En una decisión insólita en cualquier otra capital europea con un mínimo de aprecio por la democracia, José Luis Martínez-Almeida ha completado la reposición del callejero franquista, renombrada durante la etapa de gobierno de Manuela Carmena. El proceso ha culminado con la restitución de las placas de la calle de los falangistas Hermanos García Noblejas, de la Institución Libre de Enseñanza hasta ahora, y la del Crucero de Baleares, un buque de la Armada que participó en el bombardeo a la población civil de Málaga durante la Guerra Civil. Esa calle había recibido el nombre de Barco Sinaia, el primer buque que llegó a México con exiliados españoles tras el final de la Guerra Civil.
Lo más sangrante es que la decisión de Almeida da cumplimiento a una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Que ya se sabe que los jueces son muy de meterse en las decisiones de las instituciones elegidas democráticamente, concretamente cuando las toman mayorías progresistas. La sentencia consideraba que el cambio de nombre de algunas calles no estaba suficientemente justificado. Fueron un total de 52 vías y plazas las que el Ayuntamiento renombró en 2017, en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica y con el apoyo de Ahora Madrid, PSOE y Ciudadanos -el PP, como todavía no estaba Vox, se abstuvo-, por homenajear a personas o acontecimientos relacionados con el golpe de Estado de 1936, la Guerra Civil o la dictadura franquista.
No dejan de ser curiosos los argumentos del TSJ. Por ejemplo, sobre el Crucero Baleares, considera que puede haber recibido una calle a su nombre “por sus características técnicas”, no por haber combatido en el bando franquista. Y sobre Millán Astray, que fue otra de las calles renombradas hace unos meses, señala que “del expediente administrativo puede desprenderse, de manera inequívoca, que Millán Astray participara en la sublevación militar, ni tuviera participación alguna en las acciones bélicas durante la Guerra Civil, ni en la represión de la Dictadura”. Algo que clama al cielo -al margen de lo que dijera el expediente- tratándose de una persona que, entre otras responsabilidades, se hizo cargo de la Oficina de Prensa y Propaganda después de que Franco fuera designado jefe del Estado sublevado en septiembre de 1936.







