presupuestario, con vistas a la izquierda y a la derecha. Con Arrimadas, decidida a que se vea claramente que su partido ha vuelto a centrarse como en tiempos pasados, no tiene mayores problemas. Y con Pablo Iglesias tampoco, a pesar de que el dirigente máximo de Unidas Podemos trata de visualizar que no abandona sus principios por el plato de lentejas de unas carteras ministeriales.

“No hay virus de derechas ni virus de izquierdas”
Iglesias ha conseguido lo que Sánchez no pensaba regatearle. O sea, que antes de hablar con Arrimadas apañara con Iglesias una posición común y participar en las conversaciones con los dirigentes de Ciudadanos. Iglesias considera a Arrimadas un mal menor aceptable por las circunstancias.
Unas circunstancias que van más allá de la necesidad estética que tiene el Gobierno coaligado de exhibir unos Presupuestos propios, ‘transmontóricos’, que responden a la lógica de la alarma nacional, a la prolongación de las medidas frente a la pandemia. Como dijo Sánchez en el mitin del lunes, “éste es el mayor reto en un siglo que no puede superarlo media España de espaldas a la otra media pues no hay virus de derechas ni virus de izquierdas”.
El presidente ha trasmitido a los grandes empresarios españoles y a los dirigentes sindicales, con los que se reunió el pasado lunes bajo el lema un tanto podemita de “España puede”, su garantía de estabilidad del Gobierno de coalición en los 40 meses que quedan de legislatura.
Facilitar la llegada de Bruselas de los 140.000 millones

El dirigente de Unidas Podemos ha conseguido lo que Sánchez no pensaba regatearle. O sea, que antes de hablar con Arrimadas apañara con Iglesias una posición común y participar en las conversaciones con los dirigentes de Ciudadanos. Iglesias considera a Arrimadas un mal menor aceptable por las circunstancias. / EP
La estabilidad es un requerimiento continuo del mundo empresarial por encima del asco o el miedo que les produzca Pablo Iglesias. También les ha transmitido las dificultades que se plantearían para la puntual llegada de los fondos europeos que le corresponden a España, que suman 140.000 millones de euros, más de la mitad en subvenciones, sin la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para 2021, un dineral con el que cuenta el mundo empresarial para mantener el negocio.
No es de extrañar que el centenar de grandes empresarios que lo escuchaban aplaudieran calurosamente la apelación de Sánchez, que cuenta con el apoyo del mundo empresarial para desesperación del PP. Y es que nunca han estado tan alejadas las posiciones de la derecha económica y las de la derecha política. El pragmatismo de la primera es proverbial. Como escenificó la primera empresaria del país, la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, en animada charla con Irene Montero y con Pablo Iglesias. La presidenta del Santander calificó el discurso de Sánchez de muy bueno y puso el énfasis en la necesidad de “trabajar todos juntos para reconstruir una economía mas sostenible”.
Europa, más allá de la retórica igualitaria
El borrador inicial de los Presupuestos Generales del Estado firmado el pasado 14 de julio por la ministra de Hacienda, María Jesús Montero Cuadrado, deja clara la huella europea. En este documento se proclama la retórica habitual, en este caso servida por Unidas Podemos, pero el meollo del asunto son los dineros europeos. Se señala, como reclamaba el partido coaligado, las intenciones del Gobierno de “liderar los esfuerzos para conseguir una sociedad de plena igualdad, convirtiéndose el Presupuesto en uno de los principales instrumentos para articular ese liderazgo. En idéntico sentido, el liderazgo hacia la plena igualdad a través del Presupuesto se articula a través del diseño de políticas más efectivas, que permitan detectar las desigualdades para así tratarlas, y ganar, por tanto, en eficacia”.

Y se asegura que estos Presupuestos, a los que se denomina “De la Reconstrucción”, servirán de instrumento de canalización eficiente de los recursos que la Unión Europea y otras instituciones van a implementar “para hacer frente a la pandemia y que se dedicarán prioritariamente al refuerzo del sistema y la industria sanitaria, la digitalización, la transición hacia una economía sostenible, la apuesta por la I+D+i y las nuevas tecnologías, el apoyo a las pymes, el turismo, la hostelería, y preservación del medio ambiente, con especial atención a los problemas del reto demográfico y al impulso del medio rural y de la agricultura. Todo ello, en un escenario de consolidación fiscal que permita fortalecer las bases de esta reconstrucción económica, social y medioambiental”.
¡¿Quién se resiiste a objetivos tan patrióticos?! Difícil lo tiene Pablo Casado, con quien Sánchez desea pactar, y no se van a resistir Inés Arrimadas y Pablo Iglesias.







