
El Acento/ Inmaculada Sánchez.
Hace un par de semanas titulé esta columna ‘Por qué es necesario el Ministerio de Igualdad’. Tras escuchar a Alberto Núñez Feijóo esta semana en su entrevista-estrella en ‘El Hormiguero’ no puedo más que reiterar mi convencimiento de esa necesidad, visto el posible gobierno que se nos vendría encima tras el 23-J si su presidente llega a ser el líder del PP.
Señalaba yo en el citado artículo que el hecho de que un gobierno contase con un Ministerio de Igualdad supone, al margen de las leyes o normas que promueva, que la agenda feminista tiene quien la defienda cada semana en el Consejo de Ministros frente al resto de departamentos y ello tiene un alcance político que supera el organigrama administrativo, además de otorgar al objetivo igualitario una visibilidad pública y social de la que carecería si su responsable es un mero director general.

Según Feijóo, cuando una menor quiere tener un hijo y los padres no la dejan, debe predominar el criterio de la menor, pero cuando quiere abortar y los padres no lo permiten, debe ser un juez de familia quien decida sobre el futuro de la mujer.
Preguntado sobre qué haría con el Ministerio de Igualdad, Núñez Feijóo incurrió en contradicción con dos de sus respuestas. En un primer momento señaló que esas políticas podrían sumarse a un futuro Ministerio de Sanidad y Politicas Sociales (le faltó decir «y de familias», tal como el nuevo lenguaje de Vox está rebautizando a todo lo que gira en torno al feminismo y la igualdad, incluida la violencia machista), rebajando su categoría a la de un simple departamento dentro de ese macroministerio.
Posteriormente, sin embargo, intentando transmitir que concede relevancia a las políticas de Igualdad afirmó que las situaría, orgánicamente, bajo dependencia de la Presidencia del Gobierno. «Dependería de mí, directamente». ¿Acaso por residenciarlas en Moncloa dejarían de ser una dirección general? ¿Con cuál anuncio nos quedamos?
En ambos casos desaparecería el ministerio, pese a que el líder del PP está tan comprometido con la igualdad que quiso anunciar que, llegado a ser presidente, nombraría una vicepresidenta, que será «muy buena», remarcó.
Pero la afirmación de Feijóo que más me preocupó en relación a las mujeres fue lo que piensa respecto al derecho de las jóvenes de 16 a 18 años para interrumpir voluntariamente su embarazo sin tener que contar con el permiso paterno según la reforma de la ley del aborto aprobada por el gobierno de Pedro Sánchez.
Su argumento fue diáfano: Que «cuando una menor quiere tener un hijo y los padres no la dejan, predomine el criterio de la menor», pero que en caso contrario, si la menor quiere abortar y los padres no lo permiten, sea un juez de familia quien decida sobre el futuro de la mujer. Eso sí que es igualdad.
Periodista y directora de ‘El Siglo’ desde 2011, revista que contribuye a fundar, en 1991, formando parte de su primer equipo como jefa de la sección de Nacional. Anteriormente trabajó en las revistas ‘Cambio 16’ y ‘El Nuevo Lunes’ y en la Cadena Ser. Actualmente también participa asiduamente en diferentes tertulias políticas de TVE y de Telemadrid






