J.Q.
La segunda vuelta de las elecciones turcas se saldó con la victoria de Recep Tayyip Erdogan, que continuará liderando el país otros cinco años. El que ha sido presidente de Turquía los últimos veinte años obtuvo el 52,51% de los votos emitidos, por un 48% de su rival, el socialdemócrata Kemal Kiliçdaroglu. Los resultados reflejan la clara polarización imperante en la sociedad turca entre el sector de la ciudadanía que apoya el discurso islamista y nacionalista de Erdogan y quines abogan por una línea más progresista.
La promesa electoral de Erdogan de convertir Turquía en una gran potencia islámica internacional ha calado finalmente en el electorado, en el cual ha predominado este ensalzamiento de la patria por encima de la preocupante coyuntura económica que atraviesa el país. Y es que la inflación interanual se sitúa ya en el 40%.
El partido perdedor ha denunciado la situación de “desigualdad” que ha predominado durante toda la campaña en lo que se refiere a la cobertura mediática. Según señala la formación liderada por Kiliçdaroglu, la televisión pública del país ha dedicado 50 horas de emisión a Erdogan, mientras que el líder ha protagonizado únicamente 50 minutos en el canal.
Pese a la derrota, cabe destacar la capacidad que ha tenido el partido de la oposición para aglutinar votos procedentes de los sectores nacionalistas, de los kurdos y de la izquierda del país.







