L. M.
Esta semana ha concluído el largo ceremonial de despedida de la reina Isabel II con el funeral de Estado en la Abadía de Westminster, en Londres. A este acto, diseñado por ella misma, acudieron más de 2.000 personas entre las que había jefes y exjefes de Estado, miembros de la realeza, militares condecorados y civiles destacados por su labor social. En este día, declarado día nacional de luto, las banderas ondearon a media asta en señal de respeto a la que fue durante siete décadas monarca de Inglaterra.
Los líderes políticos llegaron a la Abadía de Westminster en autobuses a excepción del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que llegó en su coche blindado y con varios minutos de retraso. En representación de España estuvieron presentes los reyes Felipe y Letizia, y los eméritos, Juan Carlos y Sofía, que ocuparon sus sitios junto al resto de miembros de diferentes casas reales europeas.
El féretro de Isabel II fue llevado desde Buckingham hasta la puerta oeste de la Abadía de Westminster en un carro tirado por más de 140 miembros de la Marina Real. El rey Carlos III, sus hermanos, Ana, Andrés y Eduardo, y sus hijos, Guillermo y Enrique, caminaron detrás del ataúd en este recorrido.
Tras el funeral de Estado, los restos de la reina Isabel II fueron traslados a la capilla de San Jorge en el Palacio de Windsor, donde fue enterrada a última hora de la tarde del pasado lunes en una ceremonia privada a la que acudió la familia real. Durante esta ceremonia los símbolos de su reinado, es decir, la Corona Imperial, el orbe y el cetro, fueron retirados del féretro y le serán presentados a Carlos III durante su coronación.







