
Yo me apeo en Atocha / Joan Capdevila
Una nueva voz del panorama político del país se incorpora esta semana a nuestras páginas. Joan Capdevila, diputado y presidente de la Comisión de Industria del Congreso, y miembro del grupo Republicano (ERC), aportará mensualmente su visión de la actualidad a los lectores de ‘El Siglo’. Bienvenido
Agradezco a ‘El Siglo’ y a su directora su arrojo y temeridad al confiarme un honor: “heredar” el espacio en tan ilustre publicación donde publicara Joan Tardà, en cuya amistad y magisterio me honro; y ya advierto de que tan elevados listones no serán superados ni por casualidad. Prometo a los amables lectores nada más que sinceridad y esfuerzo… y la visión de quien, con ánimo propositivo y cuanto de buen talante se pueda hacer acopio, viene a Madrid con la idea de, democrática y pacíficamente, eso sí, conseguir la libertad de su patria.

Después de cinco años, ha querido la voluntad soberana que siga en el Congreso cada vez con más apoyo popular a la tesis de Junqueras: solución dialogada y votada, y defensa de derechos sociales y ambientales
Venía yo a Madrid con el encargo de Oriol Junqueras de abrir mucho los oídos y a cuidar de lo que él califica como la “épica del día a día”, que significa intentar apañar problemas y desaguisados de ésos que a menudo no asoman a los titulares pero que afectan a la gente: desde empujar por la democratización y la sostenibilidad de la energía hasta procurar porque no cierre una fábrica a causa de la ‘Filomena’ y la insensible burocracia… Por mostrarles cómo de amplio es el portafolio.
Y en coherencia quiso Joan Tardà que mi andadura parlamentaria (“tú eres el de ciencias del Grupo”, fue su aventurado argumento) se iniciara como portavoz en la entonces Comisión de Industria y Energía, en oposición al entonces temido ministro Nadal, que con su mano firme (y la de su gemelo) gobernaba a mi entender en erróneo rumbo ambos importantes cometidos, y por si fuera ello poco, también me encomendó Tardà ser portavoz (el diputado de grupo pequeño es multitarea) en la comisión que controlaba e interpelaba al no menos temido ministro Montoro, a la sazón titular de Economía y Hacienda. Coincidirán conmigo en cuán ardua fue la tarea de estar a la altura. Y aquí me tienen, escribiendo en ‘El Siglo’. De todo eso he venido a contarles.
Porque resulta que, cinco años, cuatro elecciones generales, el Uno de Octubre de las urnas y las porras, una moción de censura y dos cambios de gobierno mediantes, ha querido la voluntad soberana que siga por aquí primero con Tardà, luego con Rufián al frente, y cada vez con más compañeros y compañeras y cada vez con más apoyo popular a la tesis de Junqueras: solución dialogada y votada, y defensa de derechos sociales y ambientales… y ha resultado que, como en la canción de Sabina, de semana en semana he ido repitiéndome aquello de “Yo me apeo en Atocha, yo me quedo en Madrid”. Algún malvado podrá diagnosticar precipitadamente un síndrome de Estocolmo, pero nada de ello, antes bien al contrario: es respeto. Que viene de un mayor conocimiento de la magnitud de lo que enfrentamos los independentistas: un Estado con todos sus atributos. Todos. Y además jacobino, latifundista, ‘mestero’, amigo del monopolio y la economía de BOE, extractiva… y en perpetuo conflicto con su invertebración. Y que, ya me dispensarán, demasiadas veces “desprecia cuanto ignora”. A menudo recuerdo a quien me daba desde la más castiza y autocrítica españolidad, que en las izquierdas españolas también abunda, el más puro argumento independentista: “¡Váyanse, ustedes que pueden!”
La actitud ante todo lo aprendido de quien suscribe ha sido, salvo altibajos y sin querer parecer petulante, optar por responder “ser” al conocido dilema hamletiano, ya ustedes saben: ¿sufrir del tiempo el implacable azote, del fuerte la injusticia, del soberbio el áspero desdén, las amarguras del amor despreciado, las demoras de la ley, del empleado la insolencia, la hostilidad que los mezquinos juran al mérito pacífico…? ¡Caramba! Parece más que metafórico, ¿no les parece? Pues así somos, ya ven, llámennos tercos. Mejor nos ponemos de acuerdo y ponemos urnas, ¿no creen?
Y así, si han tenido ustedes la amabilidad de llegar hasta aquí y si la directora no lo evita (sólo su infinita bondad supera a su buen juicio periodístico), les iré contando cómo lo veo. Un placer. Y gracias.
Presidente de la Comisión de Industria del Congreso de los Diputados y portavoz en la de Transición Ecológica. Veterinario y empresario pyme durante 25 años. Ahora Diputado a Cortes (pero no me lo tengan en cuenta) independiente en el G.P. Republicano (ERC). Licenciado en la UNEX, un Máster en la UAB y un Programa Ejecutivo en Deusto BS.






