
Sin Maldad / José García Abad
Me alegra poder felicitar a José Luis Rodríguez Zapatero por sus declaraciones a Natalia Junquera para ‘El País’ en favor de Sánchez e, indirectamente, en contra de las omisiones de Felipe González y, directamente, de Alfonso Guerra, que encabeza la quinta columna contra el secretario general de su partido y presidente del gobierno de España. No olvido que Zapatero, que sigue a Julio César cuando prometió acudir presuroso en socorro del vencedor, apoyó a Susana Díaz frente a Sánchez.

Me alegra poder felicitar a José Luis Rodríguez Zapatero por sus declaraciones a favor de Sánchez. Sin embargo, lamento discrepar con él, con Zapatero, en sus comentarios sobre el rey Juan Carlos: “El Gobierno, sostiene, no fiscaliza a la institución monárquica. Hay un principio de respeto”
Tras lo que estamos viendo del comportamiento de Don Juan Carlos hay que recordar las obligaciones que tienen los jefes del Ejecutivo, dentro del orden constitucional y del sentido común de vigilar, con la debida discreción, el comportamiento del jefe del Estado
Sin embargo, lamento discrepar con él, con Zapatero, en sus comentarios en la citada entrevista sobre el rey Juan Carlos: “El Gobierno, sostiene, no fiscaliza a la institución monárquica. Hay un principio de respeto” (…) “Tenemos un problema de cómo interiorizamos como cuerpo social el papel desempeñado por el rey Juan Carlos. Es un debate que seguramente quedará abierto mucho tiempo, pero no debe afectar al buen funcionamiento de la jefatura del Estado, encarnada en Felipe VI, que ha tenido un comportamiento impecable”. Preguntado por si su padre debe seguir residiendo fuera de España, responde que ha tenido “dudas” al respecto, pero que no le parece una cuestión “trascendental”.
Discrepo, porque la fiscalización no está reñida con el respeto. Y porque sostengo que los que han sido presidentes del Gobierno pecaron de su obligación de vigilar al jefe del Estado.
Soy más de la opinión de Ramón Jáuregui, exministro de la Presidencia con José Luis Rodríguez Zapatero, quien señalaba: “Su final es muy lamentable. Nos ha decepcionado a todos. Pero pienso que todos tenemos responsabilidades. El país ha sido muy tolerante o demasiado temeroso de la censura al Rey. En primer lugar, los gobiernos, del PSOE y del PP, tendrían que haber sabido más y en su caso haber corregido, si hubieran podido, cosas que se están descubriendo ahora”.
Asegura Jáuregui que “es un asunto que nos va a manchar como país y que nos ha introducido en un debate social muy inconveniente” y añade que la Monarquía “necesita una regulación más moderna: cambiar el aspecto de género de la sucesión, que la inviolabilidad no afecte a asuntos personales y fortalecer su estructura con expertos, asesores…”
Tras lo que estamos viendo del comportamiento del Rey hay que recordar las obligaciones que tiene el jefe del Ejecutivo, dentro del orden constitucional y del sentido común de vigilar, con la debida discreción, el comportamiento del jefe del Estado.
Las deficiencias de Felipe González en el control de Juan Carlos, que aquél se empeña en negar, facilitó el descaro de éste y el deterioro de la institución. En una entrevista de Jordi Évole a Felipe González realizada en marzo de 2022 le preguntó a su invitado cuándo fue la última vez que habló con el rey emérito. «Fue hace unos cuantos meses – aseguró–, una conversación de cómo estás y cómo le van las cosas».
Évole contratacó sacando a la luz una anotación en uno de los diarios de Felipe González en el que, el por aquel entonces presidente, apuntaba que el Rey no estaba en el país. En dicho cuaderno, concretamente en la página correspondiente al 22 de junio de ese mismo año, Felipe recogía la ausencia del Rey en un momento clave: «El Rey no está». Una fecha importante, ya que había que firmar que el por aquel entonces ministro de Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez, dejaba su cargo por defunción. Dado que el Rey no daba señales, ni se sabía muy bien dónde se encontraba, un grupo de periodistas se acercó al presidente para interesarse por el incidente. Sin pensárselo dos veces, Felipe González se limitó a corroborar que el Rey no estaba en el país.
Una confesión que derivó en titulares destacados en la prensa. Évole insistió preguntándole si pretendía llamar la atención al Rey por no estar en su país cuando le necesitaban. Felipe insistió en que no hubo tal intencionalidad, despachando la molesta cuestión con una frase cortante: «Eso no responde a nada relevante». Évole comentó que el histórico político del PSOE nunca da puntada sin hilo, pero González contestó: «No es verdad, ojalá lo fuera».
Felipe González declaró en otra ocasión que sabía prácticamente siempre dónde se encontraba el Rey: «¿Que se fuera sin que yo supiera que se iba? Eso no ocurrió nunca». Felipe admitió que por aquel entonces tenía bastante responsabilidad en el control de los movimientos del rey emérito. Principalmente sobre los relevantes, aunque reconoció que no tenía control absoluto porque eso sería imposible. Y comentó: «Me inquietaba que saliera de Zarzuela, se montara en una moto, se pusiera un casco y se marchara». Pero aseguró que se enteraba enseguida y «le llamaba la atención fundamentalmente por razones de seguridad».
Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general.






