Isabel Díaz Ayuso ha anunciado ayudas a las familias adineradas para pagar la educación privada de sus hijos, una iniciativa que Vox atribuye a sus propias ocurrencias. Como las de Castilla y León, donde avanzó un tijeretazo a las subvenciones de sindicatos y patronal y provocó una llamada a capítulo de Alfonso Fernández Mañueco para poner freno a su vicepresidente. O la del grupo de Santiago Abascal en el Congreso, que quiso suprimir el dinero público destinado a los partidos políticos para ahorrar y evitar el control del Tribunal de Cuentas. Esta propuesta no prosperó. Pero eso es porque Alberto Núñez Feijóo no ha tenido todavía que gobernar con la ultraderecha y asumir, como en los territorios, las trágalas del ‘cuñado’ del PP.
La política hace extraños compañeros de cama. Incluso cuando se supone cierta afinidad. El PP y Vox comparten gobierno en Castilla y León y pactan en la Comunidad de Madrid desde la proximidad ideológica, pero la cohabitación se le hace cuesta arriba a los populares, arrastrados en un matrimonio de conveniencia a prácticas poco ortodoxas que comprometen otras relaciones que parecían inalterables.
El último ejemplo, el de la Comunidad de Madrid, donde las ayudas para ricos anunciadas por Isabel Díaz Ayuso van a obligar a Génova a dar explicaciones a sus tradicionales aliados en la comunidad educativa. Concretamente, sobre las becas públicas para estudiar en centros privados para familias que ganan más de 100.000 euros al año, lo que la jefa del Ejecutivo autonómico denomina “rentas medias”.
El criterio de Vox para manejar el dinero público se basa en un interés ideológico que bordea la legislación
Una medida que, según Escuelas Católicas, incumple el programa electoral del PP, donde la formación conservadora se comprometió a extender el concierto al Bachillerato; beneficia a los grandes colegios privados y a las personas con más recursos económicos; y es “una concesión” a Vox, denuncian estos días desde la patronal de la educación concertada, que reclama una rectificación a la dirección nacional. Una dirección donde su secretaria general, Cuca Gamarra, sostenía el pasado lunes en una entrevista en La Ser que “es una propuesta que ha hecho una presidenta del PP y la apoyamos”.
También en la formación de ultraderecha consideran que el anuncio de Díaz Ayuso está inspirado por su cheque escolar. Preguntada en un desayuno informativo por las polémicas ayudas que desde hace más de diez días están provocando las quejas de la oposición en la Asamblea regional, el Gobierno central y la comunidad educativa, la socia parlamentaria de la presidenta, Rocío Monasterio, decía estar “especialmente orgullosa” de la iniciativa porque, ha asegurado, es una propuesta de su partido. Según dice, para los alumnos “de clase media cuyos padres no llegan a fin de mes con su salario porque ha subido la cesta de la compra, los combustibles y la vida”, una provocativa afirmación que asume como propia el Ejecutivo de Ayuso.
Los sindicatos, la patronal y las vacas
Alfonso Fernández Mañueco lleva algunas semanas tratando de arreglar los desaguisados de su socio de Vox. Por las subvenciones a patronal y sindicatos y por las ayudas al sacrificio de animales para el control de enfermedades.
Primero fue el anuncio de un recorte de más de 20 millones de euros –el 50 por ciento del total– en las ayudas de la Junta de Castilla y León a sindicatos, empresarios y universidades. Una medida en la que, aseguró Juan García-Gallardo, estaba de acuerdo todo el Gobierno, “incluido el presidente”.

Mañueco y los consejeros del PP guardaron silencio ante la “sorpresa” de los agentes sociales y la patronal, los populares tardaron una semana en admitir el tijeretazo y finalmente llegó una suerte de matización por boca del vicepresidente y líder de la formación de ultraderecha en la comunidad, negando que ya se hubiera dado luz verde a los recortes y acusando a la prensa de haber titulado mal.
Pero lo cierto es que las palabras de García-Gallardo no dejaban lugar a dudas, aunque de ser cierta la versión del resto de protagonistas, no habría dicho toda la verdad. “Estuvimos comentando el tema con el presidente de la Junta y él contestó que el Consejo de Gobierno no había aprobado dichas medidas y que era una iniciativa en exclusiva de Vox”, desvelaban los responsables de CC OO y UGT en la región. También los empresarios trataron de desvincular las palabras del vicepresidente de la acción del Ejecutivo autonómico, refiriéndose a un anuncio “provocado por una parte de la Junta” que les sorprendió tanto “como al propio Gobierno”.
A los asistentes al Consejo de Diálogo Social, convocado para el 29 de junio y retrasado al 12 de julio tras el positivo en Covid de Mañueco, les esperará en cualquier caso sobre la mesa el recorte que ahora planteará la Consejería de Industria, Comercio y Empleo, que Vox exigió y consiguió en su negociación con el barón popular para pactar su investidura.
Otro tanto de lo mismo ha ocurrido con las ayudas para el control de enfermedades en la ganadería en Castilla y León, donde el titular de Agricultura forma también parte del cupo de departamentos en manos del partido de ultraderecha.
El ‘indulto’ del consejero Gerardo Dueñas a 140 vacas de una cabaña donde se detectó un caso de tuberculosis ha generado una nueva polémica en torno a los métodos de Vox. Unos métodos que, en este caso, contravienen las directivas de la UE y normativa estatal sobre sanidad animal y alimentaria. De hecho, durante una comparecencia en las Cortes autonómicas, el responsable de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural habló de un plan de “control” y no de erradicación. O como dijo García-Gallardo, no van a “matar moscas a cañonazos” por unas normativas, la europea y la española, que calificó de “imposiciones arbitrarias”.
Desde que gobierna con la formación de ultraderecha, Mañueco ha tenido que ir recogiendo los platos rotos de su socio
“Estamos en manos de unos irresponsables. Mañueco va a permitir esta locura. Un despropósito que puede acabar con nuestras exportaciones. Feijoó, por favor detengan esto”, escribía en su perfil de Twitter el exvicepresidente de la Junta y actual procurador de Ciudadanos, Francisco Igea. El mismo que, en un comunicado, felicitaba al vicepresidente y al consejero de Vox por lo que interpretó como una rectificación de “su posicionamiento frente a la erradicación de la tuberculosis bovina”, tras publicar las bases reguladoras de las ayudas al sacrificio de animales para el control de enfermedades.
Porque lo de bordear o contravenir la legislación es una práctica habitual en las propuestas de Vox, donde parece que lo más importante es hacer ruido que gestión pública. El pasado marzo, su grupo parlamentario en el Congreso proponía suprimir las subvenciones a las formaciones políticas, a las fundaciones y a todas las entidades dependientes de ellas para que toda su financiación, incluyendo los gastos de las campañas electorales, proviniera de particulares. De este modo, argumentaban, no sería necesario que su contabilidad fuera revisada por el Tribunal de Cuentas y, sostenían, se ahorraría dinero al Estado. Incluido el destinado a examinar los estados contables de los partidos.
La medida, con la que se pretendía que la Cámara baja instara al Gobierno a presentar sendas reformas de la Ley Electoral y de la Ley de Financiación de los Partidos Políticos, fue rechazada por todos los grupos. No porque sea más osada que otras que puedan poner en riesgo el diálogo social o la seguridad alimentaria, sino porque el papel de la formación de ultraderecha en la política nacional es, hoy por hoy, marginal.
Las encuestas dicen que las cosas podrían cambiar si ahora se celebraran elecciones generales. Las conocidas esta semana confirman la tendencia al alza de Alberto Núñez Feijóo, aunque no tanto como para repetir la gesta de Juan Manuel Moreno en Andalucía; el líder del PP sacaría más votos que Pedro Sánchez, pero necesitaría sumar con Vox para ser investido presidente. Con apoyo desde dentro o desde fuera del Gobierno. Pero conocidos los dos modelos, el de Madrid y el de Castilla y León, el resultado es bastante parecido. Como si todos los días fueran Nochebuena con el ‘cuñado’ sentado a la mesa.







