Juana M. Vera Meizoso
Con motivo del quincuagésimo aniversario de la muerte de Pablo Picasso, el Museo de Bellas Artes de A Coruña acaba de inaugurar la exposición titulada Picasso. Blanco en el recuerdo azul. Dibujando el futuro, en donde 68 obras del artista, junto a alrededor de 40 obras de otros creadores, nos muestran cómo se fraguó la obra y la conciencia de uno de los pintores más influyentes del siglo XX.
El Museo Picasso de Barcelona, la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte, el Museo Picasso de Antibes, el Museo Reina Sofía o el Museo Picasso de Málaga, son algunas de las instituciones de las que proceden las obras de la exposición sobre el pintor que nació en Málaga y despertó en Galicia, en donde se formó a finales del siglo XIX. Sus primeros dibujos y pinturas comparten espacio en la exposición con obras de su etapa azul, con algunas de sus caricaturas políticas y con lienzos, en donde siempre late la etapa coruñesa del pintor.
“Con doce años dibujaba como Rafael, pero necesité toda una vida para dibujar como un niño”, Pablo Picasso
Pablo Picasso inició su formación académica y asumió su condición de artista en A Coruña, entre los años 1891 y 1895. La exposición Picasso. Blanco en el recuerdo azul. Dibujado el futuro presenta el análisis del carácter iniciático de los cimientos estéticos del artista en el periodo coruñés y como estos trascienden al futuro del pintor que definió el siglo estético más convulso y que falleció en Mougins, en el año 1973. La primera parte de la exposición recoge, en diferentes vitrinas, el eco que en la prensa tuvo la muerte del creador. En Academia y clasicismo, el Fauno y el hombre con cordero, segunda parte de la exposición, se nos muestran dos cabezas de Fauno, dibujadas por el artista. Una en el año 1896, otra el 8 de septiembre del año 1946. En esta primera visión comprendemos algo la trayectoria de Pablo Picasso. Vemos cómo aquel fauno, dibujado en su adolescencia desde el clasicismo y el academicismo, se ha transformado, a través de un proceso de crecimiento interior, en el fauno que él veía: color, líneas, movimiento. Su movimiento. “Con doce años dibujaba como Rafael, pero necesité toda una vida para dibujar como un niño”, escribió el pintor. Frase que el visitante puede leer en la exposición. En donde también se lee: “La puerta de todo artista debería llevar inscrita Escuela de dibujo, y no Escuela de pintura”, reflexión de pintor.
En estos años primeros de formación coruñesa, regulada según la Academia de San Fernando, Pablo Picasso copiaba láminas de Bargue o Julien. También dibujaba esculturas clásicas. Entre los estudios que realizó, se halla en la exposición el titulado Estudio académico para estatua de Teseo (1893-94), obra que hizo en la Escuela Provincial de Bellas Artes de A Coruña, al inicio del curso del año 1893-94. En este estudio representa la figura reclinada del frontón oriental del Parternón, obra de Fidias, que hoy se halla en el Museo Británico. El artista replica años después este modelo en dibujos y también en esculturas de cartón.

Sobre la enseñanza de un artista Pablo Picasso escribíó: “En las Escuelas de Bellas Artes lo único que se aprende es el oficio de pintar y no la pintura. Igual que se aprende a fabricar zapatos. Y aun así los zapatos fabricados por algunos alumnos ¡no se podrán llevar nunca!”, texto que se lee en uno de los muros de la exposición. En esta parte de la muesra también se puede contemplar la escultura clásica Hombre con cordero que el artista realizó en Cannes, en 1961, en chapa de metal cortada, doblada y pintada. Junto a ella hallamos Hombre de pie con cordero (aguada, tinta china sobre papel), obra que realizó en París, en 1943.
Hemos realizado un pequeño paseo por la exposición. Sentimos ahora más cerca el universo de Pablo Picasso: cómo creció, cómo contemplaba el mundo y comprendemos algo el poema escrito por el artista, que habíamos leído al comienzo de nuestro paseo: “Escucha en tu infancia la hora/que blanco en el recuerdo azul/borde blanco en sus ojos azulísimos/ y trozo de índigo de cielo de plata/ las miriadas blancas atraviesan cobalto/ el papel blanco que la tinta azul arrastra/ azulado su ultramar desciende y el blanco/ goza del reposo del azul agitado en el verde/oscuro muro verde que escribe su placer/lluvia verde claro que nada verde amarillo/ en el olvido claro al borde de su pie verde/ la arena tierra canción arena de la tierra/ por la tarde arena tierra/.
“Debemos volver a pintar paisaje con nuestros ojos, para ver una cosa hace falta verlas todas”, Pablo Picasso
Si continuamos el paseo donde lo habíamos dejado descubriremos El rostro de la Paz, vídeo que guarda siete obras maestras, realizadas en 1950, en donde el rostro es pájaro y olivo. Esperanza, bondad. Realismos, paisaje y etnografía, es el título de la tercera parte de la exposición, en donde hallamos obra del artista realizada en 1894 y 1895: El monte Santa Margarita (1895), óleo sobre tabla; Playa del Orzán 1895), óleo sobre lienzo adherido a madera; Lavanderas 1895); Pareja de ancianos (óleo sobre tabla 1895), o Picadores y toreros (lápiz grafito sobre papel 1895), junto a obra que creo en el siglo XX: La gran corrida, (1946) o Marina (1967). Sobre la importancia de la etnografía, el costumbrismo y el paisaje, géneros que aprendió en su primera adolescencia de Gumersindo Pardo e Isidoro Brocos, y también del entonces joven Ovidio Murguía, el pintor escribió: “Debemos volver a pintar paisaje con nuestros ojos, para ver una cosa hace falta verlas todas. Tienes que pintar el paisaje con los ojos y no con los prejuicios de tu cabeza, quizás con los ojos cerrados, pero con los ojos”. Texto que también se lee en uno de los muros de la exposición.

Poética de autoafirmación: Retrato y autoretrato, es el título de la cuarta parte de la exposición, en donde comprendemos algo también el carácter autobiográfico de la obra de Pablo Picasso, quien comienza a realizar retratos y autoretratos en A Coruña, en dode retrató a su padre, a su hermana y a su perro Clíper. Aquí nos adentramos en el Cubismo, sin dejar atrás la etapa coruñesa del pintor. Por ello contemplamos Autoretrato dibujando (lápiz grafito sobre papel, 1894)¸ Lola con una muñeca (Lápiz grafito, lápiz azul y tinta, 1895); Retrato de Lola (óleo sobre lienzo, 1894) o El padre del artista (tinta o pluma y aguada sobre papel verjurado, 1895-96), junto a Mujer sentada con sombrero (21/05/1939), Maya con una muñeca (1938), Autoretrato (París, 1915), Dibujo e inscrito (1961) o Minotauro ciego guiado por una niña con paloma II (Serie Suite Vollard. París, 1934). “Mis primeros dibujos jamás habrían podido figurar en una exposición de dibujos infantiles… La torpeza de los niños, su ingenuidad, estaban casi ausentes… Sobrepasé muy rápidamente la fase de esta maravillosa visión”, escribió el artista, texto que también aparece en uno de los muros de la exhibición del Museo de Bellas Artes de A Coruña.
La quinta parte de la exposición: Caricatura y nacimiento de la conciencia crítica, nos introduce en la visión y sentimiento políticos de Pablo Picasso. El hombre de la gorra (óleo sobre lienzo, 1895), Los saltimbanquis (Gouache, acuarela y tinta negra sobre papel. París, 1904), Caricatura de anarquistas (1892-93), Congreso de anarquistas (ilustración para la Gaceta de Bellas Artes, N 221. 1923); Dos políticos de vuelo (inspirado en la Guerra del Rif (1893-1894), uno de sus primeros dibujos sobre la guerra, La batalla (tinta china sobre papel, 1894) o Sueño y mentira de Franco (Plancha I. París, 1937), son algunas de las obras que podemos contemplar en esta parte de la muestra. Junto a ellas leemos esta reflexión del artista: “Hay que arrancar de su sopor al espectador, hay que sacudirlo, cogerlo por el cuello, que adquiera conciencia del mundo en que vive y para eso, primero, hay que sacarlo de ahí”. Algo que él intentó durante toda su vida consciente como artista y como persona.
“Hay que arrancar de su sopor al espectador, hay que sacudirlo, cogerlo por el cuello, que adquiera conciencia del mundo en que vive y para eso, primero hay que sacarlo de ahí”, Pablo Picasso







