En las tensiones por la invasión rusa de Ucrania y la posición del Gobierno de coalición al respecto, Yolanda Díaz se ha topado con un aliado inesperado: Alberto Garzón. Inesperado dentro de IU, porque el grueso de la organización se opone a la escalada belicista y a la propia OTAN. Pero inesperado también fuera de IU, porque en el ámbito de Unidas Podemos han visto en este movimiento una fortaleza y una audacia política que Garzón no demostraba desde el ciclo 2011-2016. Tras ser reelegido coordinador general hace un año sin oposición interna y reforzado de puertas para adentro por la polémica de las macrogranjas, Garzón puede permitirse una posición más peliaguda en otras circunstancias.
“La militarización y el envío de armas no es parte de la solución, sino del problema”. Así se expresaba Sira Rego, eurodiputada y portavoz federal de IU, tras conocerse la decisión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de enviar armamento a Ucrania de forma directa, no sólo a través del fondo dispuesto por la UE. Rego es una persona muy próxima a Alberto Garzón, como lo es Ismael González, secretario de Organización, que apuntaba en las redes sociales que la posición de su compañera explica “con claridad la posición de IU en contra de la guerra en Ucrania y a favor de la paz y el diálogo”. Al día siguiente de la invasión, cuando todavía no estaban claras las posiciones de los diferentes actores políticos de la izquierda, IU Madrid se sumaba a una concentración en Sol cuyo lema era “No a la guerra. No a la OTAN”.
El gran objetivo del ministro es blindar la candidatura de Díaz en las próximas elecciones generales y la estabilidad de la coalición hasta entonces
En este escenario, Garzón ha empezado a navegar contracorriente en su propia organización. El ministro de Consumo ha dejado claro que apoya el envío de armas a Ucrania, pero sobre todo ha subrayado que su objetivo principal es el cierre de filas con Yolanda Díaz, blindar su candidatura en las próximas elecciones generales y la estabilidad del gobierno de coalición hasta entonces.
Sin hacer ruido mediático, con la máxima sutileza, Garzón difundía hace unos días, cuando más arreciaba la presión de los líderes de Podemos además, un artículo titulado ‘11 tesis sobre la invasión rusa de Ucrania’, publicado en la revista La U, de la que forma parte de su consejo editorial. El texto, llama a la izquierda a “afrontar esta crisis con responsabilidad, coherencia y altura de miras política, evitando profundizar tiranteces internas que, en cualquiera de los casos, sólo pueden contribuir al debilitamiento del espacio político de Unidas Podemos”. Según el texto, “la que está llamada a ser la candidata de la izquierda”, ante la presión que en ese momento manifestaban los líderes de Podemos, “es probable que se encuentre en estos momentos sufriendo un momento de asfixia por parte de las fuerzas políticas que forman el espacio y cuyas presiones reducen su margen de intervención”.
En apenas unos días, el viento ya sopla en otra dirección en UP. Podemos ha reculado, subrayando su apoyo a Sánchez, y Díaz se ha arremangado para articular una propuesta común, ante los efectos económicos de la guerra, con el resto de ministros morados. La imagen de esta reconciliación, de esta entente, en el seno de UP se ha producido esta semana, en el encuentro que Díaz ha mantenido con 50 economistas, en la Biblioteca Nacional de Madrid. Junto a ella, participaron Garzón y el secretario de Economía de Podemos y secretario de Estado de Derechos Sociales, Nacho Álvarez. Pero antes de que el viento girara, Garzón caminó en dirección contraria, evitando que Díaz quedara aislada.
Sin oposición en IU
Una de las críticas que más había calado en ciertos círculos de UP es que Garzón había perdido la audacia, la valentía política por la que se destacó allá por 2011
El ministro de Consumo se ha puesto enfrente del sentir mayoritario de una organización que nació, precisamente, para oponerse a la permanencia de España en la OTAN, porque ha acumulado el suficiente capital político. En IU no tiene rival. Hace un año fue reelegido coordinador general con sobrada mayoría sobre su competidor, José Antonio García Rubio, que estaba apoyado por el alcalde de Zamora, Francisco Guarido, y el predecesor de Garzón en el cargo, Cayo Lara. Garzón obtuvo el 74% de los votos por el 20% de García Rubio, cuya candidatura contaba con un eje fundamental: revertir la fusión electoral con Podemos. Entre otros, la candidatura de Garzón incluía en los primeros puestos al secretario general del PCE y secretario de Estado de Agenda 2030, Enrique Santiago -responsable del área de modelo de Estado, Justicia e Interior- o a la actual directora de gabinete de Irene Montero en el Ministerio de Igualdad, Amanda Meyer.
Como credenciales para su holgada reelección ha pesado el hecho de que IU ya no está tan asfixiada por las deudas que arrastra desde los años 90 y que llevaron a la desaparición a su organización hermana en Cataluña y heredera del PSUC, Iniciativa per Catalunya. Bajo la gestión de Garzón, IU ha conseguido reducir la deuda que acumulaba de 11 a 5 millones de euros. Y su objetivo es dejarla prácticamente a cero a lo largo de los cuatro años de mandato que acaba de estrenar. Entre otras cosas, con la venta de su sede de la calle Olimpo de Madrid y la mudanza a Vallecas.
Críticas por su perfil bajo
Las mayores críticas que ha recibido Garzón en los últimos tiempos han sido a causa del perfil cada vez más bajo que ha adoptado y que ha diluido su rol -y el de IU- en el Gobierno y en Unidas Podemos. Lo que más ha calado en ciertos círculos de UP es que Garzón ha perdido la audacia, la valentía política por la que se destacó allá por 2011, cuando con motivo del 15-M emergió como la gran referencia de la nueva izquierda crítica. Hay quien echó en falta esa audacia cuando Pablo Iglesias comentó con él la posibilidad de ser el candidato en las elecciones madrileñas del año pasado. Tampoco dio el paso cuando ha estado encima de la mesa la opción de liderar las listas de UP en las próximas elecciones andaluzas. Sin embargo, ante el envío de armas a Ucrania, Garzón sí parece haber recuperado una fortaleza política que hacía tiempo que no mostraba.
Garzón ha podido revertir ese perfil bajo -y ganar el músculo político para afrontar una decisión como la de no alinearse con el sentir de su organización- a partir de la ya famosa polémica de las macrogranjas. La ausencia de apoyo por parte del sector socialista del Gobierno encendió los ánimos y, de puertas para adentro, reforzó a un ministro que estaba totalmente opacado. Una muestra del impulso que recobró Garzón gracias a lo sucedido son los datos de audiencia de la entrevista que concedió en La Sexta cuando arreciaba la polémica, el pasado mes de enero. El programa en el que apareció, ‘El Intermedio’, alcanzó su programa más visto de la temporada. Y lo que en principio fue un ataque a uno de los eslabones más débiles del Gobierno, provocó que, con el paso de los días, la tortilla se diera la vuelta y la posición de Garzón fuera ganando adeptos en los debates televisivos y radiofónicos. Un punto de inflexión que quizá haya sido clave en el papel que el ministro está jugando en la encrucijada en la que se encuentra UP







