
Belén Hoyo
Las próximas elecciones que se celebrarán el 23 de julio –en pleno puente de Santiago por obra y gracia de Sánchez–, marcarán un punto de inflexión en la política española. Con un horizonte cargado de esperanza, se vislumbra un cambio profundo que promete traer progreso económico y social, así como una nueva etapa de políticas sensatas, de exclusión de la mentira y del fin de la política infantilista. Estos comicios representan una oportunidad crucial para que los ciudadanos españoles expresemos nuestra voluntad y decidamos el rumbo que tomará nuestra nación en los próximos años.

El sanchismo ha supuesto el período de mayor deterioro institucional en los más de cuatro décadas de vida democrática de nuestro país. A lo largo de estos cinco años hemos asistido a un proceso de ocupación y degradación de todas las instituciones del Estado
España ha atravesado tiempos difíciles en términos políticos y económicos, y ha llegado el momento de que se abra paso una nueva era en la que la mentira, la manipulación y el radicalismo ideológico queden fuera. Los ciudadanos están sedientos de transformaciones que aborden los desafíos actuales y fomenten un futuro más prometedor. Aunque se trate de una convocatoria electoral hecha a las malas, por sorpresa, a traición y en la peor época posible, los españoles debemos ser valientes y utilizar las herramientas que nuestra joven, pero consolidada democracia nos ofrece para expresarnos con fuerza y dar un giro tan necesario como anhelado hacia un modelo más justo y equitativo para todos.
Si Sánchez es capaz de retorcer y aprovechar cualquier rincón de poder, los españoles debemos ser capaces de buscar la utilidad de estas elecciones y de apostar por el líder que ofrezca mayor utilidad para derogar políticamente el sanchismo y ese no es otro que Alberto Núñez Feijóo.
El sanchismo ha supuesto el período de mayor deterioro institucional en los más de cuatro décadas de vida democrática de nuestro país. A lo largo de estos cinco años hemos asistido a un proceso de ocupación y degradación de todas las instituciones del Estado. Se han provocado crisis sin precedentes entre organismos, los derechos de los diputados y del Parlamento han sido socavados de una forma que no ha sucedido en ninguna democracia europea, el órgano de Gobierno de los jueces ha sido amordazado para que no pudiera efectuar nombramientos, Sánchez ha presumido del sometimiento de la Fiscalía a su control designando, incluso, a miembros de su partido del mismo modo que ha llevado al Tribunal Constitucional y al Consejo de Estado a un grado de politización sin precedentes. Desde el Gobierno se ha atacado, amenazado e insultado a todo aquel que actuase con independencia en el cumplimiento de la Ley.
Sánchez ha olvidado que el éxito de la democracia española se asentó sobre la capacidad de diálogo, pacto y consenso entre el centro derecha moderado y la socialdemocracia, ha renunciado a estos consensos y ha llegado incluso a cuestionar el pasado de su partido en la Ley de Memoria Democrática. La mejor fórmula para garantizar que España recupere la moderación y la estabilidad en la vida pública evitando que las mayorías sean rehenes de los extremos es hacer posible que gobierne el Partido Popular y que se abra una nueva etapa de regeneración democrática, de reformas y de logros económicos y sociales.
A partir del próximo otoño se nombrará un Gobierno que fomentará el crecimiento económico sostenible y no el decrecimiento, fomentará la innovación, la inversión y el emprendimiento y no la involución y el estancamiento. Un Gobierno que fortalecerá y hará sostenibles los sistemas de protección social y que promoverá la igualdad de oportunidades, para que todos los ciudadanos puedan acceder a una educación de calidad, servicios de salud eficientes y una vivienda digna.
No es casual que los ciudadanos estén perdiendo la confianza en las instituciones. La estrategia sanchista ha buscado el enfrentamiento entre españoles y territorios y está tensando la convivencia y poniendo a prueba la resistencia del estado autonómico.
Por ello, es urgente cimentar las bases de un nuevo pacto de convivencia, que repare el daño infligido a las instituciones, desde el respeto, la estabilidad, la serenidad, la certidumbre y la moderación. Es urgente que todos votemos el 23 de julio. Vamos a escribir el epílogo del sanchismo. Las vacaciones ya vendrán.
Diputada del Partido Popular por Valencia desde la X legislatura y actual coordinadora de Comisiones del Grupo Popular en el Congreso. Es Licenciada en Derecho, Ciencias Políticas y de la Administración y Estudios en Humanidades. Actualmente es Portavoz de la Comisión de Asuntos Exteriores, Vocal de la Comisión de Interior, Vocal de la Comisión de Educación y Deporte, Adscrita de la Comisión de Energía, Turismo y Agenda Digital, Adscrita de la Comisión Mixta Control Parlamentario de la Corporación RTVE y sus Sociedades. También es miembro Suplente de la Delegación española en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, Vicesecretaria de Organización Nacional de Nuevas Generaciones del Partido Popular y Coordinadora General del Partido Popular de la Provincia de Valencia.






